Opinión Nacional

Tácticas democráticas deben cambiar

La sociedad democrática venezolana, ha avanzado enormemente en la lucha contra el déspota de Miraflores y debe guardar con muchísimo celo y tras muros blindados, de concreto armado y con abundantes medidas contra-incendio, las planillas de «El Firmazo». También debe mantener su delegación en la Mesa de Negociación y Acuerdos; y todas las acciones legales que realiza ante el Tribunal Supremo de Justicia y las parlamentarias que realiza en el seno de la Asamblea Nacional.

Sin embargo, las tácticas de calle, claman por cambios y por la apertura de un muy importante y nuevo frente de lucha: el resguardo de los desvalidos.

El déspota, muy apropiadamente llamado así, porque ese término castellano significa: «Soberano que gobierna sin sujeción a ley alguna» y «Persona que trata con dureza a sus subordinados y abusa de su poder o autoridad»; nos ha dado demasiadas pruebas de su absoluta brutalidad —no sólo intelectual, sino delictiva— como el decidir no poner a salvo a la población del estado Vargas, porque eso le impediría votar en el referéndum convocado para aprobar la Constitución de 1999 (con la horrible consecuencia de decenas de miles de muertos no contabilizados oficialmente hasta hoy); también al planificar y ejecutar el ataque a balazos a la marcha pacífica y desarmada del 11 de abril de 2002 y a numerosas otras como la emboscada del Túnel de la Cabrera, el ataque a la Plaza Francia de Altamira, el ataque a la marcha que llevó los más de 2 millones de firmas
solicitando el referándum consultivo; y como las atrocidades perpetradas contra la Sra. Estrella Castellanos, el Sr. Mohamed Mehri o contra todos los venezolanos al defender a los asesinos de Puente Llaguno, al asesino de la Plaza Francia de Altamira y condecorar al trepolinario uniformado llamado Luis Felipe Acosta Carles.

Ante esas atrocidades —resguardadas por la impunidad dirigida por el fiscal general de la república y no pocos magistrados del tribunal supremo de justicia— es inevitable y sumamente urgente, radicalizar las acciones de resistencia y combate democráticos.

En mi opinión, ya han sido más que suficientes las marchas y concentraciones destinadas a protestar o a demostrar la solidaridad con los sectores sociales más vapuleados por el despótico régimen chavista; por lo que los objetivos de esas movilizaciones de calle deberían cambiar; por ejemplo, a las siguientes:

(1) Organizar grupos de protesta que –por turnos establecidos— acudan diariamente a las sedes oficiales de todas y cada una las embajadas y consulados de países extranjeros presentes en Venezuela, exigiéndoles la urgente y contundente aplicación del ARTÍCULO 20 de la Carta Democrática Interamericana, que faculta tanto al Consejo Permanente, como a la Asamblea General de la OEA «A TOMAR LAS MEDIDAS QUE ESTIME CONVENIENTE» (y no restringe cuales pueden ser esas medidas) para restablecer el destruído régimen democrático venezolano; lo que puede incluír la organización de una fuerza multinacional de paz —de la OEA— que conmine al régimen chavista a convocar de inmediato elecciones adelantadas, y no restringir sus acciones diplomáticas únicamente al aislamiento internacional del régimen y/o a su expulsión de la OEA, porque precisamente estas últimas medidas beneficiarían al déspota en perjuicio de la población venezolana.

(2) Organizar grupos de protesta que –por turnos establecidos- se hagan presentes DIARIAMENTE en las maternidades públicas, salas de emergencia de hospitales públicos nacionales, estadales y municipales, ambulatorios de salud, morgues, vertederos de basura, y mercados públicos nacionales, estadales y municipales; para mostrale a todo el país y al mundo, los grotescos niveles de desatención sanitaria y de seguridad personal, así como la miseria que ha creado el despótico régimen chavista, reclamando con nombre y apellido la presencia en esos lugares, de (a) Los diputados (nacionales y estadales), (b) los concejales, (c) alcaldes y (d) gobernadores chavistas de la jurisdicción correspondiente, para que comprueben con su presencia, la muy urgente necesidad de que todos ellos exijan la salida del poder de Hugo Chávez. El país y el mundo deben conocer el hambre que está padeciendo la población más pobre y los nombres de los niños y ancianos que están falleciendo diariamente».

(3) Organizar grupos de protesta que –por turnos establecidos- se reúnan diariamente en todas y cada una de las Plazas Bolívar de Venezuela, exigiendo –con grado, nombre y apellido- la presencia del Comandante de la Guarnición Militar, de cada pueblo y ciudad de Venezuela, haciéndole saber a través de altavoces que ES EL quien con su indolencia mantiene en el poder a un régimen que está matando de hambre a decenas de miles de familias venezolanas.

(4) Colocar, en cada Plaza Bolívar del país, una enorme pancarta que contabilice (a) el número de empresas, comercios y negocios cerrados desde la llegada al poder del déspota de Miraflores, (b) el número de personas desempleadas y (c) el número de personas que sobrevive de la economía informal en la jurisdicción.

El otro frente que necesita abrir la Coordinadora Democrática, es el de sumarse públicamente a la ya anunciada organización de comedores populares, que establecerá la Organización Cáritas de Venezuela en apoyo la Iglesia Católica, para coordinar las formas más efectivas de apoyar esa iniciativa que intenta mantener con vida a quienes no tienen que comer, y exigir que esa actividad humanitaria sea oficialmente abierta, en todas y cada una de las parroquias católicas de Venezuela, en cada sinagoga, en cada templo evangélico y en cada otro lugar de oración mantenido por otras instituciones religiosas con presencia en Venezuela.

Finalmente, reclamar de las televisoras, radioemisoras y periódicos de alcance nacional, regional y local; así como de los corresponsales extranjeros, la difusión de esas atroces verdades.

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