Opinión Nacional

¿Zapatero a sus zapatos?

El desmadre del Estado bolivariano, o mejor dicho «bolivarero», como preferiría Manuel Caballero, ha vuelto añicos la antigua conseja castellana que sirve de título a estas líneas.

Y es que muchas de sus instituciones y organismos no sólo no se dedican a las tareas que le son propias, sino que incursionan en campos que le son extraños por naturaleza, lo que, en definitiva, termina por desmejorarlas y hasta anularlas.

Quizás el caso más alarmante sea el de la «nueva» Pdvsa. Atrás está quedando su responsabilidad fundacional: producir petróleo y productos refinados, tanto para la exportación como para el mercado interno, y hacerlo con niveles de eficiencia que mejoren la renta fiscal y la actividad productiva de la empresa.

No más, pues la otrora corporación petrolera estatal incursionará, entre múltiples menesteres, en la fabricación de muebles y artefactos eléctricos, amén de calzado y ropa de vestir…

Si ello se suma a la gestión directa de algunas misiones sociales del régimen de Chávez, entonces nadie debería sorprenderse que su producción de crudos esté cayendo en barrena, y que su capacidad de refinación esté tan disminuida que ahora debamos importar grandes cantidades de gasolina para abastecer la demanda nacional.

Otro tanto ocurre con el inventario de nuevos bancos del Estado, creados para dar créditos accesibles a los micro emprendedores, cuando en verdad destinan gran parte de la cartera a enjugar el injustificable déficit fiscal con la compra de bonos públicos.

¿Y qué decir de la Asamblea Nacional, que ha delegado la facultad legislativa a Miraflores? ¿O del Defensor del Pueblo, afanado en defender al Gobierno de los reclamos por violaciones reiteradas de los derechos humanos? ¿O de los tribunales administrativos, que en vez de hacer valer los derechos de los administrados se ocupan en darle siempre la razón a la voluntad de la Administración?

Y ni hablar de los extremos surrealistas, tipo el «Comando anti-secuestros» de la Guardia Nacional, al parecer más ducho en perpetrarlos que en prevenirlos. O la policía organizada para combatir el narcotráfico, ahora devenida, en no poca medida, en factor crucial de las mafias del ramo.

El ministerio del Trabajo entorpece el empleo formal, el de Comercio e Industrias Ligeras restringe la producción interna, el Banco de Comercio Exterior se ufana en rendirle culto a la memoria del Ché Guevara, y el ministerio de la Cultura se complace en «romper» con los gremios del cine nacional, al tiempo que financia películas de celebridades de Hollywood. El Seniat hace de Indecu y el Indecu no hace nada.

Todo eso, no faltaba más, en el Estado que se empeña en politizar a los militares y en militarizar a los civiles. Por el camino que vamos hasta los zapateros terminarán descalzos.

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