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México triunfa sin gloria

México conquistó el tercer puesto de la Copa América cuando se enfrentó a un equipo mermado. Fue una victoria sin gloria. Como ante Paraguay, el equipo norteamericano se aprovechó de la expulsión de un contrario y de un penalti a favor. Las circunstancias arbitrales enturbian el análisis de una selección difícil de calibrar. Termina el campeonato y no se sabe si México es una gran selección o un equipo del montón. Porque, mientras el duelo estuvo igualado, Uruguay fue superior. Por habilidad, por ideas y por predisposición.

Jugar por la tercera plaza es un castigo. Así lo interpretaron los jugadores mexicanos. En tres días pasaron de aspirar al título a enfrentarse a un grupo de uruguayos orgullosos y rebeldes. El equipo de Hugo Sánchez sufrió el contraste. Le faltó la energía de la primera fase, el entusiasmo para buscar asociaciones, y un punto de ambición. Le sobró Cuauhtémoc Blanco. El delantero del Chicago Fire es una reliquia. No está para ser titular, y probablemente tampoco esté para nada. Su presencia, un homenaje en el que podría ser su último encuentro internacional, lastró a su selección con un peso inerme. Uruguay lo aprovechó sin estridencias. Simplemente jugó bien.

Uruguay recuperó la pausa y tuvo la pelota. El equipo de Tabárez dispone de algunos especialistas interesantes, más competitivos que los mexicanos. Bien parados en la cancha, ocuparon el espacio con criterio y se pasaron la pelota con sentido. Abierto a la izquierda, Fucile hizo daño desde el arranque. Por ese costado lo acompañaron Ignacio González, zurdo elegante, y Cristian Rodríguez, un alborotador. Entre los tres metieron a México en su campo. Cuando se les unió Pereira por sorpresa, cambiándose de banda, el estrago fue palpable. Ante la mirada desanimada de los centrales mexicanos, Pereira metió un centro que Abreu mandó a la red sin gran esfuerzo. México parecía un equipo fundido. Hasta la intervención del árbitro.

El partido, que ya era malo, se empobreció con la expulsión rigurosa de Lugano. Mediado el primer tiempo, el uruguayo manoseó a Torrado en una barrera y México obtuvo un premio desmesurado. El árbitro, en una decisión exagerada, dejó a Uruguay sin capitán y Cuauhtémoc Blanco, su homólogo, ejecutó el penalti marcando un gol que puso a México en ventaja numérica.

Durante media hora, Uruguay buscó el partido con un jugador menos. Se defendió con tres y se lanzó al ataque sin que México pudiera aprovechar los espacios. En el segundo tiempo, con los cambios, los mexicanos pasaron a dominar el medio campo. Agotados por el esfuerzo, los uruguayos se replegaron sobre su área. Poco a poco, quedaron expuestos a lo mejor de México, además de Castillo: sus tiradores de media distancia. Bravo primero, y después Guardado, fichado por el Deportivo, cerraron el partido con sendos bombazos desde la frontal del área.

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