Opinión Nacional

¿Para qué los militares?

Esta es una de las preguntas pertinentes para definir el futuro del país.

Venezuela está sobrellevando las secuelas del debilitamiento del liderazgo nacional. Proceso que condujo a la erosión del gobierno CAP en respuesta a su esquema de modernización económica y que concluyó en su salida de la presidencia. Como consecuencia y reflejos de esa crisis, el país ha ido procurando soluciones dramáticas y extremas: primero las urnas llevaron a Miraflores a un anciano lúcido y demócrata, pero fuera del contexto del momento histórico que le correspondía atender; luego, las urnas democráticas en gesto suicida, convertirían en presidente a un franco enemigo de la propia democracia.

El resquebrajamiento del liderazgo nacional ha conducido a una modificación del papel del estamento militar, al extremo que hoy el país se debate entre por lo menos dos tendencias de ese origen y pensamiento. Se puede expresar que el vacío de un proyecto y una dirigencia nacional, ha dado paso a un conflicto en el interior de los cuarteles. Vivimos, en consecuencia, una crisis militar de la cual el resto del país es sólo testigo mudo, o en el peor de los casos, parte de alguna de las comparsas que dan color local a la lucha cuartelaria.

El actual uso propagandístico que da el presidente a las fuerzas armadas, es un asunto poco relevante a futuro. El número y estilo del uniforme que el presidente decida usar, es un tema meramente anecdótico. Igualmente creo que la actual crisis de conducción nacional, derivará en una nueva ecuación del poder en Venezuela, en la cual las fuerzas armadas retomarán su rol natural, en equilibrio con los restantes cuerpos de la sociedad venezolana.

Desde esa perspectiva y como parte de un ejercicio que debe comenzar a hacerse en referencia todo el cuerpo social, es necesario repensar el papel de las fuerzas armadas venezolanas dentro de una renovada sociedad democrática y pluralista.

En primer lugar, no se trata de un “volver a los cuarteles”. Porque los militares venezolanos no han estado nunca recluidos y aislados del mundo gubernamental. Es falso que los militares no participaran en la formulación y aplicación de políticas, y es completamente errado pretender sincerar el rol militar llevándolos al enclaustramiento. La presencia activa del punto de vista militar seguirá siendo necesaria en áreas como el desarrollo fronterizo, las políticas de marina, transporte, organización territorial, sistema vial, protección ambiental, planeamiento espacial entre otros: participación militar institucionalizada en instancias como el Consejo Nacional de Seguridad y Defensa.

Un segundo aspecto que debe tenerse en cuenta, es el referido al papel de garante de la integridad nacional. Esto significa que deberá evaluarse las hipótesis de conflicto que manejan las fuerza armadas, y volver a estructurar el aparato armado venezolano en función de esas hipótesis. Esto a su vez, conllevará a reconsiderar las asignaciones el emplazamiento de los recursos, llámense personal, armamento o inteligencia. Esto en pocas palabras, significa la reevaluación de la hipótesis de guerra, las no deseadas pero eventuales conflagraciones con Colombia o Guyana: estas hipótesis habían señalado hasta hace poco, el orden de prioridades para la asignación de recursos. Por cuanto éstas opciones bélicas no han desaparecido, deberá considerarse que la rediscusión del papel militar pasará por reordenar la movilización y emplazamiento del aparato militar en función, otra vez, de su rol de avanzada en la defensa de los intereses territoriales venezolanos, incluyendo la fachada marina.

Dentro de esta perspectiva, el país tendrá que evaluar y ajustar su aparato militar al nacimiento de una nueva frontera: la frontera interna que representa nuestra franja amazónica. Ante las voracidades de distinto signo que se han desplegado a escala mundial para intervenir la Amazonía (cada ONG tiene su propio proyecto y sus obvios financistas), es fundamental que la presencia y el presupuesto militar compensen la ausencia de comunidades venezolanas estructuradas, en las regiones localizadas al sur del Orinoco. La ingeniería militar tiene un gran reto en esta materia.

Un tercer aspecto que el país deberá evaluar, es el papel de las fuerzas armadas venezolanas en los esquemas diplomáticos nacionales. La creciente práctica de mecanismos multilaterales en áreas de conflicto, en algunos casos de potencial interés estratégico venezolano, nos obligará a mantener personal militar preparado para participar en operaciones de implantación o mantenimiento de paz. Por otra parte, surge la necesidad de revalorizar las agregadurías militares en el exterior, las cuales no deberán ser el destino final de un oficial pronto al retiro, sino una posición altamente valorizada en la formación de los futuros oficiales generales del país.

Edgar C. Otálvora. Economista. Diplomático. www.geocities.com/otalvora

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