Opinión Nacional

Sangre y petróleo

El teniente coronel Chávez Frías se quitó la máscara. Ya hay que ser demasiado hipócrita o demasiado idiota para sostener que el gobierno venezolano respeta la legalidad o la democracia. La llamada “Ley habilitante” es un golpe de estado, un golpe frío, que no necesitó armas ni soldados, pero es tan golpe de estado como los dos que intentó el teniente coronel Chávez Frías en 1992. Se trata, simplemente, de desconocer el éxito de la Oposición Democrática en las elecciones de septiembre.

El teniente coronel y sus cómplices golpistas quieren ignorar la realidad política y desconocen la legitimidad y el derecho de la nueva Asamblea. Ya habían burlado la voluntad popular, que en su momento rechazó las reformas propuestas por los chavistas, a lo cual los chavistas, con cinismo, impusieron abusivamente las reformas comunistas. Pero lo que acaba de ocurrir revienta el envase.

Que el teniente coronel “legisle” en solitario e ignore la presencia de demócratas en la Asamblea es un golpe de estado que la comunidad internacional no puede ignorar. Que el poder corruptor del petróleo logre que algunas instituciones internacionales traten de mirar hacia otro lado, sólo demuestra que las personas que dirigen esas instituciones son sobornables. Y lo más grave es que el golpe frío dado por Chávez no tiene la más mínima justificación. Su gobierno ha sido pésimo, y quien más lo ha sufrido es el pueblo venezolano.

La inseguridad, la falta de vivienda, la inflación, el déficit de sanidad, el déficit de educación, la corrupción, todo se ha empeorado a ojos vistas en los doce años en los que el teniente coronel Chávez Frías ha ejercido su dictadura unipersonal.

De modo que no hay escogencia: frente al golpe de estado que dio el teniente coronel Chávez Frías sólo hay dos posibilidades: contragolpe democrático o guerra civil, una guerra civil cruenta que parece anunciarse en las cálidas tierras del Sur del Lago de Maracaibo, donde conviven el Zulia, Mérida y Táchira, y donde resuena el tambor wayú, que se encuentra con los de San Benito y Santa Bárbara.

Ambos caminos conducen a la defenestración del teniente coronel, pero uno de ellos es menos sangriento. En las conciencias de quienes pueden actuar quedará la sangre derramada. Sangre y petróleo.

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