Opinión Nacional

Tiempo de Cosecha

“Puntos sobre la U” fue el libro donde presente mis ideas sobre la universidad cuando ofrecí mi nombre para Rector de la ULA en 1996. Uno de sus capítulos es “La Universitas Estudiantil” donde decía que “la juventud es un fenómeno generacional con una conducta que reacciona a los estereotipos de sus mayores. Que es parte de la juventud la lucha para definir nuevos modos de conducta que sean importantes para el despliegue de la vida por venir. Es una época donde es relevante la pregunta de aquello universalmente importante para la vida humana. En ese contexto, cabe el escepticismo sobre casi toda autoridad y una actitud mental anti-institucional.

El estudiantado es un grupo social, policlasista cohesionable por la juventud que toca a las puertas de las universidades con el fin de estudiar, aprender y reproducir los hombres que poseen los saberes acerca de lo natural, lo tecnológico, lo humanístico y lo artístico. No tienen otra tarea que la de estudiar, que es su lucha.

Como profesores sabemos el rol que jugamos en el restablecimiento posterior de ese sentimiento sobre la legitimación de la autoridad y sobre la aclaración de la alternativa institucional rechazada. Si nosotros fuimos parte de las primeras generaciones desacralizadas, las nuevas han llegado a creer que toda experiencia es permisible e incluso deseable. Los percibo abrumados por una sociedad que les imponen nuevas formas de especialización, de adiestramiento, de nuevas jerarquías y organizaciones. Son hijos de un divorcio violento entre cultura y sociedad. Solo ven en los media y en las tecnologías un lazo de unión entre una nueva cultura y nuevas formas sociales. (Y el autócrata le cierra a RCTV, lo que hace dispararlos). Por eso son sujetos de mayores tensiones e incertidumbres relativas a su posterior acomodación con la sociedad durante su vida de adulto. Viven en creciente incertidumbre”. Les proponía “repensar lo de estudiar y luchar en esa perspectiva de modernidad”. Y les indicaba como “fuentes de identidad, a fin de reducir incertidumbre sobre el futuro, en la orientación científico-tecnológica, en la humanística y en la artística. Se encuentra la identidad en el adulto cuando nos convertimos en lo que hacemos. Y a la vez sabemos los adultos demasiado acerca de los peligros de ese abuso de acomodación y sus formas de alineación. Por eso la Universidad solo puede ser casa de excelencia para que en ella se reproduzcan los mejores jóvenes del país. Casa fuerte para reproducir la búsqueda de lo óptimo y de lo permisible en el orden ético. Casa de salvación de la exigencia impuesta a los jóvenes por la sociedad moderna – y aquí por esta bazofia bolivariana – de tener que ser humanos sin ilusión, amadores sin idealismo, éticos sin pasión moral, políticos sin decir mentiras. Personajes de la edificación de un mundo sin utopías, donde nuevos comienzos ya no son posibles. Casa para el discurso de los que saben lo que están haciendo, los especialistas del poder; casa para el discurso de los que saben lo que están diciendo, los especialistas del saber; y casa para los que saben lo que están creando, los especialistas del arte”.

Este era mi mensaje a los estudiantes en la década pasada. Hoy más que nunca me considero que lo han entendido. Pero no me entusiasmo. Mi satisfacción es parecida a la gallina que mira sal. El movimiento estudiantil ha dejado atrás la heteronomia de los partidos y los intereses externos. Le ha dicho no a la simpleza revolucionaria del milico no educado y ha abierto los cauces para recuperar la patria abierta, libre, democrática que se labra un futuro con más certidumbre que lo que labraron sus mayores, que fracasaron rotundamente. Chávez, los estudiantes te están diciendo que eres tu el que debe callarse de una vez por todas. Nada tienes que decir. Lo que has mal dicho ha hartado hasta a los jóvenes.

Esta la sociedad a la espera de la manifestación de los trabajadores del sector transporte. Cuando digan algo, se le van a arrugar las medias. La mayoría democrática ha dejado a un lado el silencio. Es una mayoría que habla. Chávez escucha. Se te acabo el tiempo de la palabra. Te toca ahora hacer lo que el pueblo manda.

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