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¿Recuperación Económica a la Vista?

Contexto Económico

Hace unos años escribí un artículo titulado “Viendo Pasar el Tren”. Hoy día Venezuela parece enfrentarse al mismo reto de montarse o no en el tren de la recuperación económica y la pregunta sigue vigente: ¿Dejaremos pasar el tren nuevamente? Para algunos, ya se ha comenzado a avizorar un horizonte positivo luego de un muy largo periodo de contracción, seguramente el más largo de nuestra historia. No obstante, para muchos otros este camino aún no está nada claro, pues sus bases no son sólidas.

Es que han sido 8 largos años de continuada recesión económica que ha sido alimentada por una política económica de desestimulo al sector privado y un sector empresarial público en continua decadencia. Entre 2014 y 2020 la economía venezolana se redujo cerca de 80%, con el agravante de un clima hiperinflacionario perverso que hace más pesada la carga en cualquier actividad y negocio. Estos aspectos soportan la visión pesimista sobre la recuperación económica, más cuando no se han observado cambios importantes en la política económica y el contexto general del país.

Aumentar el producto interno bruto (PIB) será posible, pero hacerlo de manera continuada es el gran reto. Venezuela no necesita de crecimientos epilépticos o rebotes temporales de la economía, Venezuela necesita crecimientos de producción sostenidos en el tiempo para recuperar lo mucho que se ha perdido.  Volver al tamaño que tenía la economía del 2013  tomará tiempo, pero es posible si se rectifica el rumbo. No obstante, mientras los cambios se producen y como modo de sobrevivencia, Venezuela se alimenta en gran medida de su condición de economía de puertos ante la caída de la producción.

Vínculos Economía-Política

El inicio de unas nuevas negociaciones entre gobierno y oposición en México, una vez más, puede ser una gran oportunidad para el país, al igual que las venideras elecciones regionales de noviembre, y así comenzar a recortar el camino desandado en lo político. Ello, seguramente, redundaría en favor de la economía nacional. Negociaciones que involucren a las sanciones impuestas por algunos países puede ser una válvula de escape para todos, pero solo en la medida en que estén enmarcadas en acuerdos de mayor alcance y que estos se cumplan a cabalidad. Así, el contexto de negociación debe dar cabida para acuerdos en el orden político, económico, institucional y humanitario, principalmente.

Siempre se tienden a generar expectativas positivas sobre un eventual acuerdo entre gobierno y oposición y este proceso no será la excepción. Aunque con mucha incertidumbre sobre acuerdos que realmente solventen la crisis política del país y unas elecciones regionales y presidenciales justas, la esperanza siempre esta presente. Entendemos que, en buena medida, parte de los condicionamientos a esto está dado por la factibilidad del levantamiento de las sanciones impuestas por varios países, especialmente EEUU.

La Búsqueda en lo Económico

Una recuperación económica sostenida dependerá en alto grado de la tan ansiada estabilidad política, pero también del diseño e instrumentación de una política económica coherente que estimule la producción y la inversión dentro de una visión de largo plazo. Ello, como vía para el desarrollo y el bienestar.  

En un nuevo contexto y de cara al futuro, Venezuela debe auto exigirse la diversificación económica, construida sobre la base de lo que pueda quedarle de vida a una industria petrolera con bajo nivel de operatividad y ante las amenazas ciertas del cambio energético mundial en marcha.

Una recuperación económica siempre será posible en un país con las capacidades de Venezuela, pero hay que trabajarla día a día para hacerla sostenible. Eso solo se logra generando un ambiente positivo para los negocios con estabilidad política y responsabilidad social, pues pretender generar bienestar social sobre las ruinas de la economía es simplemente irreal.

Es cierto que se han asomado algunos cambios en la política económica, desafortunadamente  más por imposición de la realidad que por convencimiento de “los hacedores de política” acerca del camino equivocado que se ha seguido durante las últimas dos décadas. Para tener una recuperación sostenida que se traduzca en bienestar social se requiere mucho más, diseñándose la política económica en un marco integral y no de políticas parciales aisladas, pues no soportaran por mucho tiempo una recuperación sostenida con la estabilidad de precios deseada. En este sentido, la adopción de políticas al estilo de la anunciada con la 3ra reconversión monetaria para el 1 de octubre, no ayudan.  

¿Cambios Económicos en la Dirección Correcta para Superar la Crisis?

Luego de un largo periodo de escasez de bienes, de un tiempo a esta parte ha empezado a publicitarse la recuperación económica en razón de la desaparición de las filas (colas) para comprar alimentos y la mayor oferta de bienes, pero los precios se mantienen muy altos y crecientes, inalcanzables para la gran mayoría de la población. A ello, se agrega una oferta muy deficiente de servicios públicos básicos que afectan adversamente la vida normal y los negocios.

Las oportunidades existen para quienes generan dólares de sus operaciones comerciales o financieras, quienes no son precisamente la mayoría de la población. Las oportunidades que presenta el mercado venezolano no son para el ciudadano promedio, ya que la gran mayoría de la población vive escasamente para cubrir sus necesidades diarias o simplemente no las cubre, con lo que se está acumulando, cada vez más, una gran deuda social en términos de salud y educación.  

En un mercado inmobiliario deprimido como el venezolano, donde existe una amplia oferta de viviendas que se consiguen a precios “muy baratos” porque sus propietarios quieren/necesitan salir de las mismas, ¿quiénes se están beneficiando? Obviamente, aquellos que poseen musculo financiero y visión de largo plazo. Las posibles compra-ventas de vivienda reflejan realmente la recuperación económica deseable?  Algunos dirán si, otros dirán no, lo cierto es que es un reflejo de las restricciones existentes en el país.

Por su parte, las remesas han ayudado a palear la crisis social y aunque pareciera un contrasentido, a posibilitar la estabilidad política en el país, al ser estas una válvula de escape para muchos familiares de quienes han emigrado. Se ha estimado que las remesas aumentaran a US$2.300 millones este año, cuando habían alcanzado los US$1.900 millones en 2020.

Las remesas, conjuntamente con la apertura de “bodegones” (calificados por algunos como el rostro de la nueva desigualdad económica y social del país) y la reapertura de los casinos, han venido a aminorar las presiones sociales existentes y también a cubrir parte de las de orden financiero del gobierno nacional (se estima que existe un déficit fiscal de aproximadamente 10% PIB).

Sin embargo, en un escenario así, los precios se mantienen muy altos y la inflación continúa pese a la alta dolarización de facto que existe en el país. Como consecuencia, y ante la ausencia de una política salarial realista y de apoyo verdadero a la clase trabajadora, los salarios, de lejos, no alcanzan a cubrir las necesidades de la población. El salario mínimo más las recurrentes bonificaciones del Estado se los devoran los altos precios de los bienes, ya que la canasta alimenticia los supera con creces. 

Las más recientes cifras manejadas por el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM) indican que el precio de la Canasta Alimentaria Familiar (CAF) alcanzó Bs. 1.126.793.499,47 (equivalente a US$312,99) para el pasado julio de 2021. En otras palabras, se requieren 161 salarios mínimos mensuales (5.36 salarios mínimos diarios) para cubrir su costo. Por otra parte, el Cendas refirió que el costo promedio de un almuerzo para un trabajador era US$ 5 diarios, cuando el bono de alimentación se situó en Bs. 3.000.000,00 mensuales (US$ 0,83).  

Con todo lo anterior, ¿Puede hablarse entonces de una verdadera recuperación económica en el país? 

Aspectos Claves Finales

Algunas puertas pareciera que comienzan a abrirse en el país (pese a que los anuncios gubernamentales aun guardan mucha opacidad), especialmente derivadas de la interpretación de quienes entienden que se ha comenzado a transitar un proceso de liberalización de la economía vía una política cambiaria más flexible. También por los anuncios o interpretación de privatizaciones de empresas del Estado (o participación del sector privado en su administración-gestión), nueva inversión extranjera en ciertos sectores y destellos de apertura del comercio. Todo esto podría producir un rebote económico que, de ser bien orientado, consistente y con visión de largo plazo y podría llevar a resultados positivos sostenidos. Los elementos anteriores, soportados en el manejo más flexible de un tipo de cambio realista y una oferta de divisas suficiente, apoyadas en el repunte de las actividades comerciales con el exterior (incluidas las petroleras, tanto vía precios como producción-exportaciones) y el ingreso de remesas, podrían darle vida a este proceso de recuperación, pero que como se mencionó, debe contar con anuncios más claros por parte del Gobierno y, más aun, materializarlos con medidas concretas que se sostengan en el tiempo.

Es claro que las limitaciones financieras del Estado están forzando a este “vuelvan caras”  del modelo económico que se ha intentado adelantar sin éxito en las últimas dos décadas. Queda en duda si el Gobierno sería capaz de revertir este proceso (regresar al modelo fracasado) si las condiciones financieras se tornasen a su favor nuevamente, con lo cual se desandaría el camino que tímidamente parece iniciarse. Mucho camino queda por recorrer antes de que pueda afianzarse esta nueva orientación económica.

Sin embargo, sin condiciones para el levantamiento de las sanciones impuestas por EEUU y otras naciones, y la recuperación de la industria petrolera, el camino de la recuperación será mucho  más difícil. El restablecimiento de las condiciones para la venta normal de petróleo, el levantamiento de las restricciones para la realización de transacciones financieras internacionales y la búsqueda de caminos para la reestructuración/refinanciación de la deuda pública resultaran clave, no solo para aumentar la producción sino también para obtener financiamiento externo adicional en condiciones favorables, más allá del que pueda obtenerse de fuentes multilaterales y de los propios connacionales.

Todas las dificultades pueden ser convertidas en oportunidades, pero ¿cuántos “trenes” más debemos dejar pasar antes de darnos cuenta de esto?

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