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Y Colombia, shhh…

Las amabilidades cruzadas entre el expresidente Ernesto Samper y el presidente Nicolás Maduro: ¿preámbulo de un rumor que crece?

Cómodamente, con abrumadora votación, Venezuela entró como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, cuyo objetivo primordial es… ¡garantizar la paz en el mundo! ¿Cómo estará de mal el planeta, que el nuevo garante de la paz mundial –al lado de otros “pacifistas” como Rusia y China– es un país que encarcela a la oposición, que asfixia la libertad de prensa, que protege y esconde a los jefes que patrocinan la guerra y el narcotráfico en los países vecinos, y que en su propio territorio promueve el crecimiento de los grupos armados de civiles? Eso en Colombia se llamaría paramilitarismo. Allá se llaman “colectivos”.

Sin una sola protesta, nos ha tocado hasta aguantarnos que Maduro acuse a Colombia un día sí y al otro también, desde de intentar matarlo o tumbarlo hasta de haber asesinado al diputado chavista Robert Serra. Cómo será, que ya a finales de la semana pasada hasta a la canciller María Ángela Holguín se le colmó la copa. Y en defensa del orgullo del Presidente de Colombia salió a decir, aunque lo más pasito que pudiera: esto con Venezuela “no puede seguir así”. (Pero shhh)…

La membresía venezolana no es fruto de ganar un concurso de méritos, sino de turnos geográficos, de intercambio de favores entre países y de clubes entre sus miembros. En este caso, Venezuela era la candidata única del bloque latinoamericano. Más paradójico, Venezuela ocupará esta silla del Consejo de Seguridad mientras su gobierno desobedece desfachatadamente una orden de la propia ONU, que, por conducto del ‘Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias’, demandó la liberación inmediata del opositor Leopoldo López, precisamente por “arbitraria”. ¡Naciones Unidas se da el lujo de premiar a los regímenes que desatienden sus propias recomendaciones…! ¿Y así va a hacer la paz mundial?

Maduro presentó la situación como un reconocimiento del mundo entero a la revolución socialista del siglo XXI, con el apoyo del flamante nuevo presidente de Unasur, el ex- presidente Ernesto Samper Pizano, el mismo que aseguró el día de su posesión que Venezuela está en “muy buenas manos”. Guepajé.

¿Por qué molesta tanto lo de Venezuela? Hasta Stalin ha estado sentado en el Consejo de Seguridad. Seguramente por lo paradójico de que funja como nuevo guardián de la paz mundial, y no porque en esa calidad el régimen de Maduro represente un peligro inminente. Al fin y al cabo, queda incrustado en un organismo burócrata, donde hay cinco miembros permanentes con derecho a veto.

Pero a los colombianos sí nos plantea una preocupación: ¿serán las amabilidades cruzadas entre el expresidente Ernesto Samper, de Colombia, y el presidente Nicolás Maduro, de Venezuela, el preámbulo de un rumor que crece?

Insistentemente se dice que Samper, durante los dos años que ocupará la presidencia de Unasur, y asesorado de cerca por el fiscal Eduardo Montealegre, tantea la creación de una Corte Penal Internacional “sudaca”. Sucursal –o disidencia– de la que hoy opera en La Haya, fruto del Tratado de Roma, pero manejada por Unasur. Y a la cual las Farc verían con muy buenos ojos, porque sus procesos por terrorismo, narcotráfico, desaparición forzada, delitos de lesa humanidad y genocidio, bajo la jurisdicción de esta nueva corte, serían fácilmente archivados para siempre y se botaría la llave al mar, como propuso recientemente el Fiscal. Lo cual, a su vez, les daría a las Farc el seguro de vida que necesitan para que, en un futuro, la Corte Penal Internacional no resuelva reabrirles sus procesos de bárbaros crímenes, activando la cláusula de falta de aplicación de la justicia colombiana.

Por lo que he logrado averiguar, al gobierno colombiano no le gusta la idea de un tribunal de justicia de Unasur (es decir, de corte chavista). Confío plenamente en que sea así y no cohoneste semejante barbaridad. Pero nunca se sabe.

Entre tanto… Según la encuesta pagada por nosotros los bogotanos, y elaborada por la Alcaldía, ¡vivimos felices en Bogotá!

(ElTiempo.com)

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