Opinión Nacional

Universitarios que despiertan admiración y respeto

Acabo de regresar de un fin de semana de un Encuentro con 50 estudiantes de periodismo. Nos acompañaban otros periodistas con experiencia en amplios campos de la política internacional, del fenómeno de la inmigración africana y con un probado compromiso en el mundo de la justicia social y de la solidaridad.

Dedicamos muchas horas al estudio de la realidad del Islam y de los aportes de la civilización árabe a Occidente, así como de la sinergia con otras grandes civilizaciones como la española, que es judeo cristiana greco romana. Sólo nos deteníamos para comer porque, hasta en los momentos de descanso, se vivía una interrelación y un descubrimiento mutuo.

Regreso satisfecho al comprobar, una vez más, el interés de tantos jóvenes universitarios por los problemas candentes de nuestra sociedad y de nuestro mundo. ¿Quién dijo que los jóvenes sólo se ocupan de divertirse, que son vagos y apáticos? ¿Quién puede denostar, desde la ignorancia o la frustración, la espléndida disposición de estos jóvenes? ¿Quién dijo que todo está perdido? Ellos vienen a entregar su corazón, como canta Fito Páez.

¿Cómo pueden explicar quienes los critican que estos jóvenes se paguen un viaje de estudios a Marruecos, después de haberse preparado todo lo que pudieron durante el año con una dedicación y un entusiasmo envidiables?
Excepto por una pequeña ayuda de nuestra Universidad, han corrido con todos los gastos, hasta de los de este fin de semana. ¿Cree alguien que han sido seleccionados por sus ideas, procedencia social o interés alguno? Han sido chicos y chicas casi a partes iguales, algunas chicas más porque esta es la proporción actual en nuestra Facultad de Periodismo. El problema para mí es que otros treinta jóvenes de diversos cursos han tenido que quedarse sin este viaje, por falta de espacio, y de fuerzas para coordinar estos diez días de encuentros con personalidades, con profesores y con otros estudiantes marroquíes. Aparte del estudio de su arte y de sus enormes riquezas humanas e históricas en las que se hunden nuestras raíces.

Hace más de veinte años hice un viaje de Estudios con unos cuarenta estudiantes de periodismo que participaban en mis Seminarios y que habían sido destacados alumnos míos. Tuvieron que asistir a conferencias y a proyecciones, a debates sobre el Islam, sobre el Cristianismo y el Judaísmo, así como a la historia de la esplendorosa Civilización árabe, sobre todo en su relación con Al Andalus. Este viaje quedó recogido en el libro “Marrakech, una huida”.

Como españoles, comprendimos que se trataba de ir en busca de nuestras más lejanas señas de identidad. Durante los Seminarios nos hicimos conscientes de que no podíamos renunciar a nuestro tercio judeo-cristiano ni al otro tercio grecorromano sin quedar desarraigados, sin señas de identidad ni capacidad para comprender nuestra cultura como europeos, y hasta como hispanoamericanos. Que esta es otra.

Pero desde hace cinco siglos (1492) nos habían arrebatado el tercio restante, el árabe musulmán en una muestra de miopía y de fundamentalismo parcial asombrosa. ¿Cómo puede uno comunicarse si nos arrebatan la plenitud de la palabra? Y si a un español le arrancaran de cuajo su ascendencia árabe se quedaría sin casi un veinte por ciento de su vocabulario. Y si nos hacen ignorar la experiencia árabe islámica no entenderíamos en su profundidad partes fundamentales de nuestra cultura: arquitectura, poesía, gastronomía, música y baile, astronomía, medicina, farmacopea, hidráulica, botánica, y un enorme etcétera. Lo hicieron con torpeza y no permitieron que experimentáramos su nostalgia, al habernos arrebatado la memoria con el olvido. Pero nadie pudo detener la ausencia que nos llama en este mundo de revolución de las comunicaciones.

Ya no soy propicio a entusiasmo alguno por eso mi criterio es público y contrastable: Regreso emocionado por ese interés, por sus preguntas, por su capacidad de trabajo y por su generosidad a la hora de implicarse en todos los aspectos de este viaje de estudios, que no de vacación alguna. Como Profesor de la Universidad Complutense de Madrid desde hace 36 años me descubro ante estos estudiantes de periodismo al tiempo que me rebelo contra tantos agoreros de desgracias, de desánimos y de incomprensión de una juventud en marcha que sabe que el mañana está en nosotros. ¿Serían muchas las personas adultas que se pagaran un fin de semana para estudiar, preguntar y prepararse para ir al encuentro de otras culturas y de otras formas de entender la vida? ¿Así como de preparase durante un año para mejor conocer y comprender, para respetar y ser admitidos por otros pueblos?
Cansado del trabajo este fin de semana robado al descanso, me siento agradecido por haber participado en una experiencia semejante. Me siento interpelado para no fallar en el esfuerzo que nos piden a los más formados, y por su justa exigencia de que seamos coherentes.

Una vez más, se demuestra que a los jóvenes si les pides poco, no te dan nada y si les pides mucho, te lo dan todo. Yo me siento enriquecido.

José Carlos García Fajardo
Profesor de Pensamiento Político y Social (UCM)
Director del CCS

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