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Promesas de cambio en Tunez

Túnez ha amanecido hoy sumida en una fuerte incertidumbre tras la inesperada salida anoche del país de su ya ex presidente Zine El Abidine Ben Ali hacia Arabia Saudí. En 24 horas, las riendas del país han pasado por tres manos distintas.

Antes de huir de Túnez, Ben Ali había entregado el poder a su primer ministro Mohamed Ghanuchi en virtud del artículo 56 de la Carta Magna, pero el Consejo Constitucional ha nombrado en su lugar a Fouad Mebazaa, hasta ahora presidente del Parlamento tunecino despejando así la posibilidad de regreso al poder del mandatario huido Zine el Abidine Ben Ali.

De esta forma, se aplica el artículo 57 de la Carta Magna que señala que en caso de «situación vacante de la presidencia de la República por muerte, dimisión o impedimento absoluto» el Consejo debe declarar esa vacante y nombrar al presidente del Parlamento como presidente interino. Ghanuchi continuará en su cargo hasta las elecciones que se celebren dentro de 60 días.

En una breve alocución al asumir su cargo, Mebazaa ha asegurado que «todos los tunecinos sin excepción» formarán parte del proceso político. Ésta era precisamente una de las condiciones de la oposición para sentar las bases de un gobierno de coalición.

Mustafa Ben Jaafar, líder del partido opositor Unión de Libertad y Trabajo, asegura a Reuters que un gobierno de coalición está cerca: «Discutimos la idea y el primer ministro aceptó nuestra petición». El anuncio oficial, asegura, se realizará mañana.

Ghanuchi aseguraba anoche a la televisión estatal que su «prioridad absoluta» es el restablecimiento del orden público y se ha comprometido a «poner en marcha todas las reformas sociales y políticas que han sido anunciadas en colaboración con los partidos políticos y los actores de la sociedad civil».

La capital tunecina se encuentra bajo el estado de excepción en medio de un fuerte dispositivo de seguridad, después de una noche en la que se registraron numerosos saqueos y pillajes. El centro está tomado por la policía y el Ejército. La avenida de Francia, normalmente muy bulliciosa, se encuentra prácticamente desierta, con sus comercios cerrados y los escaparates vacíos para evitar pillajes.

Decenas de policías y militares armados han tomado las calles, donde aún aparecen decenas de contenedores quemados, y obligan a los pocos viandantes que asoman por allí a circular con paso apresurado. Los ojos amoratados de algunos de ellos recuerdan la violencia con la que se trató de poner freno a las protestas sociales de los últimos días.

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