Opinión Nacional

Renovación moral: ¿reto posible?

Venezuela se encuentra hoy ante una encrucijada de su historia y como nunca antes se hace necesario la conjunción firme y muy decidida de voluntades para superar la crisis actual, y así como antes se presentaron situaciones parecidas y pudimos vencer grandes dificultades, también ahora podemos hacerlo. No hace falta ser muy letrado para intuir que el actual desajuste económico, político y social tiene su verdadero origen en una aguda crisis moral. El descalabro del sistema financiero, la interminable historia del déficit fiscal, la fuga de capitales, gran parte de la deuda externa e interna, la recurrencia en los desfalcos a la nación a través de los organismos gubernamentales, el escándalo del FIEM, el descarado contrabando de extracción y los ilícitos fiscales a la orden del día, muchos de ellos apadrinados por altos funcionarios, las mil millonarias comisiones en la contratación de obras y el gravísimo tráfico y consumo de drogas que aumenta vertiginosamente, tienen su fuente en el desmedido afán de lucro que han llevado a muchos venezolanos a enriquecerse de cualquier manera. La crisis moral se manifiesta también en la pérdida del sentido de la honestidad y del valor del trabajo como fuente de riqueza, en la costumbre generalizada, aún en los niveles inferiores de la administración pública, de cobrar comisiones por prestar el más elemental de los servicios, de modo que el ciudadano común se sienta desasistido. Ese mismo afán, está presente en la corrupción administrativa tanto en el sector público como en el privado y en la complicidad con que es encubierta por parte de quienes conocen esos manejos dolosos, haciéndose los tontos para beneficiarse o simplemente para no complicarse la vida. El resquebrajamiento moral también se manifiesta en la mala administración de la justicia y en la inoperancia del poder judicial para sancionar los crímenes contra personas y los delitos contra los bienes privados y de la nación, que al final son de todos nosotros, para un ejemplo solo basta con mencionar la increíble manipulación del crimen del fiscal Anderson. Es necesario recuperar la capacidad de admitir las fallas y aceptar el error en la clase dirigente por mucho que ello les cueste. Para la recuperación del país hace falta una verdadera renovación de nuestra fibra moral y un reencuentro con la verdad, hacer un ejercicio sincero de conversión, especialmente en los educadores, abogados, médicos y de quienes detentar el poder político, económico, sindical, eclesiástico y cultural, y una enérgica voluntad y acción solidarias a favor de los más necesitados. El país siente que a través de diversos mecanismos de mentira y ocultamiento de la verdad ha sido engañado, y en esto ha privado un proverbial manejo por parte del Primer Magistrado de la Nación y el pueblo evidentemente está cansado de ello. Debe hacerse a toda costa una sinceración del liderazgo para con el ciudadano, especialmente en momentos como el actual, en donde se propende más al enfrentamiento que al entendimiento, haciendo a la vez un llamado a sustituir la manipulación por la proclamación de la verdad. Ha habido demasiadas falsas informaciones y promesas incumplidas que será necesario enmendar rápidamente para el rescate de la credibilidad que tanta falta nos hace en momentos como éste. Los venezolanos estamos cansados de amenazas y presiones. Nuestra vocación pacífica contrasta diametralmente con la violencia que intenta promover el oficialismo y sectores que pretenden reivindicar viejas aspiraciones para satisfacer odios y venganzas. El país entero rechaza la violencia y la estridencia de falsos cambios para que nada cambie. En esta hora difícil para Venezuela, los sacrificios no pueden ser iguales para todos, ni deberán ser cargados exclusivamente sobre los hombros de la clase media y de los pobres. Quienes ejercen funciones públicas en representación y por mandato del pueblo que los colocó allí, deben dar el primer ejemplo de austeridad y de honestidad, comenzando una nueva era de restricciones, de vida sencilla y sacrificada y sobretodo de exigente trabajo constructivo. Los que más tienen deben hacer más sacrificios. El gobierno, los empresarios y capitalistas deben emplear sus recursos y su capacitación en la gerencia de empleos dignos y en la abundante producción de bienes y servicios, especialmente en aquellos atinentes a las necesidades más inmediatas, pues no solo así se logrará una mejor y más equilibrada distribución de los recursos, sino que de ésta forma se promoverá el fortalecimiento del más importante factor de desarrollo como lo es el hombre, dueño del trabajo y eje de la historia y del futuro.

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