Opinión Nacional

Venezuela un país de gente o indigentes

No es preciso tener que construir una base de datos, índices y demás, incluyendo un estudio detallado por parte de alguna prestigiosa encuestadora para determinar que los venezolanos queremos un país distintito. La vocación de cambio está presente en los venezolanos hace años y sigue intacta y tiene que ver justamente con una población y ciudadanos que conocieron y saborearon no sólo el vivir en democracia, sino además, tener buenos empleos, ingresos, salud, seguridad y otros aspectos de orden humano, cultural y espiritual, claves en cualquier sociedad, y que conforman un motivo de orgullo y regocijo y que en nuestro caso hemos venido perdiendo, no sólo por la incapacidad de algunos equipos, ministerios y personeros en planificar, organizar y solucionar problemas y demandas cotidianas paradójicamente teniendo recursos, a lo cual se le suma nuestra comodidad, indiferencia y hasta insensibilidad frente a los problemas que observamos todos los días.

La pregunta o interrogante de las 34 mil lochas es que Chávez fue electo por un número importante de venezolanos que creyeron en el cambio, en un mejor país, en mayores expectativas de trabajo, estudio, salud, calidad de vida, en un sin número de oportunidades que hoy se han venido diluyendo como igual sucede con los multimillonarios ingresos por concepto de la renta petrolera.

Los venezolanos antes y hora no queremos paños de agua caliente, improvisaciones, soluciones temporales o mientras tantos en la salud, en el empleo, en los sueldos y salarios, en la seguridad, en tener una vivienda digna, en poder honradamente y realmente progresar, jamás ni nunca podrá ser etiquetado de malo o innoble tener casa propia, un vehículo que nos lleve y nos traiga al trabajo o nos permita llevar los hijos a la escuela, poseer un seguro de HCM, en fin tener calidad y mayores expectativas de vida. Si algún aspecto grosso modo evaluó el venezolano en diciembre de 1998 al elegir a Hugo Chávez Frías, fue justamente la esperanza y materialización de una sociedad más justa y de mayores posibilidades en todos los órdenes materiales e inmateriales.

La Venezuela que añoramos los venezolanos tiene que ser un país recentrado, donde su vértice o guía sea el esfuerzo, el trabajo creador, la cultura, la disciplina de todos, la educación como elemento dinamizador y de progreso, la honradez, la responsabilidad social empresarial, el empleo formal y productivo, la disciplina fiscal, la promoción de pequeña y mediana industria.

La Venezuela que queremos tiene que ser edificada y dar cabida a los universitarios,  profesionales, productores, campesinos, estudiantes, músicos,  técnicos medios y superiores, y para usted de contar. Se nos exige  ser  un país de talento, de valor agregado, de recursos naturales bien manejados e invertidos junto a los recursos humanos, un país y gobierno que respeten la propiedad privada, y unos partidos y políticos decentes, serios y coherentes que permitan hacer de Venezuela realmente un país de gente y no de indigentes.        

(*) Profesor de la Universidad de Los Andes 

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