Opinión Nacional

Votar es elegir

En una democracia verdadera la importancia del sufragio está, más que en el hecho de votar, en la posibilidad de elegir. Cuando se vota sin que el voto sirva para que la voluntad popular, además de expresarse sea respetada, el voto pierde su valor. En la Venezuela de hoy se puede votar, pero no hay respeto por el voto emitido. Árbitros parcializados, procedimientos inconstitucionales y violatorios del orden legal y reglamentario establecido por ellos mismos, además del grosero ventajismo oficial, que en cualquier país serían criminales, peculadores convictos y confesos, han convertido estos procesos en espectáculos tramposos y fraudulentos que pueden servir para cualquier cosa, menos para expresar y respetar la voluntad popular. En estas condiciones no creemos en las elecciones programadas. Por éstas y otras muchas razones, en Alianza Popular hemos asumido la responsabilidad de invitar a ejercer el derecho a no votar el próximo 7 de agosto.

No somos abstencionistas. Nadie tiene derecho a señalarnos como tales. Todo lo contrario. Estamos convencidos de que los hechos electorales son herramientas insustituibles en los procesos democráticos. Sirven para afirmar o para modificar las condiciones políticas existentes. Presuponen transparencia, honradez, imparcialidad, respeto por el votante, aceptación plena de los resultados y de las posibilidades para verificarlos más allá de toda duda razonable, dentro de una clara línea divisoria entre las autoridades electorales y el gobierno que no significa ni enfrentamiento ni sumisión, solo autonomía y honradez en ambas partes. Nada de eso existe. Ésta no es una democracia representativa, alternativa y electoral. Estamos frente a un proceso pervertido que pretende burlar, nuevamente, la voluntad popular y unos derechos constitucionales dramáticamente caricaturizados que le impiden ser dueño de su propio destino. Queremos elecciones ahora, en diciembre, el año próximo y cada vez que sea necesario. Pero elecciones limpias, elecciones de verdad, para que el pueblo elija como quiera. Pero jamás convalidaremos estos procesos que, de manera progresiva e ilegal, sirven para legitimar la decisión de Chávez de gobernar hasta que le dé la gana.

Los venezolanos tenemos que resolver un gran dilema: aceptar mansamente las convocatorias del régimen, desde su oficina de asuntos electorales, a votar sin elegir, o resistir la conspiración oficialista que limita nuestra soberanía y el sagrado derecho a elegir libremente. La consigna es no votar. Resistir frente a lo ilegal y probadamente fraudulento. A los partidos tradicionales, nuevos y viejos, y a sus candidatos, los invitamos a no ser cómplices electorales del régimen. No vale la pena pretender colarse por unas “rendijas” para conquistar o mantener unos “espacios” que, además de subalternos, están perfectamente sitiados. Sin elecciones limpias la democracia disminuye hasta desaparecer. Está sucediendo ¿No?

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