Opinión Nacional

Tres escenarios

M ás que el futuro del país, los resultados del 26S influirán en el rumbo del proceso castrochavista. Al margen del conteo de los votos que definirán la composición de la Asamblea Nacional, habría que tomar en cuenta que estos no emanan de una competencia equitativa ni transparente.

Favorables o desfavorables, ellos son el fruto de una consulta signada por el ventajismo, interferida por una estructura fraudulenta y una matriz de miedo social estimulada durante años.

De allí que la valoración y los análisis que se hagan de los resultados en función de estrategias hacia el futuro deben consultar una variable que no se da en las elecciones democráticas. Grosso modo, ¿cuáles serían los escenarios?:

1) Si el derrumbe del chavismo y los niveles de insatisfacción popular se tradujeran en votos, el proyecto de Chávez sufriría una aplastante derrota que pondría término a una costosa aventura histórica.

2) Si la votación general favoreciera las opciones democráticas (tomando en cuenta que su fortaleza está concentrada en los circuitos de mayor población), incluso obteniendo el chavismo la mayoría de los diputados en la AN, se trataría de un revés político irreparable. Se pondría en claro que el oficialismo dejó de ser mayoría (argumento con el cual se ha neutralizado a la oposición), pero, además, ello tendría un claro efecto revocatorio de la propuesta totalitaria en marcha.

3) Si el chavismo triunfa y obtiene una proporción apabullante de parlamentarios, el hecho se interpretaría por éste como un poderoso aval para el socialismo del siglo XXI y procedería entonces la llamada «radicalización del proceso». En cualquier escenario, el régimen endurecerá sus políticas pero en la última hipótesis lo haría sin mayor contrapeso. Un cuadro semejante plantea un dilema para los opositores.

Se habría demostrado que la política de acumulación de fuerzas mediante sucesivos eventos electorales no opera con igual eficacia en los espacios de un modelo totalitario. Por supuesto, siempre queda la opción de la sorpresa. Ya Mao Tse-tung solía decir que «el imponderable es la única ley que existe en la guerra».

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