Opinión Nacional

¿Qué hacer y cómo hacerlo?

La designación del comité que postulará los candidatos a integrar el Consejo Nacional Electoral –ridículamente llamados rectores– no da pie para esperanzas e ilusiones. Es explicable que los once diputados que forman parte del mismo sean todos chavistas, pues en la Asamblea Nacional no hay diputados de la oposición. Pero el oficialismo tuvo una preciosa oportunidad de mostrar su voluntad a la apertura y el equilibrio, al designar los diez miembros del comité en representación de la sociedad civil. Sin embargo, torpemente desperdició esa oportunidad, y en lugar de hacer una escogencia equilibrada, optó por la obcecación y el sectarismo: sólo cinco de los diez pertenecen a la oposición. Por tanto, el comité quedó en definitiva formado por dieciséis representantes del chavismo, y apenas cinco de la oposición. Una verdadera cayapa, que permite vislumbrar desde ya cómo será el próximo CNE, seguramente una versión corregida y aumentada del actual, de tan funesta actuación.

No obstante, aun en tales condiciones las fuerzas opositoras, pese a su abigarrada composición –archipiélago de contradictorias tendencias y opiniones– no tiene que dar por cancelada la opción electoral, y debe seguir luchando por un mínimo de condiciones que permitan su participación unificada en las elecciones, sin descartar, por supuesto, la posibilidad de que, al final, ante la convicción de que los comicios una vez más serán tramposos, opte por abstenerse.

Al final, entiéndase bien, no quiere decir a última hora ni de manera improvisada. Que la abstención en las elecciones parlamentarias, en diciembre del año pasado, haya resultado una derrota para el chavismo, y por tanto un triunfo para los desafectos al régimen, no puede ocultar el hecho, altamente negativo, de que fue una carta política que los sectores organizados de la oposición decidieron jugar a última hora e improvisadamente, por imposición de la inmensa mayoría del electorado, que desde temprano había optado por abstenerse. Con lo cual se dio el hecho aberrante de que los partidos políticos y quienes fungían de líderes, en vez de dirigir y orientar al pueblo, que es lo normal en una democracia, tuviesen que aceptar a la fuerza los designios de unas masas no dirigidas ni orientadas por nadie, ni por partidos ni por dirigentes, sino que actuaban de manera espontánea y aluvional, y, si se quiere, instintivamente.

En política la improvisación y el últimomomentismo suelen ser sumamente funestos. En la coyuntura actual es imposible para los sectores oposicionistas adoptar desde ahora una línea definitiva. Tan torpe es empeñarse desde ya en abstenerse, como empeñarse en participar en los comicios a como dé lugar. En lo que falta para las elecciones pueden ocurrir muchas cosas, hasta ahora impredecibles. Por ello es indispensable prepararse para lo que sea. Esto significa que hay que actuar con la idea puesta en un candidato de unidad y preparando la campaña electoral, pero previendo también la posibilidad de que haya que abstenerse de manera activa y beligerante. Jugar estas dos cartas es harto difícil. ¿Cuándo deberá tomarse la decisión definitiva? Y, sobre todo, ¿qué hacer y cómo hacerlo hasta entonces?

Aquí es donde se pone a prueba que la política es un arte, y que, como en todo arte, la imaginación es la herramienta más fecunda.

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