Opinión Nacional

Teodoro Petkoff: el candidato natural

Si hacemos el ejercicio de observar a nuestro alrededor buscando la persona indicada para suceder a Chávez en el poder, por la vía de una avalancha electoral, es evidente que Teodoro Petkoff es el candidato natural. Desde sus 74 años, la experiencia política acumulada es más que suficiente para reubicar al país en la senda de la democracia política, y profundizar la democracia social y económica, tareas que siguen pendientes en la Venezuela de hoy, donde los abismos sociales son cada vez mayores, dado el exponencial crecimiento de la pobreza, y el establecimiento de una sociedad donde las diferencias entre los seguidores del chavismo y la mayoría del cuerpo social, son estremecedoras.

Esta Venezuela de rupturas, desgarramientos y odios en que se ha tornado el país desde que se suplantó la política por la estrategia guerrera, conforme a una línea argumental que busca perpetuarse indefinidamente en el poder, debe dar paso al clamor de la mayoría de los venezolanos que quieren vivir en paz, progresar y otear un futuro de prosperidad, dentro de un marco razonable de inversiones, que propendan al crecimiento de la economía. Este conjunto mayoritario de compatriotas que quiere un cambio, advierte en Teodoro Petkoff la persona con la capacidad política indicada para el momento. Le toca sacar al barco de la tormenta, sin fundamentar su gesta en la venganza, comprendiendo las razones que tuvieron los venezolanos para equivocarse con la oferta chavista, pero elaborando un programa realista de políticas públicas, que abandone la mitología castrista de David y Goliat, y encaré los verdaderos retos del país. Todos ellos parten de resolver varios dilemas: ¿Cómo fomentar una economía productiva, no rentista, a partir de la renta petrolera? ¿Cómo contribuir con la instauración de un clima democrático en una comunidad histórica donde el mito del caudillo está vivo? ¿Cómo crear instituciones en un país rabiosamente individualista? ¿Cómo hacer de la educación un puente de plata de la igualdad, y de termómetro meritocrático, en una sociedad heredera del mito del pícaro?

Tengo la seguridad de que entre los muchos venezolanos que tienen respuestas a estas interrogantes, Petkoff se distingue particularmente para la tarea. No me parece que sea este el momento de extraordinarios jóvenes amigos míos, que no esconden sus aspiraciones. El hombre de la circunstancia es este político signado por el fervor en sus años mozos, y por la sindéresis en estos de su madurez. Dije político, no dije gerente, ni dije político en formación. La gravedad de lo que está en juego en el país hace necesario un hombre de la entidad de Teodoro. Las amenazas contra el proyecto histórico nacional (la democracia), colocan el balón entre dos concepciones enfrentadas: una intensificación de la confiscación de los espacios de la libertad, desde el proyecto militarista-autoritario de la izquierda pre-moderna; y otra desde la asunción de la libertad y la democracia como principios inalienables y raigales. Estos últimos los representa Petkoff desde hace mucho tiempo, desde aquellos años finales de la década de los sesenta cuando partió lanzas contra el stalinismo, a favor de una izquierda que no estaba dispuesta a sacrificar la libertad en aras de ningún espejismo.

Chávez, hasta ahora, ha demostrado transitar otro camino: el del autoritarismo, que en ofrenda de valores “revolucionarios” va confiscando los espacios de ejercicio libre de la nación, reduciéndola al mínimo, y haciendo del Estado el único actor de la vida social. Allí está Cuba, que no es un cuento chino, para saber en qué consiste el proyecto al que la mayoría de los venezolanos dice “no” en las encuestas. Creo interpretar que lo que vemos en Petkoff es la posibilidad de construir un país en el que la dinámica social esté signada por la confianza, y caracterizada por la recuperación de la política como práctica de convivencia pacífica, una vez que las rupturas “revolucionarias” no han hecho otra cosa que desgarrar al país y sumirlo en difíciles compromisos para su crecimiento económico.

No se me escapa que las condiciones electorales no son las mejores, pero ello no impide que quienes buscamos un cambio creamos que la persona para adelantarlo sea Petkoff, y en la medida en que todos acompañemos sus pasos, la posibilidad de que las condiciones electorales mejoren será proporcional a la voluntad de los seguidores de su candidatura. Faltan muy pocos meses para las elecciones, cualquier dilación juega a favor de la estrategia que maneja el gobierno según la cual, lo mejor es postergar el clima electoral lo más que se pueda. Los venezolanos no exigimos otra cosa que se cumpla con el estatuto legal electoral, de manera tal que la voluntad de la mayoría se respete. Queremos otro país, queremos un cambio. El futuro no puede continuar en brazos de una quimera que fracasó cuantas veces se intentó por el camino equivocado.

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