Opinión Nacional

Obligados a cambiar

Cuando analizamos el avance abrumador que en materia de desarrollo tecnológico han alcanzado y consolidado algunos países, mientras Venezuela se estanca o se atrasa, la conclusión es simple: estamos obligados a cambiar.

La suicida política de la montaña rusa en que nos embarcamos el día en que la locura proverbial de los venezolanos, su afición endémica por el bochinche, elevó a la Primera Magistratura del país a un hombre que había demostrado que carecía absolutamente de las dotes intelectuales, políticas y económicas necesarias para llevar a nuestro país a un destino mejor. La famosa Ley de Murphy que reza que “lo que puede salir mal, saldrá mal no tarda en hacerse realidad. Hoy Venezuela se encuentra metida en una trampa de difícil salida. Un gobierno incompetente, incapaz, inepto e hipercorrupto nos ha puesto al borde de un colapso inimaginado.

El diferencial entre el precio del petróleo usado para calcular el presupuesto anual del país y el valor real del barril petrolero ronda los 90 dólares, lo que implica que el monto de los ingresos previstos se ha casi cuadruplicado. Algo nunca visto en Venezuela. Con ese dinero deberíamos tener el mejor país del mundo. Sin ningún tipo de carencias o necesidades. Sin embargo el desorden administrativo y la corrupción en todos los niveles del gobierno es de tal magnitud que si el precio del petróleo bajara a la ya astronómica cifra de 100 dólares por barril, la crisis en que nos veamos inmersos sería de pronóstico reservado.

La amenaza del hambre la tenemos a la vuelta de la esquina. El catálogo de burradas cometidas por el gobierno contra el aparato productivo del país: industriales, agricultores, ganaderos y sector pesquero, está teniendo las consecuencias que fueron advertidas, no sólo por los expertos, sino por gente con simple sentido común.

Mientras esto ocurre, China, India, México, Brasil y Sudáfrica son invitadas a participar en la reunión del G-8, es decir los países con mayor poder económico. Nadie menciona a Venezuela en esas reuniones. Sólo nos hemos convertido en un estorbo en las relaciones internacionales. Paul Kennedy en su libro Hacia el siglo XXI dice: La explosión tecnológica está teniendo lugar de forma abrumadora en las sociedades económicamente avanzadas, muchas de las cuales poseen poblaciones de crecimiento lento o incluso decreciente. Por otro lado la explosión demográfica se está produciendo en países con recursos tecnológicos limitados, muy pocos científicos y obreros cualificados, una inadecuada inversión en investigación y desarrollo y pocas, o ninguna corporaciones con éxito; en muchos casos, las élites gobernantes no están interesadas en la tecnología, y los prejuicios culturales e ideológicos contra el cambio son mucho más fuertes que en la Inglaterra de la revolución industrial.

La tozudez del gobierno de Chávez., en implantar un socialismo derrotado en todas partes, y al que nadie en Venezuela, ni siquiera los más recalcitrantes chavistas, desea, nos ponen en una situación de pérdida de tiempo y de oportunidades, sin mencionar las colosales cantidades de dinero lanzadas al estercolero. Paul Kennedy, en otro aparte del su ya mencionado libro agrega que el progreso beneficia a aquellos grupos o países capaces de sacar partido de la ciencia y los métodos más nuevos, al tiempo que perjudica a otros, menos preparados tecnológica, cultural y políticamente para responder al cambio. Las características que explican el éxito de muchos países se simplifican de este modo: la existencia de una economía de mercado, al menos en una medida en que los mercaderes y empresarios no se vean discriminados, desanimados o esquilmados; la ausencia de una rígida ortodoxia doctrinal; la libertad de preguntar, discutir, experimentar; una fe en las posibilidades de mejora; un interés por lo práctico en detrimento de lo abstracto; un racionalismo que desafíe los códigos propios de mandarines, el dogma religioso y el folclore tradicional. Es tan improbable que una sociedad dominada por mullahs fundamentalistas o por terratenientes conservadores acepte el cambio en el siglo XX como lo fue en el siglo XVI.

Definitivamente si queremos que Venezuela se desarrolle y salga adelante estamos obligados a cambiar.

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