Opinión Nacional

¿Y ahora somos tarados VeneCubanos?

Esto ocurre en medio de la acusación de estafadores e hipócritas que le hace el golpista-presidente (GP) a  las oposiciones por la tarjeta unitaria, que no puede ser única, porque eso no está admitido por la democracia electoral.
 
Al mismo tiempo se pasa, a toda mecha, del atiborramiento de noticias sobre el Rodeo II, a la Ley de los “Precios Justos” (Vía Habilitante) y de allí a  la fiesta por la aprobación unánime en la AN de la Ley Orgánica del Deporte. ¡Qué bella la democracia revolucionaria!
 
En el interín se aprueba el Acuerdo para que la parte insular de Venecuba se ocupe de la identificación-cedulación de los ex venezolanos.
 
Y el registro informativo de Últimas Noticias va de este titular: “Oriente la tuvo pancita”, a la hora de la fuga que se lee como permitida, al titular de hoy, 03/08/11: “Pran Oriente cayó mancito” para aludir a su inexplicable captura.
 
Simultáneamente los medios se distraen con las imágenes en primera plana post-quimio del GP.
 
Todo eso transcurre en una sociedad cuyo tema obligado de atención es la inseguridad y la sobrevivencia, y donde no se detiene la cuenta de los muertos.
 
Esto nos indica que estamos frente a una comunidad controlada por los medios,  los partidos y su arsenal electoralista del engaño y la perversión.
 
De ese modo se crean mejores condiciones para ocultar la realidad, en beneficio de la destrucción, sólo enfrentada con aquello de tú vas a ver que te vamos a derrotar en las próximas elecciones, aunque sigas guarecido en las faldas del tramposo y fraudulento CNE.
 
¿Y es que aquí se ejerce el oficio de la política desde la perspectiva de la programación-planes con base a ideas, proyectos y respectivos balances? Quienes detentan el poder y quienes aspiran conquistarlo ¿acaso actúan apegados a los lineamientos teórico-prácticos para la toma y mantenimiento del poder en las mismas manos?
 
En realidad, esta es una difícil tarea. Es prolija la teoría sobre la materia. Y se entiende como la ciencia que se junta al arte de y para la toma del poder. ¿Se aplica algo de esto en nuestro medio?
 
La política que se realiza aquí tiene como rasgos fundamentales la superficialidad, la improvisación, la trampa-zancadilla, el juego a la negociación y la componenda, la ambición cada vez más desmedida.
 
Una política en la que prevalece el vacío de contenidos políticos e ideológicos. La ausencia de ideas. En síntesis: una política para tarados venecubanos.
 
Lo normal y cotidiano es la diatriba, la confrontación, la refriega menuda, el llamado chisme político que alude a bajas y sostenidas pasiones.
 
Esto quiere decir que para formar parte de nuestro staff de políticos no hace falta formación. Basta con algún dominio de la escena pública y la comunicación, don de mando y apego a la escuela caudillista.
 
Y en esto juega un papel importante el sentido de la oportunidad, la viveza, la capacidad para la mentira, el engaño-demagogia.
 
En sentido general se puede afirmar que tenemos 200 años de simplismo político republicano que, en buena parte arrastra el anterior. No hay un pensamiento que en sentido estricto haya roto con el impuesto por los invasores que inician labores en 1492.
 
Son dos siglos copados por el romanticismo-positivismo-liberalismo. En las primeras décadas del siglo XX comienzan a hacer presencia en nuestro medio las ideas marxistas.
 
La disidencia socialdemócrata terminará ocupando los máximos espacios y anunciando una ‘nueva política’ regida hasta la fecha por el mayor de los pasados.
 
Y esto es lo que padecemos hoy. El bochinche, la politiquería en su mayor expresión. La socialdemocracia sigue llenando todos nuestros espacios-medios.
 
El discurso y los consabidos revolucionarios en ningún caso superan el esquema expuesto por primera vez en el Plan de Barranquilla de 1931.
 
Por esto se impone dejar registro hoy de una política que conjuga el atraso con la superficialidad, el esquematismo con la carencia de ideas.
 
Un espacio abierto para los impostores de todo cuño. Vivos, improvisadores, demagogos e incompetentes.
 
Una política en la cual la mediocridad, el desatino y la perversión  alcanza en este período su máxima expresión-poder.
 
De allí que nos encontremos al borde de la peor destrucción en un ex país en el cual estos políticos tienen en sus manos todos los comandos a disposición para cumplir con un objetivo supremo: convertir al colectivo venecubano en una legión de tarados al servicio de la imbecilidad.
 
Y a esa mayoría, que no acepta estos dos polos de la destrucción, se le quiere neutralizar llevándola al dejar hacer, a seguirle el juego a las componendas, a sembrarle falsas expectativas y en fin de cuentas, a liquidarla como fuerza que es, para enfrentar lo que hoy es una suma de tragedia y dolor.
 
¿Aceptaremos en forma impasible y procelosa este cometido? Siendo mayoría ¿habremos de plegarnos al dictamen de la tarada politiquería cívico-militar venecubana? 

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