Opinión Nacional

Un país de abusadores

Esta semana hubo varias manifestaciones para reclamar injusticias y presionar por reivindicaciones sobre las cuales pareciera imposible obtener respuestas por los canales regulares de las audiencias y los trámites administrativos.

En una de esas protestas, centenares de motociclistas mostraban su indignación por los abusos policiales. Gritaban “¡policías corruptos!”, “¡policías abusadores!”.Trancaron la autopista Francisco Fajardo a pleno medio día para llamar la atención sobre el maltrato que reciben de envalentonados funcionarios que los pegan contra la pared, les piden “cédula” en medio de unas cuantas palabrotas, les revisan hasta el tanque de la gasolina porque al motociclista lo prejuzgan por malandro, les piden constancia de trabajo como si fuese pecado para los desempleados andar por las calles. En fin, les hacen sentir el rigor de la “autoridad”.

Ocurre, sin embargo, que el motivo que desencadenó la protesta no fue el diario extralimitarse de cuanto policía se les atraviesa. Resulta que en esta ocasión la Policía Metropolitana, PoliCaracas y la policía del Municipio Sucre cumplían con su deber. Detenían momentáneamente en la vía pública a los conductores de motos para constatar la propiedad de esos vehículos, para chequear si las placas se corresponden con los documentos o por qué circulan sin matrícula. Eso no le ha gustado a un grupo que cree que su condición de humildad les exime de cumplir con sus deberes ciudadanos.

No les falta razón en acusar a los policías de abusadores porque por culpa de unos cuantos agentes que andan sin uniformes, matraqueando, con sus pistolotas al borde de la barriga, en motocicletas sin placas y sin identificación, burlándose de los semáforos, comiéndose las flechas y usando las aceras como pistas de carrera, se acusa a todos de irresponsables. Así pasa en todas las actividades, pagan justos por pecadores.

Policías abusadores hay por montón. No hay duda. Pero es irónico que cuando ponen un poco de orden el tiro les salga por la culata. Y que los acusadores sean justamente quienes andan serpentineando a toda velocidad por las avenidas, exponiendo a otros conductores a accidentes que pueden salirles caro. Muchos de esos motociclistas conducen sobre las aceras, obligando a los peatones a caminar por las calles. Se tragan las flechas. Andan sin luces. Algunos hacen el ruido que les da la gana y andan con escape libre, contaminando a todo dar. Manipulan con la excusa de no tener recursos económicos para arreglar sus unidades y los demás tienen que aguantar sus abusos.

Y por el camino del abuso el país se desmorona. Gandoleros y camioneros que hacen desastres en carreteras y autopistas, que manejan unidades sin luces ni “stops”, con lo que queda demostrado que las alcabalas están de adorno. Automovilistas que se estacionan sobre las aceras o trancan a cualquiera con el cuento de que sólo se tardan cinco minutos. Contratistas que dejan todo por la mitad, bien sean restos de árboles sin recoger o calles raspadas sin asfaltar, después de haber cobrado sus adelantos y “valuaciones”.Dios libre que alguien les llame la atención porque entonces buscan a los defensores de la “empresa privada”.

Alcaldes que para dárselas de chéveres trancan calles y avenidas para bailoterapia o para que veinte seguidores monten bicicletas, pero tienen abandonados los campos deportivos, los parques y los programas recreativos. Autobuseros que se paran cómo y dónde les da la gana. Cajeras que siempre le quedan debiendo cien bolívares al consumidor porque no tenían “vuelto ni sencillo”. Los vivos que se paran en los puestos para los impedidos. Los fumadores que en ejercicio de “su libertad” le echan el humero encima de la sopa o del postre.

Abusadores sobran. Allí está el Fiscal que se escuda detrás de su cargo y sus fueros para morbosamente recrearse con la escena del crimen que, según él, se encontró en la muerte del sacerdote Jorge Piñango y así cobrarse alguna afrenta que tenía pendiente con la Iglesia. Así está el país.

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