La Salud

Cronología de un año de covid en Venezuela: La vacunación avanza con opacidad

El país solo cuenta con disponibilidad de vacunas contra el covid-19 para el 38 % de la población objetivo, una estimación que incluye las vacunas negociadas que no han llegado a Venezuela todavía. La Academia Nacional de Medicina (ANM) de Venezuela expresó su preocupación por la opacidad con que régimen ha manejado la vacunación contrala enfermedad, pues hasta ahora no se conoce cuántas dosis han sido aplicadas ni a quienes.

«La información incompleta sobre las compras y recepción de vacunas, así como la ausencia de un plan especificando grupos prioritarios, metas de cobertura, ubicación de puestos de vacunación y fechas de inicio, generan incertidumbre en la población y debe atenderse a la brevedad», dice un comunicado de la ANM.

En el boletín, los médicos sostienen que actualizar y regularizar la información sobre la disponibilidad de vacunas, así como sobre las personas vacunadas diariamente, «es un requisito fundamental para lograr la cobertura», en un país que contabiliza 1.451 muertes por esta enfermedad.

Un año después de que se detectaran los primeros casos de covid-19 en Venezuela, la cantidad de contagios continúa siendo una de las más bajas de América Latina, con  147.028 personas afectadas por la enfermedad, según datos oficiales.

La cifra es cuestionada por médicos y opositores que denuncian una aplicación de pruebas a conveniencia en medio del debilitado sistema sanitario y ante la laxitud de la cuarentena cada siete días y en fechas de celebración, como las navideñas.

¿Por qué Venezuela sigue reportando cifras bajas de covid-19?

El estado de alarma y la cuarentena temprana ayudó en contener, por un momento, los repuntes que mostraban otros países en la región.

El 13 de marzo del pasado año, cuando tan solo se habían registrado dos contagios por el virus, Nicolás Maduro decretó el estado de alarma y anunció la suspensión de clases, que se haría efectiva tres días después, así como la prohibición de concentraciones masivas y la movilidad entre un estado y otro.

Maduro también puso en marcha, a partir del 16 de marzo, una «cuarentena social y voluntaria» que, en la práctica, era obligatoria y vigilada, y que se cumplió fielmente durante los dos primeros meses, cuando solo podían trabajar en el terreno los sectores básicos de la economía: alimentación, salud y prensa.

Suspensión de vuelos

El mandatario también ordenó la suspensión inmediata de vuelos de Europa y Colombia, en primer lugar, y apenas tres días después, cuando ya se computaban alrededor de 20 contagios, también lo hizo con Panamá y República Dominicana, seguidos de los enlaces, vía aérea, con el resto del mundo.

La medida, que exceptuaba los viajes humanitarios gestionados por entidades diplomáticas, se mantuvo vigente hasta el pasado noviembre, cuando se abrió el espacio aéreo para aviones procedentes de Irán, Turquía y México, y unos días después, los de República Dominicana y Panamá.

Restricción de fronteras

Las fronteras terrestres fueron cerradas de inmediato y se habilitaron, únicamente, corredores humanitarios para permitir el ingreso de los venezolanos que quedaron varados en otros países o que decidieron retornar tras emigrar, y solo entre 300 y 400 personas atravesaban la línea fronteriza bajo estrictos controles, y solo tres días por semana.

La medida fue aplicada en medio de las acusaciones de Maduro contra los venezolanos que retornaban de ser los causantes de la expansión de la covid-19 en el país, ya que ingresaban a través de pasos ilegales y a los que llegó a calificar de «bioterroristas».

Escasez de gasolina

La cuarentena coincidió con una aguda escasez de gasolina que impidió la movilidad de las personas y que ocasionó largas filas en las estaciones de servicio donde los ciudadanos podían permanecer desde 24 horas a 6 días esperando para repostar.

Según explicó Maduro, un «bloqueo» debido a las sanciones de EE.UU. y otros países contra Venezuela le impedía comprar recursos para refinar gasolina, lo que llevó a una etapa de duro racionamiento que se mantuvo hasta junio, cuando llegó a las gasolineras el combustible que recibió el país a finales de mayo, procedente de Irán.

Con el carburante, llegó también una notable laxitud de las restricciones de movilidad, al implementarse el esquema denominado 7+7, todavía vigente, y que consiste en siete días de cuarentena, seguidos de otros tantos de flexibilización.

Escasez pruebas PCR

Desde el inicio de la pandemia, las autoridades sanitarias han realizado alrededor de tres millones de pruebas en una población de aproximadamente 30 millones de habitantes.

El régimen no precisa si se trata de pruebas rápidas o PCR, pero según la Academia Nacional de Medicina y de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, los test que más se realizan son los de diagnóstico inmediato, de dudosa fiabilidad por su alto porcentaje de error.

En opinión de médicos independientes y de la oposición, el bajo número de pruebas evita que exista un dato certero acerca de la cifra real de contagiados, por lo que -aseguran- hay un «subregistro altísimo» de la cantidad de casos.

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