Opinión Nacional

Trinan los pájaros bravos

Es bueno como terapéutica a la salud de una república mantenida con promesas y mentiras, usurpada por filibusteros y narcoladrones, el cantar de los pájaros, pero muy particularmente el de los «pájaros bravos».

El trinar de los pájaros, los bravos insistimos, es para el gobierno falsario y corrupto como el zumbido de las abejas, les da miedo; saben que la jaula es grande y hay muchos capaces de hacer lo mismo que el ave acorralada «capuchino de cabeza blanca», científicamente apodado apontis pavarotis spinus. Este sonido de las abejas, los cineastas lo han utilizado a menudo para ambientar los momentos preliminares a una escena de terror. Y funciona. Si lo sabrán ellos ahora mismo, reseñados por el Bel Canto del pájaro bravo y bravo pájaro, aterrorizados por la técnica vocal de este ejemplar escapado de sus jaulas que los puede hundir en una cárcel gringa para purgar sus abominables delitos; habiendo condenado a numerosos inocentes y honrados venezolanos a pagar penas por hechos que no cometieron y destruido a familias enteras, incluyendo a niños que eran pequeños y crecieron humillados visitando los antros donde encerraron a sus padres o madres, separados por estos canallas, privados de su amor y protección.

Hay varios criminalistas y medioambientalistas de este tipo de cantos u óperas que definen este estilo como una ornamentación florida y considerable, señalando que una clara voz tan potente como el «apontis pavarotis spinus», abre caminos de rápidas escalas y cadencias que podrán reunir un coro con posibilidades de conformar un orfeón en corto tiempo, tratando de esclarecer el mundo antinatural del que formaban parte y que afectó a infinidad de personas, instituciones, el patrimonio y la dignidad de una república. Todavía hay mucho que escuchar y aprender, sostienen, sobre el poder de algunos sonidos específicos de los que desean conservar su putrefacta piel y plumífero esqueleto y así tentar a sobrevivir a un destino fuera de una jaula.

Habrá que esperar si el efecto del cantor de moda en el Carnegie Hall, produce una reacción reparadora, sin hacernos ilusiones, pero debería empezar a estallar en desbandada y extenderse también a las personas que no están predispuestas a seguir hasta el naufragio al tinglado nauseabundo que se dirige sin remedio al fondo de las aguas negras de sí mismo. Observaremos muy atentos, si el valor terapéutico del trinar de los pájaros «arrepentidos», es respondido en repulsa a lo inaceptable por esa enorme parte ingenua de nuestro pueblo que sigue fiel a una esperanza farsante y fallida y le cause el escozor y rechazo que demanda la gravedad de inocultables verdades. En lo fundamental se trata de una nación en coma, impropio sería explotarlo con intenciones meramente opositoras. El país está podrido. Las elites políticas e institucionales del chavismo, hombres y mujeres, civiles y militares, están mas cerca de servir a los carteles de las drogas que de un programa político; a perseguir inocentes y aplastar con el poder del Estado a quienes les entorpezcan su necesidad de conservarlo, para protegerse de sus fechorías y continuar en ellas.

Ni revolución ni redención. Ha sido una fría operación expropiatoria del Estado por una inédita modalidad de delincuencia organizada.

 

 

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