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Solidaridad con César Miguel Rondón

Debo confesar que me emocionó la serena respuesta de César Miguel Rondón (CMR) al miserable comunicado emitido por Conatel, es decir, por el gobierno, en el que se le agrede por su actuación en un programa radial donde supuestamente “se realizaron graves ofensas a la figura presidencial, a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, y en general, a las instituciones de la Nación”.

En ejercicio de su actividad periodística profesional, a la que se dedica con brillo y prestancia, CMR entrevistó al Alcalde de la ciudad de Cúcuta, Colombia, quien hizo consideraciones críticas a las medidas adoptadas por el gobierno venezolano en la zona fronteriza con el vecino país y a la forma como Nicolás Maduro ha manejado el conflicto. Conatel, es decir, el gobierno, pretendía que CMR se pusiera a polemizar con el entrevistado y rechazara sus afirmaciones y opiniones. Según informaciones que han trascendido a algunos medios de comunicación, el régimen chavista estaría presionando a los propietarios de la cadena radial “Unión Radio” para que supriman el espacio del programa que, con el beneplácito de una vasta audiencia, nos ha venido ofreciendo el destacado comunicador social.

Pero lo más perverso y despreciable del ataque gubernamental a CMR es su caracterización xenofóbica como un “ciudadano mexicano-venezolano”, creyendo que así lo ofendía y desmeritaba, y sin tomar en cuenta que el artículo 32, numeral 2, de la Constitución, declara que son venezolanos por nacimiento “toda persona nacida en territorio extranjero, hijo o hija de padre venezolano por nacimiento y madre venezolana por nacimiento”.

CMR le salió al paso a lo que pretendía ser una afrenta. Nos contó “una pequeña historia” que hace referencia a la lucha de su padre, César Rondón Lovera, dirigente de Acción Democrática, contra la dictadura perezjimenista, su prisión en la Penitenciaría de San Juan de los Morros, su matrimonio en esa cárcel con otra luchadora democrática, Roselena Tejeda, y el exilio a México el año 1951.

Es por estas circunstancias que CMR nace en la ciudad de México, pero, a medida que su conciencia de niño iba creciendo, en la casa transitoria iba haciendo el aprendizaje de que había una patria lejana a la que se empezaba a amar. Es conmovedora su revelación de que “me llamaba mucho la atención que la conversación recurrente en esa casa, llena de exiliados políticos, era siempre Venezuela, Venezuela, Venezuela, Venezuela”.

Allá los encontré, a César y Roselena y sus hijos pequeños, cuando en 1955 inicié el exilio mexicano. Por mi mente desfilan ahora los recuerdos, no sin nostalgia, de aquel tiempo en el que se pronunciaban discursos contra el dictador distante, se esperaban noticias de la lucha que se libraba por el restablecimiento de la libertad y nos encontrábamos a diario para el diálogo y la reflexión los desterrados de diversas militancias políticas, todos alumbrados junto a la figura señera de Rómulo Gallegos.

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