Opinión Nacional

Un Alo Presidente en Venezuela

Para bachaco chivo, para reforma tuyero.

En vista del éxito del Alo Presidente realizado en Cuba y de la invitación para que se realice otro en Nicaragua y seguramente lloverán las invitaciones, sería bien interesante que el teniente coronel que gobierna varios países suramericanos y caribeños, o por lo menos los financia, realizara uno en su tierra natal. No me refiero a Sabaneta sino a Venezuela. Me explico.

No es que el felón barinés no haya realizado ninguno de sus ya casi 300 Alo Presidente en territorio nacional, claro que los ha hecho. Me refiero a que desde hace ya muchos años no realiza uno en el país y con sus realidades. Sus Alo Presidente realizados después de la paranoia del magnicidio y de haberse autoproclamado salvador del mundo e investido de la gloria de los héroes inmortales y asumido la herencia de nuestros libertadores, han sido muy, pero muy alejados del acontecer nacional. Ha dejado de ser un “reality show”, como alguien lo tituló, para ser un “fiction show”, a lo estilo de “un mundo feliz”. Cada programa supera al anterior en duración. Cada programa les cuesta mucho más dinero a los venezolanos. La escenografía del programa es pura utilería. Él, el supremo, el caudillo, bien alejado del auditorio, rodeado por varios anillos de seguridad, cubanos la mayoría. El auditorio formado por ministros, viceministros y demás funcionarios públicos y del partido único y militares asalariados, muchos militares activos y menos activos, escogidos entre sus más allegados y leales servidores, previa revisión a fondo de que no porten ningún tipo de armamento, ni siquiera corta uñas, ni grabadoras, video cámaras o celulares. Que tengan una vejiga de una capacidad tal que les permita estar muchas horas sin ir a desocuparla. Que sean unas especies de injertos entre fakires, camellos y avestruces. Que muevan sus manos cuales focas amaestradas obedeciendo al cartel apuntador de “aplaudan” y emulen a las hienas a cada chiste o comentario soez del animador del programa. La parte más alejada de él, el caudillo, en el auditorio la conforman un grupo de lo que la revolución llama pueblo, es decir gente traída “voluntariamente” después de haber sido chequeados en la lista Tascón y Maisanta, sometidos a un proceso de adoctrinamiento revolucionario parecido al método que usaban los norteamericanos para sus tropas antes de ser enviadas a Vietnam, con la mitad de la paga y la promesa del pago completo al finalizar el programa y según su comportamiento y claro, la extrema requisa, justo antes de entrar al recinto. Alguien me informó que tuvieron que desistir de la revisión de los antecedentes penales porque tuvieron algunos problemas especialmente con los altos funcionarios asiduos asistentes. El guión del programa elaborado con el mayor cuidado. Seleccionando quien va a hablar, qué va a decir, cuando lo va a decir, Bueno en esto ha habido algunas fallitas que le ha costado el cargo a muchos de los allegados.

El programa yo lo oigo y luego lo veo. Me explico. Regresando de oír la Santa Misa, comienzo oyéndolo, vía radio del auto, claro que esa primera parte no la capto muy bien gracias a los reclamos permanentes de mi señora: “Iván te vas a enfermar”. Luego al llegar a mi hogar continuó con el programa vía TV. Por cierto que lo bueno de los programas del teniente coronel, incluidos discursos en actos oficiales y demás cadenas, es que uno puede tranquilamente ir al baño, prepararse un taquito, oír los reclamos de la costilla, atender una que otra llamada telefónica y hasta repasar la prensa o leer parte de un libro, y no se pierde el hilo de la perorata presidencial. Los programas son del tipo calco, con uno que otro agregado de domingo en domingo. Siempre hablando en futuro plus cuan perfecto o imperfecto según Bello. Promesas y más promesas, maquetas y más maquetas. Haremos, seremos, tendremos, iremos. Bolívar dijo. Y otro prócer también dijo según la época y el país donde se realice el evento. Historiografía según su leal saber y entender. Los saludos a Fidel y a algunos invitados especiales, traídos vía aérea en primera clase y alojamiento VIP. No faltan las amenazas a la oposición y a los disidentes y claro, Bush no se salva. También regaños a uno u otro colaborador que siempre tiene la culpa de lo que él, el caudillo, no pudo o no supo hacer. Y anécdotas familiares y personales, en  especial de lo que quiso ser y no pudo ser. Lo agregado o novedoso son los anuncios de destituciones o encamburamientos y algún anuncio de aumento de sueldos, que en las mas de las veces no se hace realidad, para algún sector que haya estado reclamando muy seguido o que se acerque algún proceso electoral, que los tenemos como sorgo.

Esos son los Alo Presidente. Pero quisiéramos ver un Alo Presidente de carne y hueso. Oírle hablar sobre la inseguridad, la escasez de alimentos, la corrupción de sus colaboradores, el porqué gasta la plata nuestra afuera y aquí pelamos esférica, el porqué se compra tanto armamento y se reparan menos colegios. Y alguna explicación racional de que diablos es eso del socialismo del Siglo XXI, con qué se come como diría un antiguo colaborador suyo y permitir una que otra llamada sin que sea filtrada, mas o menos como hace su contraparte Leopoldo Castillo. Y un baño de pueblo, pero pueblo de verdad, verdad no importa que aparezcan en alguna de las listas. Y con presencia de las cámaras de Globovisión, RCTV y otros. Simple, no?

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