Opinión Nacional

Un país, no una farsa

Un país donde vivir en paz, sin miedo a una bala que nos corte la vida. No una farsa en la que luego de 14años de violencia (más de 150 mil asesinatos, 92% impunes), el heredero espurio anuncia que en «dos,tres o cuatro años» acabará con la inseguridad creada por ellos. En tres meses de (des)gobierno, Nicolás suma más de 4 mil homicidios. Su «revolución» ha hecho que de 4.550 crímenes en 1998 hayamos llegado a 19 mil en 2012 (67 por 100 mil habitantes, de las más altas del mundo y 130 por 100 mil en Caracas, tercera ciudad más violenta de América).

Un país con una economía estable y poca inflación, donde el trabajo productivo y el respeto a la propiedad y las leyes sean garantía de ascenso para todos. No esta farsa que golpea a la población con una inflación interanual de 30% (de las más altas del mundo), y en apenas tres meses de interregno de Nicolás, 12% de inflación, 46% de devaluación del bolívar en febrero y una cifra oculta, quizás mayor, en marzo, con el SICAD; un dispendio fiscal sin control y dádivas a gobiernos «amigos», como caldo de cultivo para injusticias mayores a las que se pretende resolver.

Un país sin presos políticos, sin miedos. No esta farsa de «políticos presos», presos del régimen, sin causas sustanciadas, cuyo maltrato también recae en todos como mecanismo de intimidación.

Un país donde el trabajo esté amparado por convenios colectivos acordados en mesas tripartitas. Un país donde la libertad y el fuero sindical no sean mera declaración sino observancia de la ley. No una farsa en la que los convenios llevan una década sin discusión y se inventan centrales obreras para quebrar el movimiento sindical, mientras sus líderes son presos o ultimados en una labor de sicariato sindical sin precedentes: más de 350 trabajadores y líderes sindicales asesinados entre 2005 y 2012.

Un país donde la educación sea clave de desarrollo, con docentes bien preparados y remunerados,estudiantes motivados, planteles docentes bien equipados, universidades e institutos científicos de primer orden, un país de excelencia y méritos académicos. No la farsa de fabricar graduados que con fundada ilusión se enrolan en cursos cuyos contenidos se orientan más al adoctrinamiento ideológico que a las materias propias del ramo y que los hace víctimas de un fraude académico para inflar cifras en estadísticas sin valor.

Un país que sea gobernado por alguien con práctica en cargos ganados con votos que respaldan un trabajo sostenido de progreso y paz para su pueblo, Venezuela. No la farsa de quien llama a cumplir con el occiso, creyéndose merecedor de un derecho monárquico de sucesión, sin apoyo de una gestión que lo avale como gobernante, más allá del amparo bochornoso de un espectro y un gobierno extranjero.

Por eso y más, mi voto será por Henrique Capriles Radonski. Te invito a seguirme.

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