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EEUU busca posición de poder en negociación con Cuba, por Reyes Theis

Reyes Theis

@reyestheis

Otra vez el péndulo se mueve al lado contrario en la relación oscilante entre Estados Unidos y Cuba. Cuando el presidente norteamericano Barack Obama anunció en 2016 medidas de flexibilización de políticas hacia la Isla, tanto en Washington como en La Habana habían esperanzas.

Del lado estadounidense se confiaba que el acercamiento con Cuba suponía un giro trascendental, para tratar de conseguir con un método distinto lo que el bloqueo comercial de más de 50 años y otras medidas coercitivas no habían logrado.

De parte de Cuba el optimismo desbordaba, pues el acercamiento a su vecino le significaría un bálsamo para la deprimida economía que siente el derrumbe financiero de su mecenas: Venezuela, país que sustituyó en ese rol a la antigua Unión Soviética. Pero Donald Trump llegó a la Presidencia de los EEUU.

Trump frente Castro

“El año pasado, prometí ser una voz contra la represión en nuestra región. Usted salió y votó. Y aquí estoy como prometí”, dijo Trump la semana pasada ante los veteranos de la Brigada 2506, que invadió Cuba por la Bahía de Cochinos en 1961, en la Pequeña Habana de Miami.

En ese sentido, anunció la cancelación “en su totalidad de la mala negociación del gobierno anterior que solamente beneficiaba a Cuba” y a continuación detalló en qué consistía el cambio que comienza a instrumentar en sus nexos con Cuba:

“Nuestra nueva política comienza con la aplicación estricta de la ley estadounidense.  No vamos a levantar las sanciones contra el régimen cubano hasta que todos los prisioneros políticos sean liberados, se respeten las libertades de reunión y de expresión, todos los partidos políticos se legalicen, y estén programadas elecciones libres y supervisadas. Vamos a restringir fuertemente los dólares americanos que fluyen a los servicios militares, de seguridad e inteligencia que son el núcleo del régimen de Castro.  Vamos a hacer cumplir la prohibición de turismo. Vamos a hacer cumplir el embargo. Vamos a tomar medidas concretas para garantizar que las inversiones fluyan directamente a las personas, para que puedan abrir las empresas privadas y comenzar a construir gran, gran futuro de su país”, anunció el mandatario estadounidense.

Los anuncios de Trump parecen más bien orientados hacia un proceso de negociación con Cuba, que enfrentará en el corto plazo una transición cuando Raúl Castro abandone el poder. Una nota del Consejo de Estado cubano informó recientemente que el próximo 22 de octubre tendrá lugar la primera vuelta de las elecciones para elegir a los delegados a las asambleas municipales, un paso previo a la designación del relevo de Castro, que no se presentará a los comicios y que está aquejado de salud.

En la práctica, los cambios en el nexo que anunció Trump significará limitaciones para los negocios con los sectores militares de la Isla, específicamente contra el Grupo de Administración Empresarial (Gaesa), que maneja sectores medulares de la economía como el Grupo de Turismo Gaviota (hoteles, agencias de viajes, alquiler de autos), Tecnotex y Tecnoimport (importaciones y exportaciones), TRD Caribe (supermercados minoristas de venta en divisa), Unión de Construcciones Militares, la Inmobiliaria Almest, la Zona de Desarrollo Integral Mariel y los Almacenes Universales (servicios portuarios, aduaneros y transporte).

El turismo hacia la Isla seguirá prohibido, pero tras la flexibilización del Gobierno anterior, se crearon 12 categorías de viaje que incluyen visitas familiares, por medio del cual se incrementaron en forma importante los viajes desde EEUU hacia ese destino, con el impacto consecuente en la recepción de dólares.

Ha quedado Trump en una posición de mayor poder para intentar una negociación con la Isla “Ahora nosotros tenemos la sartén por el mango”, dijo en ese sentido el presidente de EEUU y añadió: “Cuando Cuba esté dispuesta a tomar medidas concretas para estos fines (elecciones libres, respeto a los derechos humanos, liberación de presos políticos), estaremos listos, dispuestos y capaces de llegar a la mesa para negociar ese acuerdo mucho mejor para los cubanos, para los estadounidenses. Mucho mejor y un acuerdo que sea justo. Un acuerdo que es justo y un trato que tenga sentido”.

La reacción del Gobierno cubano no se hizo esperar y en un comunicado aseveró que Trump ha estado “mal asesorado” y que “Cualquier estrategia dirigida a cambiar el sistema político, económico y social en Cuba, ya sea la que pretenda lograrlo a través de presiones e imposiciones, o empleando métodos más sutiles, estará condenada al fracaso”.

Por tanto, el diálogo y los acuerdos logrados con el apoyo de El Vaticano, parece que tendrá que iniciar de cero y enfrentar, más que los caminos desandados por la administración de Trump, una nueva perspectiva sobre la situación, que estará en manos del nuevo mandatario estadounidense y del sucesor de Raúl en La Habana. El estadounidense, trata de tomar ventaja en esa negociación, ante que la misma se produzca.

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