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Venezuela en blanco y negro

Son unos valientes quienes deciden emprender o seguir trabajando en Venezuela. Por eso los apoyo a través de mi programa de radio y mis redes. Sus vidas son una dificultad detrás de otra. Un chalequeo constante de parte de las autoridades y cuando digo autoridades me refiero a TODAS. Desde el Seniat, pasando por el Inpsasel, las notarías, los registros, el Saime… Y como si eso fuera poco, también tienen que lidiar con los cuerpos de seguridad del Estado.

La industria y el comercio viven su peor momento de nuestra historia republicana. Peor que en el siglo XIX, básicamente porque en el siglo XIX los corruptos estaban solo en la cúpula gubernamental. No es esta historia de hoy donde hay corruptos en todas partes. Y no solamente dentro del régimen. Los testaferros, aguantadores y cómplices están a lo largo y ancho de toda nuestra geografía. Aun cuando salgamos de Maduro y su combo y la economía refleje un repunte importante, quedará el destrozo moral de nuestra sociedad, que quién sabe cuánto tiempo tomará reconstruir, si es que se reconstruye.

Por eso admiro todavía más a nuestros emprendedores, empresarios y comerciantes honestos. Leer sobre los “negocios” de Alex Saab en Venezuela produce escalofríos. Toda la maquinaria del Estado venezolano se puso a su servicio para acompañarlo a delinquir. La gente que ha muerto de hambre, mengua y enfermedades fueron asesinadas por él, sus cómplices y gente como él. ¡Y estos comunistas se regodean hablando de que trabajan por y para el pueblo! Llegaron, encontraron, mal administraron y se robaron un dineral que, en apariencia, no tenía dolientes: el Estado venezolano.

Pero si ya llegamos al punto de no retorno… como ese dinero no va a ser devuelto, ¿por qué tomarla en contra de quienes sí trabajan? Esta triste pregunta tiene una respuesta aún más triste: porque como los sueldos de la administración pública son de miseria, el régimen se hace el ciego ante los abusos de autoridad, cobros de peajes, chantajes, sobornos y otras especies delincuenciales que sus empleados aplican para “redondearse” el quince y el último. Y esos “redondeos” son cada vez mayores. A un amigo cercano el Inpsasel le está cobrando un “arreglo” de tres veces más de lo que produjo durante todo el año pasado.

Encima, quienes producen artesanalmente tienen como principales enemigos a los enchufados dueños de bodegones. Mientras estos últimos importan exentos de impuestos, los guerreros que siguen adelante a pesar de todo tienen que pagar no sólo impuestos, sino las matracas de la administración pública. Eso también es una violación a los derechos humanos, pero ¿a quién le importa, sino a los dolientes y sus círculos cercanos?

Y la guinda del postre es que cuando llevan su mercancía a uno de esos bodegones -productos de excelente calidad y primorosa presentación- los despachan con un “aquí solo vendemos productos importados”. Contra el cáncer del chavismo-madurismo no hay quimioterapia que pueda…

@cjaimesb

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