Opinión Nacional

Rosales Reloaded

A veces los pequeños gestos descubren verdades. Hugo Chávez hace unos días dijo que si perdía las elecciones entregaba el 2 de febrero. Y la Constitución vigente dice que el Presidente asume el poder el 10 de enero. Queda claro, entonces, que Chávez ni siquiera se había paseado por la idea de entregar el poder. Ese artículo de la Constitución no lo conoce. No le hace falta. “La bicha”, como él la llama, bien pudiera no hablar de fechas de transmisión de mando. Es una disposición superflua.

La reelección, bendecida por el CNE chavista, confirma el proyecto continuista que se estableció en Venezuela en 1999. Desde entonces, todo el Estado se ha puesto al servicio del mantenimiento de Hugo Chávez en el poder. Hasta la más mínima gestión ante una oficina pública está presidida por ese objetivo. Nada escapa a la lógica reeleccionista

Los ingentes petrodólares han sido usados para el endiosamiento de la figura presidencial. No hay territorio del país que esté libre del rostro del caudillo. Todos los espacios públicos tienen su cara como tótem. Hasta el superintendente del Seniat, quien está allí por ser militar y no un experto en asuntos fiscales, se ha retratado en numerosas vallas en las cuales se autofelicita acompañado del jefe.

Todo, todo el Estado ha sido copado por  el clientelismo rojo-rojito. Muy pocos altos funcionarios pueden mostrar una hoja de vida acorde con las funciones que ejercen. Se privilegia la obsecuencia y el trabajo partidista antes que los méritos profesionales y gerenciales, como bien lo dejó claro el discurso fascista del presidente de Pdvsa y ministro contralor de la misma, Rafael Ramírez, cuando dijo que a carajazos le impondría a los indiferentes la revolución.

Ante ese Estado, que por un lado está destartalado y por otro avanza entrometiéndose en tareas no esenciales a su naturaleza, luchó Manuel Rosales, con un calendario muy limitado. Su campaña en cuanto a demostraciones callejeras y proposición de sentido social (el programa “Mi Negra”) no pudo ser más exitosa. De hecho, Chávez estuvo muy por debajo en sus paseos en carroza frente a los masivos actos de Rosales en todo el país. Y ante la propuesta de una tarjeta de débito que entregara directamente, sin intermediarios ni chantajes partidistas, un subsidio familiar proveniente de la renta petrolera, el comando chavero prácticamente se quedó sin respuesta, aparte del insólito calificativo de “populista” que mencionaba la soga en la casa del ahorcado.

Pero esa campaña tan exitosa en movilización y propuesta social se quedó muy corta en otros frentes. La lucha contra el ventajismo no consiguió mayor eco, sobre todo en la prensa internacional.

Al aparecer la candidatura de Rosales, después del acuerdo con Petkoff y Primero Justicia, se habló algo sobre una candidatura simbólica. Al calor del recuerdo difuso de la candidatura de Rómulo Gallegos en 1941, cuando enfrentó al postgomecismo reinante en el Congreso, se quería rescatar el valor de un candidato testimonio que enfrentara los abusos del poder. Pues bien, la candidatura del gobernador zuliano no tuvo ese carácter simbólico para denunciar el ventajismo grosero de casi todo el Estado a favor de la ambición continuista. El entorno internacional fue abandonado. El desempeño de la prensa extranjera en la cobertura de la coyuntura electoral no puede ser endilgado en su totalidad a las fallas profesionales de corresponsales y articulistas. Este aspecto no fue atendido por el comando de Rosales.

Otro tema que no fue abordado en la campaña fue la corrupción. Quizás lo apretado del cronograma no permitió a Rosales y su comando expandirse en un aspecto tan sensible para la opinión pública. Un tema que le rindió tan buenos dividendos a Chávez en 1998 y que hoy no fue abordado por el comando opositor más allá de las denuncias que realizó Roberto Smith. En tiempos de bonanza para ciertos sectores sociales, la corrupción se ha potenciado y ha desnudado la hipocresía de Chávez en la materia. Un régimen que ha destruido todos los controles administrativos y judiciales, que ha estimulado el enriquecimiento ilícito como nunca antes, no fue atacado en ese flanco. En 1978, ante una bonanza similar que hizo aparecer muchos nuevos ricos ladrones, Luis Herrera tuvo como bandera la denuncia de la corrupción del gobierno de entonces y coronó con un triunfo su campaña.

La candidatura tampoco tuvo el carácter simbólico para luchar por una condiciones electorales equitativas. En este asunto parece que privó una confianza extrema, contaminada por algunos mitos como la invencibilidad maracucha en los fraudes gobierneros. Para quienes nos incorporamos tardíamente a la candidatura de la unidad opositora, precisamente por privilegiar la lucha contra el CNE chavista, era patente la negación de esta realidad. (Teodoro Petkoff, dirigente que ha mostrado su generosidad y verticalidad en la disidencia a este régimen, ha tenido mucho que ver con esta posición). Haber admitido participar con un registro electoral totalmente contaminado con más de millón y medio de electores no ubicables (no se sabe donde votan) y la delincuencial naturalización de miles de extranjeros, hacían las elecciones muy opacas. Al igual que el misterio con respecto a la auditoria de las máquinas. Nunca se explicaron los avances o inconvenientes que los técnicos del comando encontraron en las auditorias de las máquinas de lotería de Smartmatic.

Y aquí voy a hacer una acotación que se refiere a mi participación como miembro de mesa. El operador de las máquinas juega un papel esencial que tiene visos de ilegalidad, pues al no ser miembro de mesa ejerce una autoridad que no le ha sido concedida. Es el único que conoce la clave de la máquina para desbloquearla, decide lapsos y tiempos de inicio de funciones de la mesa, se comunica con el CNE por encima de los miembros de la mesa y maneja, en fin, todo la plataforma informática ante el desconocimiento de la materia de los miembros de la mesa electoral, que sólo excepcionalmente podrían conocer.

Al igual que el coordinador de centro, el operador de las máquinas es nombrado sin la participación de la oposición. Ya son dos cargos que anuncian ventajismo oficial. Igualmente, los efectivos del Plan República reiteraron su tendencia a inmiscuirse en lo que no les corresponde. Siempre los miembros de mesa tienen que luchar contra esa tensión que los militares imponen al tratar de inventarse funciones.

La estructura electoral conspira y hace nulo el control ciudadano de las elecciones. Todo está diseñado para centralizar la información en el cogollo electoral. Las juntas estadales y municipales son simples amanuenses para llenar credenciales; no tienen ninguna autoridad. La totalización de las actas se ha hecho con la mayor opacidad. Al contrario de lo que pasa en otros países, no se transmitió públicamente la incorporación de las actas. Y al igual que sucedió con el revocatorio, el primer boletín lo ha dado sin mostrar acta por acta. Con tanta tecnología e inversión debería ser factible la publicidad de tal proceso, incluyendo la transmisión en tiempo real de los medios de comunicación.

Los miembros de mesa tienen que confiar en la máquina que cuenta los votos y así firman las actas. La cuestión no debería reducirse a ciertos clichés que hablan sobre el indetenible progreso de la técnica, sino que hay que dar respuesta al déficit de transparencia que la máquina aporta.

Sobre los resultados en sí, puedo adelantar mi perplejidad. Lo que vi en la jornada electoral, desde el centro en el cual era miembro de mesa fue algo muy distinto a lo leído por Lucena anoche. En ese centro Chávez fue derrotado por paliza, Rosales casi lo dobló. Allí votaba gente de todos los estratos sociales. En el mismo  centro en 1998 (también fui escogido entonces por el CNE como miembro), Chávez se impuso cómodamente con una abstención mayor del 30%. En esta ocasión la abstención fue del 20%. La participación de los más jóvenes fue igual que a la de todos los grupos etáreos, a excepción de los mayores de 70 años que participaron más.

Voy a repetir un comentario que hice después del fraude del referendo. Se me hace muy cuesta arriba pensar que la alta participación tiene como finalidad que la mayoría exprese apoyo al poder. ¿Es posible creer que los electores se movilizan, en su determinante mayoría, para confirmar al régimen y no para rechazarlo? A primera vista sería el reflejo de un país inexistente. Un país anestesiado por la renta petrolera que salió entusiasta a confirmar el etéreo socialismo del siglo XXI y las costosas y peligrosas improvisaciones del showman dominical.

Con lo anterior quiero decir que a todos los venezolanos nos tienen que mostrar las pruebas de que los números leídos por Lucena son reales. Que no ha habido votos virtuales en esos resultados y que la tecnología debe servir para la transparencia y no para la confusión.

El comando de Rosales no ha hecho ninguna evaluación seria de los resultados: se ha limitado a confirmarlos, al igual que las direcciones de los partidos y grupos que lo apoyaron en la concurrencia electoral sin mayores garantías. Las reservas sobre la automatización electoral se mantienen y para el CNE chavista no existieron los abusos propagandísticos del gobierno ni la coacción a los funcionarios público, contratistas y beneficiarios de las misiones.

En cuanto a la aceptación de los resultados por parte de Rosales y su regreso a la gobernación del Zulia no dejarán de crearse teorías y suspicacias. Creo que el hecho de no haber renunciado a la gobernación dejaba claro el candidato tenia dudas sobre la equidad electoral, pero estaba en su derecho de mantener su prerrogativa de regresar al palacio de Las Águilas. Pienso que no ha debido reconocer la derrota de inmediato. Sin plantear gobiernos paralelos al estilo de López Obrador en México, ha debido manifestar sus dudas sobre los números de manera más contundente y fijar un plazo para sumar las actas en su poder. En especial, porque su temprana declaración puede haber causado abandono de las responsabilidades electorales de sus seguidores y ya se sabe que algunas actas no las recibieron los equipos que realizaron los operativos de totalización de la unidad opositora. Por supuesto, que su gesto tiene el valor de la hidalguía democrática. Pero, ¿ante un desgobierno malandro tales rápidas e incondicionales demostraciones son procedentes?

La mayor contradicción de la candidatura de Rosales fue que ante tanta desventaja no se asumió como simbólica. Es decir, prefirió dar la batalla de tú a tú con el monstruo, y no se aprovechó la campaña para dar un testimonio de pedagogía política al privilegiar los aspectos proselitistas. Si bien el esfuerzo tuvo su faceta contestataria ante los abusos del régimen, no se hizo mayor énfasis en la tentación totalitaria, en la eliminación del equilibrio de los poderes públicos y en las deficiencias del Estado de derecho. Era una contradicción tal vez insalvable: la candidatura que denunciaba las carencias democráticas, a su vez era una prueba –para los desinformados medios extranjeros y la parte del electorado que se mantiene indiferente- de la vigencia de la democracia.

Pero, en medio de todo, fue una oportunidad para demostrar el tamaño de nuestra esperanza. La oposición demostró estar viva y muy activa. Rosales demostró ser un hombre fajador, con sus limitaciones, y necesario para continuar la lucha frente al proyecto totalitario de Chávez y su grupo. Los próximos meses dirán si la oposición conserva esa unidad imprescindible para poner límites a la ambición y el desastre chavistas.

Vendrán otros retos y otras oportunidades para manifestar nuestro rechazo al militarismo autoritario y corrupto que representa el chavismo. Venezuela no se acabó el 3 de diciembre.

P.S.: Este artículo fue publicado en Noticiero Digital el día siguiente de las elecciones presidenciales de 2006 con el título “El candidato que no quiso ser simbólico”.  Lo encontré en un viejo computador y ante tanta prosa autocomplaciente (que en este viejo artículo también practico) de quienes comandaron esta nueva derrota, quise volver a compartirlo con los lectores. Creo que era Einstein quien decía: «Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados».

 

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