Opinión Nacional

Pero les dieron mucho frío…

Regreso de viaje desde Canadá. Montreal y Ottawa, en pleno inicio de primavera, bajo un calido sol y unos veinte grados. Orden, limpieza, rostros tranquilos, gente amigable que no teme contestar una pregunta cuando uno detiene el vehiculo a su lado. Las noticias más alarmantes suponen la mordida de un perro a un transeúnte. El que recibe su vehiculo en el hotel le dice a uno: Déjelo ahí, con las llaves puestas, no se preocupe por su equipaje, esto no es New York, arregle su registro y regrese por sus cosas”. Da una sana envidia observar lo que sucede en ese país. En el aeropuerto me preguntaron si la maleta pesaba más de cincuenta libras, pero no la pesaron. La palabra todavía tiene un valor

Treinta mil personas se reunieron en Ottawa para un fin de semana de corredores. El Marathon de Ottawa, nos hizo correr la ciudad y disfrutarla en su más profundo detalle. Pasa uno por barrios enteros de clase media, a un lado de grandes edificaciones con un impresionante sabor histórico y toda la ciudad volcada a soportar este evento, apoyando con su energía el paso de los corredores. Casi se olvida uno de lo que está sucediendo en Venezuela.

Como nada es completo en la vida, a los canadienses les dieron un invierno largo e inclemente que le quita a cualquiera hasta las ganas de vivir. Sueñan con la llegada de la primavera.

Regreso a mi país. Calor abundante, húmedo calor que me recuerda que estamos en Maiquetía. Miro celosamente a mi alrededor para asegurarme que nadie me va a arrebatar una maleta, mientras espero a mi compañero quien subió a buscar su vehiculo al estacionamiento. De nuevo en la autopista para ver los motorizados sorteando el trafico, cual únicos dueños de la vía, noticias van y vienen para asegurarse de que ya estamos de regreso. Álvaro Vargas Llosa quedó ahí en el aeropuerto, retenido por pensar diferente y de nuevo se escucha la cantaleta, como una novela de esas en que se pierden algunos capítulos y nada sucede, la historia más o menos va por el mismo lugar.

Las protestas de estudiantes del miércoles pasado, ya son historia, quedaron atrás con una gran protesta de motorizados taxistas, que trancaron la ciudad el día de ayer. Lo propio en Puerto la Cruz y otras ciudades del país. Escucho al ciudadano ministro del interior, con un irrespetuoso lenguaje, referirse a un allanamiento para decomisar vehículos y uno se pregunta hacia donde se dirige un país que permite a un funcionario hablar de esa forma.

Los canadienses se llevaron a muchos venezolanos. Tal vez usted no lo sabe, pero muchos de nuestros mejores técnicos petroleros, hoy trabajan en Canadá. Cuanta falta hacen en nuestra desarmada industria petrolera. Sueñan con el calor venezolano, pero observan de lejos la destrucción de esta linda patria.

Escuché por dos horas, una transmisión en continuo, acerca de la discusión del presupuesto de la ciudad de Montreal para el año próximo, en un tono cordial, personas exponían con argumentos y números, su visión de cómo usar el dinero de los impuestos. Por momentos sentí que iba a llorar, con ese llanto que produce la impotencia.

Cuando uno abandona el suelo patrio por unos días, aumenta su capacidad para diferenciar lo bueno y lo malo. Las comparaciones no soportan análisis alguno. Estamos viviendo en una anarquía de grandes magnitudes, llevando al país a extremos sumamente peligrosos. Esta historia tiene que concluir, para dar paso a una mejor Venezuela

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