Opinión Nacional

Un pana y un maletín

Dirán algunos que es un trapo rojo. Y sin duda lo es. Vaya si lo es. Rojo, pero que muy rojo, es el asuntillo del maletín en el cual se transportaban 800 mil dólares, de los de verdad, de los verdes verdecitos. Ochocientos mil dólares, que vienen a ser como 3 mil y tantos millones de bolívares, que no son tres conchas de ajo.

El “affaire” lo fueron develando de a poquito los periodistas de Argentina, luego que funcionarios de la aduana de Aeroparque detectaron el cargamento de billetes. ¿Lo detectaron como parte de un procedimiento regular, o alguien dio un pitazo? ¿De dónde provenía semejante montaña de dinero? ¿Cuál era su destino?

Con este gobierno, uno piensa mal, y acierta. Y se enfrenta a permanentes paradojas. Porque paradoja es que un gobierno se haya montado en el coroto a punta de ordeñar un discursito de lucha contra el despilfarro y la corrupción. Este gobierno vendió que sería un adalid de lucha por el deber ser. ¿O no? Este gobierno vendió que sería transparente en su gestión. ¿O no? Vendió que se acabarían las “cajas negras”. ¿O no?

Que el presidente de Pdvsa le pida al presidente de Enarsa que le dé la colita a funcionarios petroleros venezolanos ya es, de suyo, un pelón serio, porque eso coloca a Venezuela en posición de minusvalía ante una empresa con la que está haciendo negocio. Eso lo sabe cualquier novato en la materia. Que cada quien pague su cuenta, para que a nadie le cobren la cuenta. Eso es un axioma en el mundo de los negocios serios.

Pero el asunto no quedó allí. A la petición de la colita de Enarsa, hay que sumar otro exabrupto: que al grupo de viajantes se sumara un hijo de un vicepresidente de Pdvsa. Eso además es pecado de peculado, porque ese hijito no viajó en ese avión fletado por Enarsa porque fuera a fungir de asistente de vuelo o mayordomo. Voló en ese pajarito porque es hijísimo de un jerarca de la estatal petrolera venezolana, que no es propiedad de un individuo, sino que pertenece al estado venezolano y, por ende, al pueblo venezolano.

Hay más. El comunicado de Enarsa, liberado el miércoles 8 al final de la tarde, da cuenta de los viajeros y apunta que uno de ellos fue un “acompañante”. Tal acompañante fue un tal Guido Antonnini Wilson, un pana pues. El pana se montó en el avión con un maletín. Ese maletín – que contenía los 800 mil verdecitos – pasó sin problemas los rigores de los controles de salida de Venezuela, que suelen revisarle a cualquier vil mortal hasta las pestañas. Y al llegar a Buenos Aires, ups, descubren que ahí van un montonón de reales, que no fueron declarados al arribar a esa capital, según establece el procedimiento legal argentino.

Cazado en falta, el hombre, el pana, el tal Antonnini, que había dicho que el maletín contenía libros, pega un leco y dice que llamen a su embajada.

Arévalo Méndez y Chávez blablean a placer, soltando una sarta de incoherencias. Entretanto el “pana” agarra sus macundales y se pira para Uruguay, que está ahí mismito a pata de mingo de Argentina. Hay que destacar que el “pana” se fue dejando el realero allá en Buenos Aires. Es decir, ni le duelen esos cobres, lo cual es harto sospechoso. Total, es obvio que Antonnini es el maletero, no el dueño del maletín.

En Argentina el asunto no ha pasado por debajo de la mesa y ya ha cobrado víctimas. Uno de los viajeros, el funcionario Claudio Uberti (un notable pingüino), fue invitado a salir del gobierno. Léase, lo sacaron como corcho de limonada, sin derecho a pataleo. ¿Por qué? Porque un tejemaneje como éste puede afectar seriamente la candidatura presidencial de Misia Cristina, que aunque la vendan como Fernández, es la esposa del Presidente Kirshner (pingüino emperador). Misia Cristina no es del partido de gobierno. Misia Cristina es gobierno. Y literalmente duerme en la cama del gobierno.

El Ministro de Planificación argentino, Julio De Vido (pingüino mayor), aseguró que pidió la renuncia de Claudio Uberti, jefe del ente que controla las concesiones de carreteras, por haber permitido que el empresario venezolano Guido Antonnini Wilson subiera a la nave. «Se habían incorporado en el avión personas ajenas a la delegación original. Concebimos esto como un error, él (Uberti) lo admitió y obviamente le solicitamos la renuncia al cargo, que me acaba de entregar en este momento y que acabo de aceptar», dijo De Vido.

¿Y en Venezuela? Aquí esta noticia del maletinazo se suma al escándalo de las declaraciones del Padre Palmar, escándalo que pretenden meter debajo de la alfombra, porque salpica a muchos, y en particular al jefe de jefes.

Todo comienza y termina en Pdvsa, la Pdvsa roja rojita, que es la que financia bajo cuerda y sin rendir cuentas todas las tropelías y chanchullos. Esa es la verdad, la triste, patética y hedionda verdad.

Si la Pdvsa de antes era una caja negra, la de ahora es una caja roja rojita, o, más bien, verde verdecita.

Concejal El Hatillo – Un Nuevo Tiempo

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