Opinión Nacional

Primera propuesta a la Comisión Económica para la Paz

Desde la visión oficial, esos problemas son la expresión de una guerra económica que busca generar un creciente malestar, con el fin de lograr que el pueblo identifique al Gobierno como el culpable de la situación. Por su parte, el sector empresarial atribuye los problemas de caída de la producción, desabastecimiento y escasez a los desaciertos de la política económica y a una creciente hostilidad contra la empresa privada que desestimula la inversión y actividad productivas. Es cierto que las políticas equivocadas y la corrupción causan graves ineficiencias que contribuyen al desgaste político del Gobierno. Pero también es cierto que poderosos grupos de poder que han aprovechado los incentivos fiscales, cambiarios y financieros para enriquecerse, hoy conspiran contra el Gobierno para desestabilizarlo y derrocarlo.

Comisión Económica para la Paz

Gran expectativa existe en torno al aporte que pueda hacer la Comisión Económica para la Paz, en función de construir los acuerdos básicos que permitan reactivar la producción y superar los problemas de escasez, acaparamiento y especulación. Para lograr esto, tanto el Gobierno como el sector empresarial deben encarar el debate con franqueza y ser capaces de reconocer los desaciertos de la política económica y las maniobras en las esferas de la producción y comercialización que se han cometido para desestabilizar. Esto pasa por identificar y erradicar las fallas del Estado que generan perversos incentivos a la corrupción privada. Cuánto de guerra económica y cuándo de políticas públicas que deben ser rectificadas, esperamos sea el gran hallazgo de esta Comisión. A la luz de ese diagnóstico compartido será posible echar las bases de un acuerdo nacional para transformar esta economía rentista e importadora que luce cada vez más agotada, en un nuevo modelo productivo que garantice la seguridad alimentaria y la soberanía productiva de Venezuela.

Sincerar el debate en materia cambiaria

El único punto que se aborda en las reuniones donde se discute la materia cambiaria tiene que ver con la liquidación rápida de las divisas preferenciales y el reconocimiento y pronto pago de la deuda pendiente. Hasta ahora, la política cambiaria se ha basado en anclar el precio oficial de la divisa durante varios años. Pero si de verdad se quiere priorizar la producción nacional, lo hecho en Venezuela, e impulsar el tránsito de una economía rentística e importadora hacia un nuevo modelo productivo exportador, hace falta incorporar al debate cuál debe ser el tipo de cambio que refleje la verdadera productividad del aparato productivo nacional, sin que el tratamiento de este asunto se tergiverse como el intento soterrado de una nueva devaluación que hará más pobres a todos los venezolanos. No se puede seguir manipulando a la opinión pública cada vez que se intenta corregir la sobrevaluación y sincerar la tasa de cambio oficial. Es hora de encarar con franqueza y valentía el problema para evitar que se siga prolongando una nefasta sobrevaluación de la tasa de cambio oficial que solo genera graves distorsiones en el funcionamiento de la economía y sociedad venezolanas.

El anclaje cambiario se traduce en un subsidio a las importaciones que se traen con un dólar oficial cada vez más barato. Así, los productores se transforman en importadores y la creciente tendencia a cómpralo todo afuera desplaza cada vez más a la producción nacional. Esta es una de las consecuencias más graves del anclaje, toda vez que se traduce en un perverso círculo vicioso: importamos porque no producimos y no producimos porque importamos. Esta trampa a la que nos lleva el anclaje cambiario sentencia que el mejor negocio en Venezuela siga siendo importar, en lugar de producir para sustituir importaciones o exportar. Acordar y defender ante la opinión pública una tasa de cambio real evitará que el aparato productivo siga siendo destruido por el deslave de importaciones que se hacen con un dólar subsidiado. Eso sí es lo que genera caída de la producción, desabastecimiento, escasez, acaparamiento y especulación, que son los flagelos que están empobreciendo a la Nación.

Eliminar los incentivos a la corrupción

Mientras el dólar oficial se mantiene fijo, el paralelo ha llegado a costar diez veces más. Ante semejante incentivo, empresarios, instituciones y ciudadanos de a pie se lanzan tras la captura del dólar preferencial. Las denuncias formuladas por Jorge Giordani, Edmee Betancourt y Ricardo Sanguino no pueden ser consideradas como parte de la guerra económica. Ellos reconocieron que el control de cambios no impidió que más de $20 mil millones fueran desfalcados a la Nación. Pero mientras el Sicad duplique la tasa Cencoex, o el paralelo la multiplique por diez, se mantendrá un incentivo a la sobrefacturación de importaciones, la subfacturación de exportaciones, las importaciones ficticias por empresas de maletín, el contrabando de extracción, la reventa del cupo electrónico, los “raspatarjetas”, etc.

En los archivos de Cadivi están los datos de los que recibieron los dólares preferenciales. Y el Seniat tiene la información de las mercancías que esas empresas ingresaron por las aduanas. Es hora de decirle al país la verdad y publicar la lista de responsables y cómplices que desfalcaron a la Nación.

 

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