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Subrayan espejismo de la bonanza latinoamericana

Un alto ejecutivo del conglomerado financiero Grupo Santander citó el viernes en Miami como ejemplo de los cambios favorables de la economía latinoamericana el hecho que una libra de bistec argentino cuesta hoy lo mismo que una libra de un automóvil Audi.

Pero esa y otras señales de la bonanza que tiene tan contentos y pródigos a muchos gobiernos de la región, pueden ser engañosas.

Un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) dado a conocer el fin de semana y sugestivamente titulado «Todo lo que brilla no es oro», señala que aunque hay aspectos muy positivos en los indicadores macroeconómicos latinoamericanos, no son tan buenos cuando se los compara con otras regiones del mundo.

Se agrega al espejismo que esa prosperidad es el resultado de condiciones favorables externas y pasajeras –no de avances internos y permanentes–, una situación a la que Santiago Levy , economista mexicano del BID, se refirió varias veces como una cuestión de «buena suerte».

«Cuando un barco navega rápido con vientos favorables, es muy difícil evaluar cuánta de esa velocidad se puede atribuir a la destreza del capitán», señala el informe.

Según el estudio, a pesar del excepcional crecimiento económico aparente de los últimos cinco años, América Latina está por debajo de regiones como Africa en los índices reales de crecimiento.

Como toda bonanza, la de América Latina es transitoria y algunos economistas temen que una vez desaparezcan las buenas condiciones la región podría quedar expuesta a un coletazo de la crisis en Estados Unidos.

El estudio, que se se basó en indicadores de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Venezuela, cuyas economías han crecido un promedio anual de 5.8 por ciento, fue presentado el viernes por Levy, vicepresidente de sectores y conocimiento del BID, en la reunión anual de gobernadores del banco en Miami Beach.

«El estudio trata de separar la buena suerte de las buenas políticas», explicó Levy al evaluar el sabor agridulce que ha dejado en las economías latinoamericanas el aumento de la demanda de materias primas, la multiplicación del precio del petróleo y la mejora de la economía mundial.

Levy explicó que las cifras no reflejan que la región haya entendido plenamente que es una felicidad transitoria y, con excepción de Chile, «casi todos los pesos que ingresan se han gastado».

Según el estudio, los países analizados han gastado 77 por ciento de los ingresos de la bonanza desde el 2002. Chile solo ha gastado 34 por ciento.

No obstante, agregó Levy, los gobiernos han demostrado una mayor disciplina fiscal y han recibido mejores calificaciones de las firmas que evalúan los riesgos y el crédito.

Los países en cuestión, indica el estudio, tienen reservas internacionales equivalentes a $400,000 millones.

Para algunos observadores, los factores mencionados anteriormente son los que hacen que América Latina parezca invulnerable a la crisis de las hipotecas de alto riesgo en Estados Unidos.

Pero el estudio del BID señala que no es un privilegio único de América Latina, pues los mercados de bonos en Europa y Asia tampoco han sido afectados.

Los autores del informe afirman que el índice de inmunidad de los países latinonoamericanos a esta crisis depende del estado de cuenta corriente y su situación fiscal. Un país con fundamentos fuertes es el que tiene un superávit de cuenta corriente y fiscal (por ejemplo, Chile en comparación con El Salvador) y esas circunstancias lo pueden proteger de la contingencia.

Desde una perspectiva más crítica, José Juan Ruiz, jefe de la División de las Américas del Grupo Santander, dijo que la región tarde o temprano empezará a sentir los efectos de la tormenta que afecta a la economía estadounidense.

«Habrá consecuencias, vamos a crecer menos y habrá tensiones», advirtió Ruiz.

Para el ejecutivo del Grupo Santander, el fenómeno más destacado en los últimos años es el surgimiento de una clase media en América Latina que se preocupa por problemas que poco interesan a la macroeconomía, como la falta de seguridad física y jurídica y la corrupción oficial.

Pero lo más lamentable, agregó, ese el estancamiento de la educación.

«Si se quieren deprimir, observen [el estado de ] la educación en América Latina», señaló el banquero al resumir el bajo nivel de la preparación de la clase trabajadora de los países de la región.

El estudio del BID concluye con varias recomendaciones de política fiscal que sugieren que los países deben adaptar sus sistemas a una economía cíclica que permita reducir la deuda pública y de paso los riesgos financieros.

«Muchos países de la región todavía muestran niveles de endeudamiento muy por encima de los que por lo general se consideran seguros», señaló el informe, que se puede leer en la página de internet del BID.

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