Economía

Cantórbery cuevas y la egocracia

En su habitual columna quincenal en el periódico Tal Cual, el erudito e incisivo filósofo político que ha devenido Cantórbery Cuevas, –cuyas reflexiones ya han trascendido la lengua española para divulgarse in volgare (o sea, en inglés) por intermedio de Venepoetics–, ha publicado el pasado 7 de diciembre una nota (”Los límites del poder”) que quisiéramos comentar.

El escrito de Cuevas sobre Laclau cubre dos temas: 1 la repartición de la renta petrolera y 2 el caudillismo; y nosotros añadimos una coda sobre el conflicto entre los caudillos –cuando mesiánicos—y lo eclesiástico.

1 LA REPARTICION DE LA RENTA EN LA EXPLOTACION MINERAL

Dice Cuevas, a propósito de un reportaje en El Nacional (realizado por Boris Muñoz y publicado el 17/12/06 en el diario El Nacional de Caracas.):

“Ernesto Laclau es un sociólogo argentino de dilatada obra que yo recuerdo por sus acuciosas investigaciones hace varias décadas en torno a la naturaleza del poder económico en ese país. Su enfoque se basa en la aplicación de la tesis marxista de la renta del suelo a la realidad de Argentina, y el mismo sirvió de base, entre otras fuentes, a Bernard Mommer (Global oil and the nation State, Oxford University Press, 2003) para construir el andamiaje de su visión de la economía minera en Venezuela…

El doctor Mommer acudió a las fuentes originales en Karl Marx para, entre demás méritos notorios, echar por tierra la simplista y sobregeneralizadora tesis del Eduardo Galeano de Las venas abiertas de América latina, según la cual el diablo imperialista succiona por igual a los países del subcontinente sus bienes y riquezas por la vía del pillaje. La propuesta de Laclau y de Mommer es que en casos notorios el Estado terrateniente se asocia al capital transnacional inversionista para entre ambos repartirse los dividendos según la correlación de fuerzas del momento” (el destacado es nuestro)…Ver Fig. 1.

El planteamiento de Laclau y Mommer nos parece absolutamente correcto. De hecho lo esgrimimos como un argumento de base en nuestra disertación doctoral ante la Sorbona en 1973, un poco antes del alza del 16 de octubre. Los gráficos ilustran la evolución en la repartición del valor agregado de acuerdo a los poderes de negociación de las partes en cada época: primero, la repartición en los tiempos antiguos, cuando el interior del país era absolutamente monte y culebra, con un analfabetismo que llegaba hasta los líderes políticos militares (véase por ejemplo la ortografía de Zamora y de Gómez), luego el ascenso, el despertar de la intelligentsia criolla (liderizada en este caso por Gumersindo Torres, hasta el 50/50 en 1943 y siguen todavía triunfos posteriores.

Incluso, esta aseveración para nosotros no tiene mucho que ver con Karl Marx. Es otra expresión de la “lucha por la apropiación del valor agregado” — de la explotación mineral de los países en desarrollo –de la batalla por la apropiación de la renta, que hemos llamado el arquetipo de la hormiga roja, uno de los motores del desenvolvimiento de la humanidad.

Este concepto de lucha es por la participación en la renta, por ejemplo, 80% a las multinacionales y 20% al pais productor, pero participación “limpia”, sin nadie “explotar” al otro en sentido estricto, legalmente, todo de acuerdo a los poderes de negociación del momento. Ver Fig. 2.

Notemos que la repartición de las ganancias, entre el inversionista (dueño de las tierras o activos) y los trabajadores, ha seguido la práctica medieval de ir siempre a medias. Es la llamada “medianería” que quizás en un momento respondía a los costos de producción y después de aplicó a cualquier tipo de negocio. Incluso hasta en la ley petrolera de Medina se aplicó en 50/50, daba una sensación de justicia, ambos factores por igual. Nosotros encontramos la “repartición a la parte” de las ganancias en las rancherías pesqueras de la Isla de Margarita, en vigencia desde la Colonia, de origen español, con 50% a la inversión y 50% a los trabajadores.

Otra cosa es andar diciendo por ahí, marxísticamente, que la historia de la humanidad es la lucha por la apropiación de la plusvalía del otro, de lo trabajado por el otro, por ejemplo en horas extras.

La cuestión ha sido tratado extensamente por Mommer, op. cit. No quita, por cierto, que aunque en sentido estricto y teórico regalía equivale a depreciación del activo mineral, salgan unos vivos y pretendan disfrazarlos de impuestos (regionales por ejemplo) y propongan valores muy elevados para las “regalías”.

LA RENTA SEGÚN MARX. Este aspecto merece también ser comentado brevemente, aclararemos nuestro punto de vista . Comoquiera que según esta teoría el capital no produce valor solo el trabajo, ¿cómo queda en producto de las minas? – ¿a quien pertenece? – ¿al dueño, o a los trabajadores que lo extraen?

En sentido estricto marxista el petróleo es solo de los trabajadores de PDVSA.

Claro, esto no tiene sentido. Lo que tenía sentido a mediados del XIX, cuando Marx, era que en las grande industrias, Inglaterra como ejemplo, había una explotación del trabajador por parte de la empresa. Lo que ocasionó un movimiento obrero muy importante conjuntamente con una filosofía para la ocasión, más bien una mitología.

Que decía algunas verdades: no se pagaba el sobretiempo adecuado (lo llamaron plusvalía absoluta), no había discusión sobre a quien pertenecían las ganancias (iban todas al inversionista, quien arriesgaba el proyecto), y así sucesivamente. Cuestiones que se han ido incorporando a la legislación laboral, al punto que ahora en las empresas públicas quien es explotado es el capital del gobierno a favor de una pila de trabajadores abusadores, se da el caso.

Tampoco en esa época (y hoy a veces) nadie defendía a los consumidores contra los abusos de las empresas. De modo que si hay precios exorbitantes que vuelven ricos a patronos y trabajadores, a cuenta de los pobres consumidores, se está cometiendo un solemne atropello. Marx no se ocupó de esto, no era la época, por eso hoy su teoría está obsoleta, tiene que venir un posmarxismo que la actualice, en este y otros temas.

TIERRA VS MINAS. Después hay otra cuestión, sobre la renta de la tierra, al hablar de Marx. Aclaremos que una cosa es la tierra como tierra, que produce para la agricultura, y otra cosa es la tierra donde hay minas, incluso se sigue cultivando mientras se le sacan las entrañas minerales, aquí hay dos tipos de rentas. La tierra agrícola no se deprecia, no se agota mayormente, excepto por la reposición de nutrientes. A las minas se les extrae mineral, lo que disminuye las reservas, es una pérdida de activo.

Esta aclaratoria es oportuna en las discusiones sobre regalía. El compañero Marx siguió de cerca varios conceptos de los economistas clásicos ingleses (básicamente de Adam Smith), en cuanto a su discusión del valor. Por ejemplo, tomó la idea que el valor tiene que ser suficiente para atender las necesidades básicas de los trabajadores, un concepto a mi juicio que no tiene nada que ver.

Tomó la idea que el valor del trabajo está asociado con el esfuerzo de los obreros comprometidos, la cantidad de horas hombre, digamos. Tampoco tiene que ver, depende de la calidad de los esfuerzos y del precio de venta, el costo es solo el piso del valor. Y el techo es la “disposición a pagar” de los consumidores.

Véase por ejemplo el capitulo III-46 de El Capital; y sobre la injerencia de Smith y Ricardo en el pensamiento sobre renta, de Marx, está el excelente breviario de David Debrott Sánchez, Apuntes sobre teoría de la renta en la interpretación crítica de marx:: II Adam Smith; V.t. para el caso argentino, v.t.Farina, J., . “El concepto de Renta: un análisis de su versión clásica y marxista”, Alicante. Donde cita a Adam Smith: “Situados así estos importantes aspectos del pensamiento económico de Smith, podemos analizar cómo define y el lugar que le asigna a la renta de la tierra.

“Tan pronto como la tierra de un país se convierta toda ella en propiedad privada, los propietarios de la tierra, al igual que otras gentes, gustan de recolectar sin haber sembrado y exigen una renta de la tierra incluso por los productos naturales del suelo…” (El trabajador) “tiene que ceder al terrateniente una parte de lo que ha reunido o producido con su trabajo. Esta parte o, lo que es lo mismo, el precio de esta parte constituye la renta de la tierra.” [15] Tal como la ganancia en el caso de la industria, la renta de la tierra aparece como otra forma de la plusvalía, es decir, como trabajo no retribuido al trabajador agrícola, una vez que este ha descontado el valor equivalente a su salario. En consecuencia, tanto la ganancia como la renta, son ramificaciones en las que se presenta el trabajo excedente y, por tanto, la plusvalía aparece como “categoría general”, a pesar de que Smith no reconoce a ésta como algo distinto de las formas concretas en que se presenta. Según Marx, la no diferenciación teórica entre plusvalía como categoría general abstracta y las formas concretas de su manifestación, traerá muchos errores en el pensamiento de Smith y, posteriormente, en el pensamiento económico de Ricardo.

Veamos lo que dice Ricardo en el capítulo «Sobre la Renta de las Minas», (Fuente: Jürgen Schuldt. Regalías mineras y rentas ricardianas (I). Actualidad Económica Perú, julio del 2004):

“El metal extraído de la mina más pobre que se explota debe tener por lo menos un valor en cambio no sólo suficiente para proveer todos los vestidos, alimentos y productos necesarios consumidos por quienes trabajan, y para colocar el producto en el mercado, sino también para procurar las utilidades comunes y ordinarias a quien anticipa el capital necesario para llevar a cabo la empresa. El ingreso del capital en la mina más pobre, que no pague renta, regularía la renta de todas las demás minas productivas. Se supone que la mina en cuestión rinde las utilidades usuales del capital. Todo lo que las demás minas produzcan por encima de ese nivel, se pagará necesariamente a sus propietarios como renta».

Y luego, al hablar de la renta minera acota:

una parte de la regalía se paga por los minerales extraídos, la que no es propiamente una renta (se le denomina regalía marginal), sino un activo que se extrae del «almacén de la naturaleza» y que desaparece del depósito, por lo que -a diferencia de la tierra- el valor del contenido de la mina resulta menor cuando el «arrendatario» se la devuelve a su propietario;
una parte de la regalía se paga por los minerales extraídos, la que no es propiamente una renta (se le denomina regalía marginal), sino un activo que se extrae del «almacén de la naturaleza» y que desaparece del depósito, por lo que -a diferencia de la tierra- el valor del contenido de la mina resulta menor cuando el «arrendatario» se la devuelve a su propietario;

Nosotros no nos calamos lo de rentas diferenciales o ricardianas en las minas, porque al expresar la regalía en el valor del mineral, ya incluye todas las desventajas y ventajas de localización, productividad y calidad, a través del precio.

Por eso en petróleo la renta del suelo o renta minera es solo y simplemente (aparte del uso del terreno superficial requerido) el pago por el agotamiento del producto almacenado, a su debido valor en el sitio de la adquisición. Como se ha dicho (Marshall y otros) es el equivalente a una depreciación.

Notemos que la repartición de las ganancias, entre el inversionista (dueño de las tierras o activos) y los trabajadores, ha seguido la práctica medieval de ir siempre a medias. Es la llamada “medianería” que quizás en un momento respondía a los costos de producción y después de aplicó a cualquier tipo de negocio. Incluso hasta en la ley petrolera de Medina se aplicó en 50/50, daba una sensación de justicia, ambos factores por igual. Nosotros encontramos la “repartición a la parte” de las ganancias en las rancherías pesqueras de la Isla de Margarita, en vigencia desde la Colonia, de origen español, con 50% a la inversión y 50% a los trabajadores.

Que difiere de la concepción de Marx (Diccionario Ideológico; v.t. El Capital, libro tercero, Caps. 45 y 46, “renta minera, renta de solares y precio de la tierra”):
“RENTA DEL SUELO. Es la parte de la plusvalía que crean los obreros asalariados en la agricultura y que se apropian los propietarios de la tierra. La renta del suelo caracteriza las relaciones entre tres clases: capitalistas, terratenientes y obreros asalariados, y expresa las relaciones de explotación a que someten a los obreros asalariados los capitalistas y los terratenientes. Responde a una forma de relaciones agrarias que presupone al propietario que da su tierra en arriendo por el pago de una determinada suma; su arrendatario capitalista que tiene en sus manos una empresa capitalista y que, por el uso de la tierra, paga arrendamiento al propietario; al obrero asalariado que vende su fuerza de trabajo al arrendatario capitalista. De la plusvalía creada por los obreros asalariados se apropian el arrendatario capitalista, en forma de ganancia media sobre el capital, y el terrateniente, en forma de renta del suelo, renta que constituye el excedente de plusvalía sobre la ganancia media que se establece en la agricultura”.

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Esto en cuanto a la hipótesis de la lucha por la apropiación del valor agregado, en el terreno puramente económico. Hace un tiempo igualmente expresamos que en el terreno eclesiástico existe una lucha paralela, a veces también con guerras, por la apropiación del “valor agregado religioso” — entre las distintas religiones, que han llenado su parte de la historia tratando de conquistar a los respectivos infieles.

El problema está cuando algunos asomados que meten en el terreno del otro, tanto de la parte de los políticos como de la parte de los clérigos Y con estos llegamos al segundo comentario. ” (Observación del arquitecto poeta Alfredo Camejo, durante la conferencia de C. Cuevas en una residencia privada en Caracas, el pasado miércoles 27/12/06).

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2 EL CAUDILLO “MESIANICO” vs EL CAUDILLO “ESTÁNDAR
Sigue Cantórbery Cuevas:
El domingo pasado, día de las elecciones, publicó el diario El Nacional una interesante entrevista al mismo Ernesto Laclau…cuya entrevista versa sobre una temática distinta, si bien no menos sugestiva: la superación del presente caos institucional en nuestros países latinoamericanos por la aparentemente única vía del populismo temporal. … e invita a apostar a la provisionalidad del caudillo y a un eventual desenlace de equilibrio entre éste y la nueva institucionalidad.
Tal apuesta luce, por decir lo menos, arriesgada. Mas si sirviera en algo de consuelo, convengamos que –tal que he postulado en anteriores notas—no es el que hoy nos toca, en los albores de una auspiciosa era post-Fidel, momento de soluciones épicas o de egocracias permanentes. (id. ;el destacado es nuestro).

Aquí debemos añadir tres nuevos ingredientes, para lo cual utilizaremos el artículo de Tulio Hernández en El Nacional del 7/12 titulado “El tirano y la demócrata” (v.t. Soberanía.com).

1. Cuando los líderes son mesiánicos (enviados por Dios)
2. Cuando pretenden “salvar al mundo, a la patria”)
3. Cuando aspiran ambos títulos.

El reportaje sobre Laclau citado extraemos:
«Todo populismo es un momento de ruptura»
la reconstrucción de los sistemas políticos va requerir de una fuerte dimensión populista, por el hecho mismo que el antiguo institucionalismo está en crisis. En esas circunstancias, asegura, sólo un líder es capaz de rehacer la identidad nacional
Todo el mundo se da cuenta de que ni el mercado, como mecanismo regulador, ni una burocracia estatal completa, como la de los regímenes de Europa del este, son formas viables de organizar la economía.

Como resultado, la reconstrucción de los sistemas políticos va requerir en América Latina de una fuerte dimensión populista, por el hecho mismo de que el antiguo institucionalismo está en crisis.

Pero mientras más la gente se encuentre con las raíces sociales a la intemperie, más necesitará de una forma de identificación exterior a su experiencia cotidiana a través de la cual reconstituir un sentido de la propia identidad. Y en ese punto la figura del líder es central.

Lo fundamental es que el populismo no es una ideología sino una forma de constitución de la política y eso puede darse en los discursos ideológicos más diversos.

Recuerdo [que Perón] escribió una carta a una organización de izquierda a la que yo pertenecía, en la cual decía, adaptándose al lenguaje que esta organización podía absorber, que las revoluciones pasaban por tres etapas. La primera es la preparación ideológica, es decir, Lenin. La segunda etapa es la toma del poder, es decir, Trotsky. Y la tercera es la institucionalización de la revolución, es decir, Stalin. Y añadía que la revolución peronista, para ser exitosa, tenía que pasar de la segunda a la tercera etapa.

«Desde el Caracazo y a lo largo de todos los años 90, Venezuela entró en un proceso de desinstitucionalización. Las instituciones no representaban mecanismos viables de las demandas. Todo el mundo percibía que algún cambio radical en la forma de Estado tenía que ocurrir. Cuando esta situación se da, la lógica de equivalencia de la construcción de un pueblo como agente político y la emergencia de un líder son elementos casi inevitables. Por eso es difícil que los sectores antiguamente institucionalizados puedan volver. Simplemente porque esa institucionalidad ya estaba quebrada. Por tanto, la oposición venezolana no puede ser una oposición nostálgica del antiguo institucionalismo».

«No creo que pueda haber un populismo sin una ideologización del espacio político, porque el populismo siempre crea nuevas formas de legitimidad que van en contra de las que existían anteriormente. Todo populismo es un momento de ruptura. El desafío se encuentra en aceptar el cambio histórico que se ha producido en la sociedad venezolana y bregar por objetivos nuevos. El desafío del chavismo es crear un régimen nacional popular que sea compatible con las instituciones democráticas.


La figura 3 expresa hipótesis sobre la eventual evolución política basados en la idea de Laclau con un añadido nuestro.

De su parte quisiéramos destacar las siguientes opiniones del artículo de Tulio Hernández (polarización, salvadores de la patria como tiranos):

Cualquiera que sea su signo ideológico, los salvadores de la patria –especialmente cuando se trata de personalidades fuertes atrapadas por ideologías extremas–, suelen al morir dejar a sus países profundamente divididos, polarizados y marcados por el odio entre bandos. Es lo que ocurrió en España a la muerte de Franco, lo que acaba de ocurrir en Chile con la de Pinochet, y será lo que sin duda ocurrirá en Cuba y en Florida cuando Fidel Castro exhale, más temprano que tarde, su último suspiro.


Porque un salvador de la patria, a diferencia de un líder demócrata, es alguien que se asume como el Único, el Elegido para –ya por la vía de las armas como los antes mencionados, ya por la de los votos, como Adolfo Hitler– echarse sobre sus hombros el destino del país al que pertenece y literalmente «limpiarlo» de alguna plaga que lo ha invadido, llámese el comunismo en el caso de Pinochet, los capitalistas y el imperialismo en el de Fidel, o los judíos y otras «razas inferiores» en el de Hitler.


Para realizar esa misión, … el salvador de la patria necesita convertirse en una figura mítica, extremamente amada y extremamente temida, capaz de unificar en torno a un discurso inequívoco a sus seguidores y especialmente a su ejército.


Los salvadores de la patria y los tiranos vienen al mundo a dividir y gobiernan para sólo una parte de la nación condenando a la otra al exilio, el escarnio, la muerte o el silencio. Los lideres demócratas tienen en cambio la tarea de impedir la exclusión, unir, garantizar la convivencia entre diferentes y reconciliar a las partes divididas. (el destacado es nuestro).

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CODA. La hipótesis de Laclau puede tener varios finales, porque, como acota Cantórbery de conclusión, ni siquiera el poder divino puede resolver todo – ahí está el cuestionamiento de San Damián quien “refuta con éxito en De divina omnipotentia el poder absoluto de Dios, argumentando que no puede el Perfecto ni cambiar el pasado ni restituir a doncellas desfloradas la virginidad perdida” – añadiendo: “Que cada quién saque sus conclusiones” – que es donde entramos nosotros.

Sobre los caminos a esperar (v. fig. 3) , debemos todavía acudir a otro autor, George Sabine, con su “Historia de la Teoría Política” (CFE, 3ª. Ed., 1994, pp. 678ss.), en la parte que se refiere a la selección de las teorías políticas disponibles : nacionalsocialismo (Hitler), comunismo y la democracia liberal.

Al respecto las dos primeras tienen una serie de similitudes (idem):

“Ambos se desarrollaron debido a la desmoralización social y económica…reflejo, también, de desajustes inherentes en la sociedad occidental;
• Ambos eran dictaduras políticas ;
• Ambos descartaron despreciativamente los auxilios parlamentarios para la deliberación y la negociación, creados por siglos de experiencia política europea, bajo la orientación de los principios liberales, como sustitutos mas operantes y estables de la dictadura;
• Ambos se vieron obligados a restablecer las purgas como institución política;
• Ambos toleraron únicamente un solo partido político, con su propio aparato coactivo;
• Según la teoría de ambos, el partido era una aristocracia autoconstituida, con la misión de dirigir, instruir y forzar a la gran masa de la humanidad a seguir el camino debido;
• Ambos eran totalitarias en el sentido que suprimían la distinción liberal entre los campos del criterio privado y el control, publico y ambos convirtieron el sistema educativo en un instrumento de adoctrinamiento universal;
• Ambos eran absolutamente dogmáticos en su filosofía diciéndose poseedores, uno en nombre de la raza aria y el otro en nombre del proletariado, de una penetración superior, capaz de fijar las reglas del arte, la literatura, la ciencia y la religión;
• ambos crearon una estructura mental semejante al fanatismo religioso;
• por su estrategia, ambos eran inflexibles en sus afirmaciones, ilimitados en sus pretensiones, violentos contra sus opositores, …;
• …
• Ambos consideraban, pues, la política como una simple expresión del poder.

Ahora bien, los caudillos mesiánicos están tocando las puertas de Dios, son ungidos, han sido escogido para llevar adelante una misión. Los otros lo único que piden es pan, tierra y trabajo.

Para salvar al mundo han seleccionado algunas metas, que sepamos. Una es la limitación en los niveles de consumo próximos próximos al despilfarro en naciones industrializadas, lo que pone en peligro la propia supervivencia del planeta. Esta parece ser una idea de M. Harnecker según aparece en su trabajo “La izquierda en el umbral del siglo XXI”, una sin duda idea muy plausible, ojalá consiga los hombres nuevos necesarios. De resto otras propuestas de refieren a la forma de operación de las empresas, con mayor participación de los trabajadores (los consumidores que se fuñan).Al respecto es igualmente penetrante el comentario de Sabine en cuanto que en muchas grandes corporaciones privadas : (id., 675)

“La idea del estado corporativo era sencilla y mucho mas antigua que el fascismo. Significaba, simplemente, que las industrias debían ser corporaciones con autogobierno, dirigidas conjuntamente por trabajadores y patronos, que debían negociar los contratos de trabajo sin acudir a huelgas ni lockouts. El aparato corporativo fue implantado en Italia parcialmente por catorce años… Tanto los patronos como los obreros pedieron la libertad de asociación y la independencia de acción., La supuesta igualdad de los trabajadores y patronos nunca fue efectiva. En ambos países el control ultimo estaba en manos de personas designadas en el gobierno…”

También está el problema de creerse “ungido por Dios” para salvar al mundo, exportar la revolución. Es probable que a los salvadores de la patria les falte un tornillo, como anotamos una vez al estudiar el “arquetipo del Bastardo” – en cuanto a la aspiración de los héroes y titanes como arquetipos junguianos, con tendencia a ser caudillos bajo formas totalitarias.

Pero el problema sigue siendo la lucha con el poder eclesiástico, que verá en peligro el control de sus fieles, excepto en aquellas sociedades donde religión y poder político van de la mano. La verdad es que un movimiento político (ejército-pueblo) que muestre igualmente la bendición divina lleva la batalla ganada por partida doble. El buen Oro y el Buen Dios. A lo cual se añade el toque racista (mueran los blancos, de Zamora), aunque no en Venezuela donde hay pocos indios, aunque sí mestizos, pero si en otras regiones de Centro y Sur América. Teóricamente un buen diseño, sin duda. Pero me parece que le falta (o le sobra) algo…

Se requiere así un partido “mesiánico” una especie de teocracia, o mas bien egocracia– Me acordé! …– al que solamente le falta una sola cosa: el dinamismo de la propiedad privada, el incentivo del progreso individual, el factor que ha motorizado el crecimiento económico de la humanidad.

Al llegar a la encrucijada, pasado el populismo, cuando el chofer le pregunte al caudillo, como en la anécdota del mariscal Tito, si toma a la izquierda o a la derecha, esperemos que no responda como aquél: “ponga la luz de cruce a la derecha y tome a la izquierda”.

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