Opinión Nacional

¿Por qué piden la cabeza del Fiscal?

Por una razón sencilla y a ojos vista: porque el enemigo no es un viciado jurisconsulto propenso a favorecer la parte que debiera ser objeto de su impugnación. El adversario no es un árbitro que ha pitado a favor de unos de los equipos en disputa. Ni tampoco se trata de una cruzada ciudadana resuelta a quebrar lanzas por la sanidad republicana que entrevera unos poderes públicos independientes. El enemigo no es otro que la piedra de tranca que tiene taponada la vieja forma de hacer política, basada en acuerdos de pequeños grupos y no en la participación permanente y activa de toda la sociedad en los asuntos públicos: el arrendatario de la Casona. Ese es el propósito de las impugnaciones a Isaías Rodríguez. Salir de Chávez, esa obsesión que arrebata el sueño a una oposición ciega más allá de la abdicación del Presidente, es la baraja que reposa bajo la manga de los tramadores de la marcha de la semana pasada.

No les importa nada: Entre otras cosas porque quienes se rasgan las vestiduras por impugnar el mediador presuntamente viciado, el mes pasado patearon el orden jurídico, y junto con él, la sentencia de la mayoría de venezolanos que lo certificamos en 1999. Luego, los fantoches de la “sociedad civil” que corearon la mutilación de las instituciones, no les importa que los poderes nacionales sean imparciales e independientes. Por el contrario, la imparcialidad que anhelan no es tal sino todo lo contrario: es la parcialidad a favor de su bandería, que se traduce en culpabilizar a Chávez de lo que sea con tal y esa acusación constituya razón de peso para pedir su ante juicio de mérito. Como les fracasó el golpe militar, ahora buscan el esquinazo institucional. Cual Jalisco, si no gano arrebato. Por el contrario, los voceros de la “sociedad civil” de buche y pantalla, se erigieron en prosélitos del totalitarismo al acompañar o aplaudir el prepotente manotazo de los ricos el 11 de abril. De lo que se colige no solo su absoluta hipocresía, sino el horror que nos esperaba de haber perdurado el régimen de facto de Fedecamaras: poderes verdaderamente adocenados al dedo del ejecutivo, que los hubiera designado por encima de toda ley.

Doblemente secuestrados: De lo que se desprende la natural preocupación de quienes apoyamos al gobierno por el lamentable desempeño de la oposición. Al sol de hoy, y luego que la sangre asomara su mollera en el río, no he leído ni escuchado ninguna proposición de reforma a las leyes habilitantes aprobadas por el ejecutivo en noviembre del año pasado. Al general Rosendo, que ayer no más se le acusaba de corrupto y lame suela, ahora le brillan las virtudes. Estas inconsistencias le restan credibilidad a los adversarios del cambio. La oposición debe entender que la política no es soplar y hacer botellas. Que requiere un largo, sostenido y consistente esfuerzo si se quiere tener éxito. Y que este no se encuentra a la vuelta de la esquina. Los adversarios del gobierno se encuentran doblemente secuestrados: en lo social por la clase media, y en lo político por el inmediatismo de la extrema derecha. De zafar estas dos envolventes amarras depende su futuro.

Debe esperar: Porque el poder no es un deseo que un bienaventurado le pide al genio brotado de la lámpara. Ni tampoco se le pone mano con un golpe mediático, respaldado por los grandes propietarios del capital financiero, y asentido por altos militares, en una sociedad que ha reafirmado su voluntad de profundizar su cultura democrática, fraguada durante siglos de conformación social. Antes que el Fiscal General de la República le diese el puntillazo al moribundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, este había sido deslegitimado por la masacre de miles de venezolanos el 27 de febrero de 1989, y por dos rebeliones militares ante las que no salió ni un solo venezolano a defender el régimen. Ni siquiera los adecos pusieron pie en calzada a favor de Pérez. Ese no es el caso de Chávez. Un golpe institucional, como el que se ambiciona con la salida del Fiscal, ocasionará una reacción semejante a la de los días 13 y 14 de abril. Que esto no se le olvide a las gallinas cluecas que salieron despavoridas de palacio ante la marea popular que colmó las calles a frenar el golpe fascista. Que esto lo registre la oposición, a ver si entiende de una vez, que debe esperar su tiempo, si es que este le llega algún día.

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