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Venganza en términos digitales

Beatriz de Majo

La decisión norteamericana de elevar los aranceles a los productos chinos de importación ha sido utilizada al interior de China como un elemento aglutinador de sentimientos negativos de cara a un agresor poderoso. Numerosos son los esfuerzos de propaganda que, a esta hora, se están dirigiendo a soliviantar los ánimos en contra del poder arrogante estadounidense que osa desafiar la milenaria honra de los chinos.

El anuncio de Google de restringirle a Huawei el acceso a su software le ha agregado leña el fuego y le inocula dramatismo y trascendencia a la trifulca. Lo que no pasaba de ser un desencuentro de carácter comercial, ha adquirido un cariz diferente. Nacionalismo puro es el nombre del juego que todos practican en China en este instante, llevados de la mano por los estrategas comunicacionales del gobierno. Y el tema tecnológico ha sido la vía para despertar la indiferencia natural de las gentes en torno a asuntos tan áridos y distantes del individuo corriente como los aranceles.

Este “duelo entre gigantes” como lo califica el escritor y periodista francés Alain Frachon, no va a ser posible detenerlo, porque para los dos lados de esta ecuación, el asunto se ha tornado obsesivo a nivel de los gobiernos. Pero, mientras los americanos permiten a sus ciudadanos asumir posiciones sin presiones, China utiliza el poder y la talla comunicacional del Estado, para instigar el odio en contra de lo gringo, valiéndose de las herramientas más modernas.

Ya sabemos que ni Huawei es una empresa pública ni Google tampoco lo es, pero las actitudes y posiciones de ambas transnacionales van a ser utilizadas para ponerle decibeles a los desentendimientos entre Washington y Pekin. Ningún tema puede ser más cercano al individuo que el que toca sus herramientas y medios de comunicación con terceros – los teléfonos, las tabletas y el internet- y , en estos terrenos tanto Huawei como Google son los líderes. Por ello es que, de lado y lado, se están construyendo y estimulando solidaridades nacionalistas tanto chinas como norteamericanas de mucho peso.

Solo que, así como los americanos son eminentemente prácticos, los chinos son eminentemente viscerales en lo que toca a ese curioso concepto propio de la dignidad del país. La batalla está siendo vista como una agresión a su honor.  Los mensajes por Weibo, que es la réplica oriental de Twitter,  han estado en los días pasados llamando de manera masiva a sus usuarios a la defensa del conglomerado chino y a apoyar irrestrictamente a Huawei.

Las reacciones han sido masivas. BBC Mundo reporta esta semana que hashtags como «Huawei no necesita a EE.UU. para sus microchips» han tenido más de 53 millones de vistas.

Hay que pensar que la retaliación oficial china en contra de los Estados Unidos en este reciente episodio de la guerra comercial será aún más sofisticada. Todavía hemos visto poco en este terreno.

¿Se traducirá ello en un boicot a los productos de Apple de parte del fiel consumidor local fiel de Huawei? O puesto de otra manera: ¿se transformarán en acciones concretas contra las empresas tecnológicas americanas estas novedosas formas de solidaridad digital inducida?

Los expertos aseguran que Apple sí recibirá, por su parte, una buena dosis de rechazo que se manifestará en un vertical derrumbe de sus ventas como consecuencia de la antipatía manifiesta que está siendo insuflada en el ánimo del consumidor joven.

Cuidarse las espaldas parece lo apropiado: 17% de las ventas globales de Apple van a parar a suelo chino.

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