Opinión Nacional

¿Retornan los adecos?

We will come back. Volveremos. Fue la expresión que, imitando a MacArthur, utilizó Rómulo Betancourt para animar a sus entristecidas huestes cuando por primera vez perdieron el poder en 1968.

Quizás por las sonoridades de ultratumba del viejo caudillo o porque tampoco esta vez quedaron bien enterrados, lo cierto es que una especie de generación intermedia de caras blancas está ganando de nuevo espacios políticos de los cuales parecían definitivamente desterrados.

Ledezma en Caracas, Guillermo Call en Monagas, Carvajal en Bolívar, William Dávila en Mérida, Galíndez en Cojedes, Manuel Rosales en el Zulia, Eloy Gil en Sucre, Morel Rodríguez en Nueva Esparta, Bernabé Gutiérrez en Amazonas, se cuentan entre los probables ganadores en sus respectivas jurisdicciones.

Es verdad que sólo algunos de ellos se presentan como miembros del otrora partido del pueblo y es posible que la separación de algunos sea ciertamente definitiva, pero la verdad es que unos cuantos gobernadores, un centenar de alcaldes y una representación importante en la Asamblea Nacional, pueden ser la base para la reconstrucción del viejo partido, aun cuando todavía persista el olor a azufre de las ejecutorias de muchos de sus gobernantes.

Son variadas las causas que están impulsando este retorno.

El deslastre que ellos mismos han hecho de octogenarios pesos muertos, incluyendo dos ex presidentes con harto plomo en el ala.

El prudente retiro, con algunas mudanzas apresuradas a Miami, de connotados enriquecidos a la sombra del poder.

La dilución hacia el anonimato de muchos directivos que no lideraban nada ni a nadie.

Pero lo que probablemente los ha ayudado más es que hasta ahora, es difícil apreciar que con la quinta república se viva mejor que con la anterior. Es verdad que ha habido una permanente expresión de una voluntad política dirigida a luchar contra la corrupción y la delincuencia, o a mejorar el nivel de vida de la mayoría o a crear una especie de crecimiento con equidad, parecido a la tercera vía de Anthony Giddens.

Sin embargo, del dicho al hecho el trecho ha sido largo y las olas de ese mar de felicidad no se avistan todavía desde la playa.

Más bien hay cosas que se parecen mucho a desenfrenos anteriores y posiblemente por eso, el otro mandamiento del brujo de Guatire según el cual adeco es adeco hasta que se muere, comienza a surtir efecto de nuevo por lo menos en los niveles regionales. Lo cierto es que ya el Gobierno inició contactos con el que parecía ser su archienemigo, en previsión de un cuadro político postelectoral donde pudiera haber necesidad de negociar con ellos para garantizar la gobernabilidad.

No es imposible entonces que las boinas blancas y el himno adeco vuelvan a ser parte de nuestro cambiante escenario político.

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