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Las críticas por el manejo de la guerra en Israel, por primera vez apuntan a la cúpula militar

En las calles de Teherán, Gaza City, Damasco, Yakarta, entre otras capitales del mundo islámico se festeja aun en las calles la “victoria” del Hezbalá sobre Israel.

El triunfalismo y la figura de Nasrallah como referentes crecen y se agigantan minuto a minuto, se señala en la calle islámica que por primera vez una fuerza árabe pudo contra Tsahal, el Ejército Israelí.

Resulta difícil en términos analíticos hablar de victoria, cuando Israel llegó hasta el Río Litani, dominando el territorio en forma total, mas allá de bolsones de resistencia, y el líder de Hezbalá oculto en algún Bunker sin salir hace ya un mes reconoce mas de setecientas bajas, sin embargo el Ejército Israelí en el plano militar no ha conseguido ni uno solo de los objetivos de los que se había propuesto al lanzarse a esta guerra. El Hezbalá, resistió, con tres mil combatientes, le causó muchísimas bajas a Israel, civiles y militares, dictó la agenda del medio oriente. Ésta capacidad la tenía exclusivamente Al Qaeda, y ahora con el fracaso de Londres y el éxito de Nasrallah, podemos decir que la agenda del medio Oriente la fijan Hezballa, Siria e Irán.

Una de las víctimas de los combates entre Israel y Hezbalá fue la férrea unidad que tradicionalmente muestran los israelíes en tiempos de guerra y abundan las críticas del manejo político de la situación y del desempeño de las fuerzas armadas, sobre todo en temas vinculados a la logística, ruta de suministros y decisiones del escalafón estratégico.

Los medios de prensa se hacen eco de la indignación que causó la decisión del jefe del Ejército, teniente general Dan Halutz, de vender sus acciones horas antes de lanzar la operación militar más grande que monta Israel desde la invasión del Líbano de 1982.

Numerosos sectores piden la creación de una comisión, para investigar cómo se manejó la situación y es palpable el malestar con los líderes del país y con el cese del fuego acordado el lunes.

La ofensiva contra Hezbalá fue considerada justificada y unió a la resquebrajada sociedad israelí, ya que el grupo chiíta aboga abiertamente por el exterminio de Israel, y ha erigido un estado dentro de un estado en el Líbano y que era vista como una amenaza tras ampliar su arsenal en tiempos recientes.

Esa unidad, no obstante, se desmoronó cuando el Ejército israelí, un orgullo nacional, se retiró sin haber liquidado a Hezbalá, ni rescatado a los dos soldados cuya captura desató la intervención.

El Primer Ministro Ehud Olmert y el Ministro de Defensa Amir Peretz llevaban apenas dos meses en el poder al estallar el conflicto y encuestas publicadas por los dos principales diarios en hebreo coincidieron ayer en que su gestión no es bien vista por la mayoría de la población.

Sólo el 40 por ciento de las 500 personas consultadas por TNS-Teleseker apoyó a Olmert, comparado con el índice de aprobación del 78% que el primer ministro llegó a tener en las dos primeras semanas del conflicto. Y según el Instituto de Investigaciones Dahaf, el 57% de los consultados en su encuesta pidió la renuncia de Olmert. Dos tercios de los encuestados en ambas consultas pidieron que se investigase el manejo del conflicto.

Según el acuerdo mediado por las Naciones Unidas, Israel se retirará del sur del Líbano, que pasará a ser patrullado por 15,000 soldados libaneses y otros tantos de la ONU. Numerosos sectores opinan que esas fuerzas no lograrán mantener a raya a Hezbalá en esa zona.

También se cuestiona la decisión de Halutz de apelar casi exclusivamente a bombardeos aéreos en la primera fase del conflicto. Hay además quienes critican la ofensiva por tierra en gran escala que se lanzó cuando se vislumbraba un acuerdo de cese del fuego. Más de 30 soldados israelíes murieron en esa ofensiva, lanzada luego de que el Consejo de Seguridad llegase a un acuerdo en torno a una resolución.

El gobierno sostuvo que era importante lanzar esa ofensiva para debilitar más todavía a Hezbalá antes de que se acordase un cese del fuego.

La mitad de los participantes en las encuestas se mostraron insatisfechos con el desempeño de Halutz.

Pero lo que más malestar causó fue el hecho de que vendiese acciones por valor de unos $28,000 tres horas antes de que Hezbalá lanzase la incursión contra el territorio israelí que desencadenó los combates.

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