Opinión Nacional

Tiempos de reflexión

En estos tiempos de pugnaz confrontación donde observamos duros enfrentamientos entre hermanos y familias, pueblos y naciones que pareciera no dar tregua ni al entendimiento ni a la paz, bien valdrían un par de breves reflexiones para resaltar el verdadero valor que motiva nuestra existencia y que eleva muy por encima el espíritu sobre la materia o dicho en otras palabras, el alma sobre el cuerpo. A mis años que tal vez no sean muchos pero no pocos para alegrarme de haber sufrido lo que he sufrido o gozado lo que he gozado, porque siento que una inalterable paz baña mi alma y esto me ha enseñado a comprender y tolerar a los demás. El padecer deja en uno huellas mas profundas que el placer, por eso, el temple de tu ánimo tienes que forjártelo tu mismo, no es algo que se coloque en una cuna como un mágico regalo de hadas. Tienes que ir construyéndolo día a día, pieza por pieza como una armadura brillante y sólida. Solamente de ti va a depender que tu carácter sea flojo o recio, estéril o fecundo, superficial o profundo, fuente de dichas o simplemente manantial de aflicciones; de ti y de las ambiciones que alimentes, de los pensamientos que albergues, de los ideales que te propongas, de las emociones que te dominen o de las razones que te obliguen, solo de ti y de nadie mas dependerá que el futuro te alcance feliz o desdichado. Pienso que la mayor y mas meritoria empresa del hombre es ese inacabable trabajo del propio perfeccionamiento, ese viril y difícil aprendizaje de la ciencia suprema del bien vivir. En esta vida compleja y complicada que llevamos de constante lucha de valores y virtudes versus antivalores y defectos, todo cuenta y tiene su efecto y su precio en ésa obra misteriosa y continua de la propia formación; la llama del odio que no se apagó a tiempo (perdonamos pero no olvidamos), el resentimiento que se dejó crecer, la negligencia que fue invadiendo y paralizando poco a poco los resortes de nuestra actividad, la mentira que manchó el labio y encanalló el alma o la idea perversa que nubló la mente y frente a ésas causas manifiestas o latentes de envilecimiento, los agentes poderosos y la fuerza vital de auto-educación espiritual se impondrá siempre. Todo acto heroico de dominio de sí mismo, toda prueba de fortaleza moral, toda confesión; por penosa, difícil y humillante que sea de la verdad, verá la recompensa en la quietud de conciencia y tranquilidad de espíritu del valeroso que se arriesga por encontrar el bien. Hay que tener a mano y acudir a las páginas confortadoras de la historia de esas almas de elección que ofrecieron al mundo el ejemplo sublime de sus luchas, aspiraciones y sacrificios, cuando en nosotros asome con tentadora y engañosa faz el pérfido monstruo que invita a la indolencia y formule su insidiosa pregunta: ¿Por qué luchar? si no vale la pena. Viene al caso, a manera de ilustración un magnífico pasaje del Manual de Epicteto, un casi desconocido filósofo griego del siglo I, cuya vida es uno de los blasones de la estirpe humana, el cual dice así: “Recuerda que en toda fiesta hay dos convidados a quienes agasajar: el alma y el cuerpo; y que perderás cuanto des al cuerpo, más conservarás por siempre lo que des al alma”. Este consejo tiene tanta relevancia porque su autor es uno de los más vivos ejemplos de la lucha tenaz contra la adversidad. Epicteto fue esclavo; adoleció de una fea y repugnante cojera; vivió en estrechez y miseria extremas, y sin embargo, proclamó, en medio de sus vicisitudes y sufrimientos, el señorío inmortal del alma sobre el cuerpo, conquistó y dio al mundo, como una lluvia de granos de oro purísimo, preciosas máximas que han servido para sostener y alentar y hasta consolar a millones de mujeres y hombres que, en una larga cadena de siglos, han emprendido la ascensión difícil hacia las cumbres más altas que se pueden alcanzar al espíritu purificado de la terrenal escoria. Es posible que alguien pueda tildarme de comeflor o filosofista, pero cuando vivimos los avatares de un materialismo desenfrenado, es más que necesario y pertinente encontrar nuestra verdadera esencia en esta vida tan corta, pues si bien es cierto que el mundo está lleno de problemas, sufrimientos y maldad, no es menos cierto que está lleno también de la belleza y la perfección de las almas que se afanan noblemente en remediarlos y superarlos; por eso, creo que esta segunda posibilidad, la cual subyace en lo mas profundo de nuestro ser, deberá imponerse para construir un hogar, un país y un mundo mejor con el que siempre hemos soñado.

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