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Rómulo Betancourt y la democracia venezolana

El 22 de febrero de 2016, se cumplió un nuevo aniversario del nacimiento de don Rómulo Betancourt. Su vida es rica en vivencias y obras; resumirla es labor difícil y compleja. Fue el hombre del siglo 20 venezolano. Pocos venezolanos han vivido con su intensidad y legado al país una obra escrita como la suya: cartas cruzadas a lo largo de 50 años con personalidades de Venezuela y el hemisferio, notas periodísticas y numerosos ensayos en el que destaca Venezuela, Política y Petróleo, su obra cumbre. Todas ellos fuente invalorable para el conocimiento de los hechos que componen la historia de Venezuela. Su trayectoria fue ejemplo de lucha y abnegación por el gran amor que profesó a Venezuela.

Han transcurrido 35 años de su muerte, tiempo propicio para que evaluemos la trayectoria de este venezolano que a corta edad irrumpió contra el orden injusto que negaba libertades e implicaba la sumisión del país en la miseria y el atraso.

Podemos hablar de R.B. haciendo la narración de los hechos de su devenir político y la relación de su vasta obra intelectual, pero resultaría extenso y ajeno a los fines pretendidos. Sí perseguimos, en cambio, destacar lo cualitativo de su trayectoria existencial cívica y los efectos derivados de sus numerosos documentos de gobierno, cartas, ensayos y discursos realizados desde 1928 hasta su fallecimiento. Esa obra constituye una permanente lección de pedagogía política destinada a lograr un venezolano con plena conciencia de ciudadanía.

Su sólida formación política junto a su tenacidad, voluntad inquebrantable y coraje, constituyeron cualidades para llevar al país en el rumbo del crecimiento económico sostenido, sin menoscabo de la libertad. Los cometidos de libertad y la adopción de la democracia como sistema de vida, fueron alcanzados. Gracias a esos valores el país ha resistido la agresión del totalitarismo y la intromisión extranjera en sus instituciones que, a lo largo de los últimos 17 años, ha pretendido destruir sus instituciones democráticas y revertir su desarrollo económico.

R.B. inició su vida política a los veinte años de edad, haciéndose asiduo lector y estudioso de la importancia del petróleo y de su incidencia en el futuro de Venezuela. Desde su regreso al país en 1936, intervino estelarmente en todo lo relativo al petróleo y las relaciones con las compañías, destacando su intervención en la ley de 1943 y su famoso voto salvado. Luego. En el trienio democrático impulsaría la fórmula Fifty-Fixty, y velaría por la adecuada inversión de los mayores recursos en la construcción del desarrollo.

En 1958, al frente de la primera magistratura seguiría dando atención prioritaria a la política petrolera, y al manejo racional de la ecuación precios-producción; a la relación con los demás países productores que desembocaría en la formación de la OPEP. Su visión de Estado abonaría el terreno para la nacionalización del petróleo en 1976, y daría nacimiento a la Corporación Venezolana del Petróleo, primera experiencia del manejo directo del Estado.

Desde 1936, R.B. fue un decidido impulsor de la elección del Presidente de la República mediante el voto directo, universal y secreto de todos los venezolanos, y de la incorporación igualitaria de la mujer. Lograr tal cometido político implicó romper con las formas degradantes mediante las cuales los diputados y senadores eran designados por mecanismo de segundo grado, y los presidentes en tercer grado.

Las políticas de su gobierno conllevaron la elevación del nivel social y cultural del venezolano al darle condición efectiva de la ciudadanía, sacándolo de la miseria y el atraso. El cometido de desarrollo implicaba una vigorosa economía, en la que si bien el petróleo era un inicial protagonista debía ser acompañado por una expansión industrial y fuentes de financiamiento que permitieran la participación privada, tal como C.V.F. El país recibió su Primer Plan de la Nación; inició el desarrollo de zonas industriales y la recepción de inversión extranjera. La libertad, la vigencia democrática y la promoción social del venezolano, debían fundamentarse en el sostenido desarrollo económico.

Venezuela experimentó un importante crecimiento del sector bancario, profesional e industrial; y los sectores sindicales y empresariales se fortalecieron. Tenía muy claro que el desarrollo sólo era factible bajo una concepción policlasista de la sociedad. La construcción de viviendas creció anualmente; la electrificación abarcaría todo el país y se creó el polo urbano e industrial de Ciudad Guayana. Paralelamente a la construcción de Guri, fue iniciada red vial urbana y autopistas, caminos, los puentes estratégicos de Maracaibo y Apure, y se iniciaba el del Orinoco. Se invertía efectivamente el petróleo para para la posteridad del país.

Para él la libertad ciudadana suponía estar acompañada de un proceso de instrucción y cultura Su gobierno impulsó la creación de escuelas técnicas, liceos y universidades. Creó el Inciba, órgano rector de la cultura nacional, a cuya cabeza estuvo Mariano Picón Salas.

Los frentes de acción del gobierno de R.B., en lo político, fueron muchos, tanto en lo externo como en lo interno. En el primero destacó la vigorosa política de la llamada “Doctrina Betancourt” destinada a implantar un cordón profiláctico a las dictaduras de la región. Venezuela llevó una diplomacia soberana y firme en el manejo de los intereses nacionales. Internamente, derrotó la subversión de los sectores militarista, y fue el necesario bastión que pudo impedir que la insurrección castrista se apoderara de Venezuela.

Betancourt es llamado “Padre de la democracia”, porque su mayor obra fue la de insertar a la democracia como sistema de vida de la nación, garantizar el derecho a elegir periódicamente como garantía de la alternabilidad, y de consagrar la libertad ciudadana.

Betancourt entregó un país con un franco proceso de desarrollo. La vida y obra de este venezolano excepcional merece la mayor difusión.

Miguel Gómez Muci

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