Opinión Nacional

¿Participación o representación?

De todos los mecanismos de participación ciudadana contemplados en nuestra actual Constitución, ninguno sigue siendo tan directo y universal como lo es el voto. Pero en la mayoría de los casos éste se reserva para la elección o revocación de “representantes”, de manera que la participación no va más allá de otorgar o quitar cierto poder a un candidato que “suponemos” representará nuestros intereses. El resto, lo hacen ellos.

Sin embargo, hay una modalidad del voto que sí nos permite opinar de manera universal y directa, en temas de trascendencia nacional o regional, es decir, manifestar nuestra voluntad con respecto a propuestas concretas, independientemente de quién las promueva. Hablo por supuesto del referéndum consultivo, el cual puede ser convocado por iniciativa directa del Ejecutivo.

Este punto es importante porque de alguna manera revela la intención del gobierno de consultar de forma directa y universal, temas en los que considere de vital importancia la opinión del pueblo, independientemente de su carácter vinculante. En pocas palabras, la existencia de este mecanismo pone de manifiesto si el gobierno sólo llama a consulta cuando no le queda más remedio, como en el caso de la Constitución del 99, o si por el contrario, también lo hace en momentos en que el pueblo “pide” que se le consulte a “todos” (aún de manera cualitativa) su opinión.

Pero el gobierno se empeña en negarnos (a todos los venezolanos) todo tipo de consulta electoral, aún cuando la hayamos solicitado dos millones y pico de personas (más de lo que pide la Constitución) y cuando el tema a consultar es de gran trascendencia en este momento, diciendo a título propio que dichas firmas son falsas (cuando eso debe determinarlo el CNE), o poniendo cualquier pretexto que impida su realización.

Paradójicamente, la Coordinadora Democrática, con todos los fallos que aún posee, todas sus disputas internas y los intereses particulares de muchos de sus integrantes, conformada en gran parte por partidos tradicionales que siempre operaron bajo un sistema representativo decidió, ante las trabas del gobierno para llevar a cabo un referéndum, poner en marcha el otro mecanismo que más se aproxima a la consulta: recoger firmas. Más de 4 millones de personas expresaron su opinión a través de un proceso completamente abierto a todo el pueblo, sin discriminaciones de ningún tipo, sin compromisos políticos con nadie. A través de él, se invita a respaldar con números las posibles “propuestas” ante la mesa de negociación y acuerdos. No dudo que lo haga por necesidad ante su limitación desde afuera del poder (lo cual nos da una idea de la ventaja de limitar los poderes), pero una de las cosas que hace importante este hecho es entre otras, que de llevarse a cabo alguna de estas medidas, afectaría por supuesto al pueblo en su totalidad.

Mientras tanto, el gobierno sólo dice pensar en proponer medidas a título propio, que quizá consulte con algunos de los suyos, pero que está muy lejos de solicitar un respaldo o rechazo cuantitativo abierto a toda la población y sin discriminación alguna. Pues una vez en el poder, ha asumido un papel más “representativo” que nunca, actuando sólo para sus partidarios y dejando claro que ya no le interesa en lo absoluto nuestra opinión. Todas las medidas las decide él, y no se le ha ocurrido consultarnos de manera directa y universal si estamos de acuerdo en despedir a 12.000 personas de una empresa nacional de la cual somos accionistas, ni si consideramos que los medios de comunicación que vemos en nuestras pantallas deban ser regulados, ni si nos parece la manera en que se pretende controlar el dinero y los precios, ni mucho menos si nos sentimos contentos en general con las políticas que se han aplicado hasta el momento. De hecho, él sólo considera nuestra existencia a través de la “representatividad” en una mesa que negocia nuestro futuro y porque no le quedó más remedio.

Él decide y asume actuar en nombre de un pueblo al que dice “representar”, así de claro lo dice. Entonces, con él en el poder, adiós a la participación. Claro, quizá la participación que a él le interesa consista sólo en asistir a sus mítines y aplaudir, poner en marcha sus planes, proteger su palacio, perseguir, sabotear o desacreditar cualquier acto de sus opositores, o salir a la calle a morir por él cuando alguien pretenda arrebatarle el poder (como en abril).

Lo increíble, es que siendo el gobierno el principal promotor de transformar el Estado para crear un nuevo ordenamiento jurídico participativo, en el fondo, desde el referéndum del 99 (que lo necesitaba) no haya vuelto a poner en práctica nada similar. Sólo ha permitido el uso de los antiguos medios de participación grupales y semi-representativos, que no dejan claro las opiniones de la mayoría, y peor aún, los ha restringido sólo a quienes siguen sus consignas.

Pero más increíble aún, es que sea la oposición la que haya intentado primero poner en marcha una consulta popular, o un mecanismo como éste de recoger firmas, contemplados ambos en la Constitución pero ignorados por el gobierno. Mecanismos estos, abiertos a todo el público sin discriminación alguna y que implican una verdadera participación a título individual, donde evidentemente, cada uno se representa a sí mismo ¿no les parece irónico?.

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