Opinión Nacional

¿Radicales?

Se nos acusa de “divisionistas”, “alarmistas” y mil otras cosas absurdas, sobre todo si partimos del principio de que la verdadera democracia que buscamos es aquella que acepte que discrepemos unos de otros. Si, a mi juicio, considero que hay errores en la conducción de la MUD, flaco favor le haría a esa democracia que deseo callándolo. No se puede pretender que ella goza de infalibilidad ni aceptar que se ciegue ante los errores que comete –y que cometemos todos.

Acabamos de ver el “ensayo final” de lo que prepara el gobierno para el supuesto de que llegue a perder las elecciones de octubre de 2012 con el “show” en horario estelar de los escrutinios de la UCV. Y todavía existen “comeflores” que señalan que es tan solo “un amedrentamiento”. ¿Irán a aterrizar en la realidad algún día…? Páginas y páginas se llenan señalando que “hay que buscar la concertación”, “el diálogo”, “tender puentes”, etc. ¿Cómo se busca una concertación, se establece un diálogo o se tiende un puente cuando se trata con energúmenos y con hampa común…?

 

¿Es que no quieren entender que tanto la alta dirigencia gubernamental como los hampones a su cargo deben ser llevados ante tribunales imparciales sin miramiento alguno? Entiendo perfectamente –y comparto- que al partidario del chavismo que no esté incurso en delitos sea parte integrante del nuevo país que debemos tener. No acepto que, por conveniencias x o y, los causantes de la debacle que vivimos sean perdonados, agraciados o siquiera tolerados en “aras de la unidad”

 

Esta hecatombe pareciera pasar desapercibida para algunos dirigentes “oposicionistas”. ¿Cómo es posible que se estén ofreciendo viviendas, hospitales, escuelas, sin siquiera saber el estado real de la economía, sin saber si recibirá –un nuevo gobierno- algún saldo positivo de un gobierno que NUNCA ha sido transparente con las cuentas? ¿Conoce alguien el verdadero estado de PDVSA? ¿El del Banco Central? ¿La deuda china o la rusa? ¿Han comentado públicamente el exorbitante crecimiento de la deuda?

 

Sumémosle a todo esto la agresiva campaña que, con un desorbitante derroche de dinero A CRÉDITO de China –por el cual deberemos pagar hasta el día del Juicio Final- en la que, con el mayor descaro y falta de vergüenza conocidos hasta hoy en nuestro país, el sarcomandante se jacta de ser cada día “mejor administrador” de los haberes del Estado y de haber “cohesionado y unido” a un país “descuadernado”, y tenemos los ingredientes necesarios para un estallido social de consecuencias impredecibles si no se toman las medidas necesarias –del lado de la oposición, no hace falta indicar que tal estallido es el desiderátum del gobierno- para despojarlo de la mecha…

 

Si por exigir el cumplimiento de la Constitución y las leyes vigentes –hasta sus últimas consecuencias- hemos de ser llamados “radicales”, pues bienvenido sea el apelativo. Si por querer sanear las finanzas públicas y castigar a los corruptos somos “radicales”, con orgullo lo somos. Si por pretender adecentar el país, tratar de revivir la ética y la moral desechadas por estos arribistas resentidos somos considerados “radicales”, así sea. Si por no tolerar más engaños al país con ofertas demagógicas, populistas en un simple afán captavotos se nos denuncia como “radicales”, pues lo somos. Y es que en este país el tiempo de los puentes tendidos, de diálogos y concertaciones con el hampa común no ha llegado ni llegará jamás mientras existamos un puñado de quienes, a pesar de ser llamados “radicales” (que, por otra parte, no es ofensa alguna) no cesaremos en nuestro sueño por ver un país gentil, vivible, unido, educado, con oportunidades de estudio y programas factibles de salud pública y libre de lacras parásitas y resentidas…

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