Opinión Nacional

¿Obras públicas de la revolución?

Chávez padece del «complejo de Adán». Si algo demostró la reciente cadena-show de Minfra para «presentar proyectos de infraestructura» (aparte del despliegue técnico-mediático que, según estimaciones del experto en producción televisiva John Frasser, pudo costar 500 millones de bolívares), es que el actual mandatario pretende hacer creer que las obras públicas del Estado venezolano son una creación de su ingenio adánico. Los hechos, sin embargo, reflejan una realidad muy distinta.

Casi todas las principales obras que el presidente Chávez y su quinto ministro de Infraestructura, Diosdado Cabello, «presentaron» como ejemplos de la «revolución bonita», fueron proyectadas, iniciadas y avanzadas antes que llegaran a Miraflores.

Es más, buena parte de ellas, como el ferrocarril Caracas-Tuy Medio, la represa de Caruachi y la Línea 4 del Metro caraqueño, se vieron severamente afectadas en sus cronogramas de ejecución, porque el gobierno de Chávez en 1999 reprogramó parte del financiamiento previsto en la Ley Paraguas hacia otros destinos, en especial para gasto militar.

Así, por ejemplo, ya en 1998 -a finales del segundo quinquenio del presidente Caldera– el sistema ferroviario Caracas-Cúa había avanzado simultáneamente en sus seis tramos, incluyendo los dos grandes túneles que, de seguro, son unas de las obras de ingeniería más importantes que se hayan hecho en Venezuela en ese tiempo.

Asi mismo, había comenzado la construcción del tramo de enlace entre la Línea 3 del Metro y el ferrocarril, cuyo multiterminal de La Rinconada debía inaugurarse en el 2002. El proyecto para la etapa Tuy Medio-Puerto Cabello estaba en fase de culminación, lo que ha posibilitado su desarrollo durante la presente gestión gubernativa.

Luego de ser inaugurada la Central Hidroeléctrica Macagua II-23 de Enero, a comienzos de 1997, se impulsaron las obras para la represa de Caruachi, cuarta del sistema del Caroní. Su ejecución debería estar más avanzada, si no completada, precisamente por las obstrucciones financieras derivadas de las modificaciones a las leyes de crédito público en 1999.

Otro tanto puede decirse de la Línea 4 del Metro de Caracas, cuyo retardo también es atribuible a la decisión política del régimen de Chávez de sustituir a los contratistas originarios. La construcción del segundo puente sobre el río Orinoco, aunque proyectado con anterioridad, fue iniciada y ha sido promovida por el actual gobierno.

En la referida cadena de Minfra se anunciaron multiples planes de vivienda, como la II etapa del desarrollo habitacional de El Guinche en Miranda y un complejo de 500 apartamentos en Caricuao. Eso, desde luego, es positivo.

Pero debe señalarse que a pesar del aumento de los ingresos petroleros del Estado en el período 1999-2003, no se ha logrado terminar ni el 50% de las 350 mil viviendas de interés social que se construyeron en el quinquenio anterior. De acuerdo a los cálculos del sector construcción, este año la cifra de consumo de cemento en términos relativos (en proporción al número de habitantes) será la más baja desde 1960.

Así como es falsa la conseja que «Chávez no ha construido ni un solo kilómetro de carretera» (después de todo, más de 120 mil millones de dólares en ingresos fiscales tienen que tener un reflejo tangible), así también es igualmente falsa la propaganda oficial que presenta a diversas obras públicas del Estado venezolano como producto del «proceso revolucionario».

Más bien es lo contrario. A pesar de la negligencia financiera y de la rotación ministerial y administrativa, muchas de esas iniciativas han podido, de nuevo, ser viables por los compromisos de crédito internacional a la que están sujetas, y por el interés político de autoridades regionales y locales, como es el caso del Metro de Maracaibo, el de Valencia y la línea hacia Los Teques.

Por lo demás, el «complejo de Adán» de Chávez no sólo resalta en materia de infraestructura vial o hidroeléctrica, pues también suele alegar que los desarrollos industriales de la Faja del Orinoco, consecuencia de las asociaciones estratégicas de la Apertura Petrolera (tan combatida por su régimen), son resultado de su laborioso empeño.

Hace dos años, en julio del 2001, Chávez realizó una maratónica cadena (perdón por la redundancia) para «presentar» ante la opinión pública casi el mismo elenco de obras y con el mismo propósito de colocarles una «boina-colorá». Después se entusiasmó con otros menesteres. En cualquier caso, esperemos que esas obras públicas que representan la continuidad del Estado, más allá de un gobierno específico, puedan llevarse adelante. La reconstrucción nacional que Venezuela habrá de emprender, las necesita.

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