Opinión Nacional

Un nuevo autobús está por llegar…

. Suena un poco rudo, dicho de esta forma, pero es así, así de simple. Me refiero por supuesto a la posición que cada venezolano guarda con relación a la política, más específicamente refiero la óptica con que cada quien analiza este proceso revolucionario que intenta adentrarse en nuestras tripas. Estar a favor o en contra no guarda relación sobre su actitud personal, guarda relación, más que con la acción, con su pensamiento particular acerca de los actos de gobierno y los acontecimientos diarios. Mucha gente adversa lo que sucede de una manera pasiva, sin hacerlo saber a los cuatro vientos. Ejerce pensamiento sin ejercer acción. Tal vez de esta connotación se derivan esas clasificaciones de blandos, duros y los famosos ni-ni.

Regreso al principio. Cada venezolano tiene una lectura particular de lo que está sucediendo. Cada venezolano tiene a su alrededor a más venezolanos, que también observan, disciernen, reflexionan, meditan y sacan su propia cuenta. Usted puede ser muy fanático de una posición, pero cuando usted observa a su alrededor que el autobús se está vaciando de a poquito, duda de su propio fanatismo y duda acerca del lugar en donde se encuentra la verdad de las cosas. Hay muchas personas que se han bajado del autobús, silenciosamente, sin gritos, sin alardes, sin tan siquiera hablar del asunto, han cambiado su manera de pensar, sin generar ninguna acción visible. Es un cambio interno, que sólo dejan saber a alguno que otro allegado. Es así como si usted decidiera abandonar al Magallanes, no sale dando carreras por la calle para que el vecindario se entere de su “fracaso” personal. Con el tiempo, usted se cambia de lugar en las gradas y se sienta en la barra de los Leones.

Lo invito a pensar en lo siguiente. Cada día habemos más gente afuera del autobús. No lo digo yo, lo dice el organismo que cuenta los votos. Hemos ido creciendo sin que nos hagan un favorcito expresado en una lavadora, un kit de marcha, una misión o un bono electoral. Esto es un hecho que nadie objeta, ni tan siquiera el gobierno, simplemente somos más. Hemos sumado a nuestras filas a personas que antes solamente observaban y ahora –en un cambio de actitud- se mueve a las mesas electorales para expresar su opinión. Abandonaron al Magallanes y ya se dejan ver en las gradas del Caracas. Todavía no gritan cuando hacemos un doble play. Abandonaron al Magallanes cansado de escuchar promesas acerca del futuro campeonato que iban a ganar. El futuro se ha vuelto pasado.

Nuestro país está cada día peor. Más feo, más sucio, menos productivo, con menor capacidad industrial, con menos dinero. Con más corrupción, con menos muestras de progreso y eficiencia. ¿Quiere una muestra? Le sugiero que se dé una vueltita por el edificio de nuestra compañía petrolera en la Campiña o el de la Electricidad de Caracas. Lo que está a la vista es un poco de lo que está revolución está logrando con su accionar. A este autobús, se le está cayendo la pinturita roja, se le ve el oxido en cada esquina. En algunos lugares le han puesto un afiche rojo, para cubrir el daño. El sol no se tapa con un dedo.

Una gran mentira no se sostiene en el tiempo. Tendremos de regreso a nuestro país en cualquier momento, pues habemos más gente en la parada, que en el propio autobús. Los que quedan todavía se bajarán de un momento a otro para que todos esperemos un nuevo autobús que no tenga afichitos llenos de mentiras. Se sorprenderán de lo cerca que está ese día.

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