Opinión Nacional

Una Venezuela para la nueva generación

I.- DEMOCRACIA Y CAPITALISMO SOCIAL

(Un espacio para el futuro)

La difícil coyuntura en que está el país hace que, unos mas y otros menos, nos sintamos atrapados por este presente tan angustioso. Salir de Chávez se ha convertido en una justificada obsesión porque su proyecto no fue diseñado para construir sino para destruir al país. Sin embargo, se hace necesario abrirle un espacio de reflexión a la Venezuela del futuro que no parece estar ya muy lejana  a juzgar por el cuadro terminal que  sienten hasta  las propias figuras del régimen. Por  eso hoy vamos a escribir y a pensar  un poco en la Venezuela que todos queremos: una Venezuela sin odio ni rencores, con estabilidad política y un desarrollo sustentable. Acaso es esto posible? Claro que lo es.

MEA CULPA COLECTIVO.

Pero antes hagamos un “mea culpa” colectivo. Todos hemos fallado en algo. Fallaron los políticos cuando colocaron los intereses partidistas por encima del interés nacional y asfixiaron la renovación generacional en sus cuadros. Fallaron los empresarios cuando pensaron que su negocio era lo único importante que había sin tener en cuenta que al hundirse el país se hundía también su negocio con él. Falló la Sociedad Civil que veía la actividad política como algo “sucio” de la que había que apartarse para no quedar contaminado sin caer en la cuenta que esta actitud dejaba al país  en las manos de los menos capaces y más corruptos. Todos le fallamos a Venezuela. Fue así como llegamos, una  vez mas, víctimas de la frustración, especialmente las masas, a elegir al “gendarme necesario” no obstante su ninguna experiencia para gobernarnos y sus antecedentes golpistas. Una verdadera locura solo explicable en  una sociedad que está desesperada. Por nuestra culpa…. por nuestra grandísima culpa.

POR UNA DEMOCRACIA DE CALIDAD

Ahora analicemos  la fase de construcción de un nuevo país. Este pasa porque tengamos estabilidad política y un desarrollo económico sostenido. La primera necesita del segundo y el desarrollo, a su vez,  necesita de un marco de estabilidad política, o sea, ambos se complementan y son necesarios para que podamos tener ese país que todos por igual, pueblo y masas, queremos tener. Entonces la pregunta es obvia, ¿cómo tener estabilidad política y como tener un desarrollo estable del que se beneficien por igual todos los sectores del país?

LA ESTABILIDAD POLÍTICA pasa porque tengamos una democracia de más calidad y no un simulacro de democracia. Una democracia auténtica solo será posible si tanto a los elegidos como a los electores se les exige un nivel de capacidad superior para que ambos puedan cumplir con sus respectivas funciones.

A LOS ELEGIDOS HAY QUE EXIGIRLES MAS pues no es racional que gobernante, gestor del bien común, pueda ser cualquiera ya sea un teniente coronel, un odontólogo, un buen comunicador social o un excelente cocinero. Para el ejercicio de cualquier profesión se exigen cinco años de estudios, pero el político nace graduado y con post-grado como por arte de magia. No puede ser. Por eso después ponen la torta que ponen. Por eso tenemos hoy en la Asamblea Nacional unos diputados, salvo honrosas excepciones, que lo que dan es lástima  y risa. Se montaron en el ex -portaviones y solo saben levantar la mano cuando se lo indican. ¿Cómo vamos a tener leyes de calidad así?.  Es imposible. Por eso en una próxima modificación de la Constitución habrá que colocar ciertas exigencias para ser diputados, alcaldes, gobernadores y, por supuesto, Presidente de la República si no queremos seguir “jugando a la democracia” sin llegar a tenerla nunca. Por ejemplo, al Alcalde hay que exigirle un grado de capacitación mínima  porque es el  administrador de los bienes del Municipio, el Gobernador debe haber sido antes Alcalde y para ser Presidente debe exigirse la experiencia de gobierno que tiene un Gobernador. Para que no improvisen, para que no vayan  a practicar en los cargos a costa del bienestar colectivo. Nos sale muy caro ese aprendizaje.

POR OTRA PARTE A LOS ELECTORES también hay que exigirles un cierto nivel para que puedan cumplir con la función de elegir bien a sus gobernantes y no sean engañados fácilmente por demagogos de oficio o Mesías que prometen “villas y castillos” y después que se montan en el poder solo se preocupan de vivir bien y ver como hacen para mandar varias décadas como es el caso de Castro y de su amigo. Un ciudadano que  porque  no saber leer y escribir tiene que votar por colores, cómo puede elegir bien? Cualquiera lo engaña. Habría que nombrarle un “tutor” el día electoral que no sea el activista partidista que le secuestra su voluntad como elector. Esto no es democracia. Esto es un fraude. Cada ciudadano debe tener un voto, pero puede plantearse que aquel que tenga un nivel mayor de preparación, no de riqueza, se le otorgue un voto adicional lo mismo que a quien por tener constituida una familia tiene  sin duda una mayor responsabilidad social. Esto permitiría elevar  la capacidad y la responsabilidad del elector, mejora lo que es la función  electoral y también la calidad de nuestro sistema democrático de lo cual el primer beneficiario directo será aquel sector del país de menos recursos, pues al tener gobernantes capaces tendrán mejores leyes y mejores diseñadores y ejecutores de políticas correctas para lograr el desarrollo. En resumen: tenemos que salir de este “círculo vicioso” a través del cual quienes menos capacitados están eligen a gobernantes pocos capaces que, una vez en el poder, no saben que hacer para elevar el nivel de educación y de ingresos de las grandes mayorías, lo que hace que esta mayoría repita lo mismo en una nueva elección eligiendo a los peores. De este círculo no salimos. Estamos atrapados. La democracia es entonces acusada de ser un fracaso como sistema por quienes intentan justificar regímenes autocráticos que no resuelven el problema sino que lo agravan practicando el control autoritario del poder y el paternalismo de Estado. Sometimiento  total del ciudadano, o sea, pérdida de la libertad. Lograr el consenso para elevar el nivel del elector como funcionario y la eficiencia de nuestro sistema democrático es trabajar, desde ahora, por  una mejor Venezuela.

FINALMENTE, es necesario que las sociedades  intermedias, desde la familia hasta la Sociedad Civil global pasando por las organizaciones obreras, empresariales, educativas y las universidades, sean incorporadas a la estructura misma del Estado. Esto puede lograrse creando un ente técnico  asesor del Poder Legislativo cuya consulta sea obligatoria antes de preparar y de aprobarse una Ley. De esta manera el estado podría contar permanentemente con la experiencia y la asesoría de las sociedades intermedias a fin de lograr una mejor gestión pública. Esta institucionalización de la Sociedad Civil le dará una presencia que, por otra parte bien se la ha ganado, y que deberá consagrarse también en una próxima reforma del texto constitucional. En la siguiente entrega nos referiremos a la reformas necesarias en el sistema económico capitalista para hacerlo mas solidario y también más productivo.

 

Profesor de Instituciones

Políticas de la U.C.A.B.

 

 

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