Economía

¿ Crisis financiera global?

Las dificultades en el sistema financiero americano desatadas por la
crisis de las hipotecas sub-prime y sus múltiples repercusiones, han
creado una corriente acentuada de corrección de valores inmobiliarios y comerciales en ese país, que amenaza extenderse al resto del mundo.Es sano que estas correcciones ocurran, porque así funciona el mecanismo autoregulador del mercado, en este caso después de haberse formado una fosforescente burbuja especulativa apalancada con préstamos fáciles. El problema se hace mayor, no obstante, porque ello trae consigo restricciones crediticias dirigidas al mercado de viviendas que automáticamente se transmiten a otros sectores, por efecto propagación, mayor grado de aversión al riesgo por parte de los prestamistas, y una efectiva disminución de los fondos prestables. Estas circunstancias tienen implicaciones recesivas tanto para la economía norteamericana como para la economía mundial.

La Reserva Federal de EEUU ha venido actuando desde hace varios meses,
adoptando una política de dinero más barato y abundante para el sistema
financiero. Recientemente, ha tomado también medidas excepcionales de
apoyo a instituciones bancarias con la intención principal de evitar un
deterioro en espiral de expectativas y una crisis de liquidez en el
sistema. Igualmente, el gobierno con apoyo del Congreso, procedió a
conceder reembolso de impuestos a las familias (cerca de $170 millardos)
con la finalidad de defender el ingreso disponible y compensar al menos
parcialmente los efectos depresivos sobre la demanda de la restricción
crediticia.

Estas medidas han sido consideradas por algunos como excesivas,
incluyendo votos salvados en la directiva del banco central americano.

El incremento de la oferta monetaria aunado a la reducción en tasas
clave de interés tienen implicaciones inflacionarias, que son más
preocupantes en un contexto general de alzas de precios por encima a las
del pasado reciente. Una repercusión inmediatamente visible ha sido la
depreciación del dólar americano frente al Euro y otras monedas, lo cual
encarece las importaciones. El reembolso tributario necesariamente, por
otro lado, empeora el déficit del gobierno, en momentos en que el mismo
alcanza dimensiones astronómicas en buena medida atribuibles al gasto
militar. Además, se critica el «bail-out» indirecto puesto en práctica
para el salvataje del banco de inversión más ostensiblemente golpeado
por la crisis en el mercado de papeles vinculados a las sub-prime.

No puede olvidarse que esta crisis surge en pleno año de elección
presidencial, que para los republicanos es el peor momento político en
que podría haber ocurrido. Ello ha contribuido a que movieran músculo en
las instancias decisorias para minimizar las consecuencias económicas en
los electores. Los demócratas hubieran podido buscar ventaja de la
difícil posición del gobierno. No obstante, no pudieron oponerse al
reembolso impositivo, iniciativa del gobierno, por la misma razón
electoral, y a pesar de que muchos de ellos habrían preferido un plan de
gasto fiscal compensatorio, más en línea con sus preferencias
ideológicas. Sobre esto hay que acotar que los republicanos han
respetado en esta ocasión su principio de gastar a través de los
«tax-payers», no en lugar de ellos.

Tampoco se opusieron, los demócratas, a la reducción de tasas ni a la
mayor amplitud monetaria, orientadas en el corto plazo a amortiguar los
impactos en el bolsillo de los consumidores-votantes. Por el contrario,
si mostraron oposición a cualquier amago de rescate de los accionistas
de los bancos en problemas, aunque ello no tuvo mucho efecto, porque las
vías utilizadas por las autoridades monetarias apuntaban más a prevenir
una crisis sistémica que a proteger los inversionistas individuales.

Ha sido por lo demás consensuado, o «bi-partisan», el planteamiento de
mayores regulaciones en el sistema financiero que eviten a futuro
esquemas crediticios muy rentables para algunos operadores pero que a su
vez comprometen la capacidad de repago de familias que por algunos
incentivos iniciales son llevadas a una situación de sobreendeudamiento,
lo cual los transforma en poco tiempo de dueños de casa a deudores
morosos. Igualmente general ha sido el planteamiento de buscar salidas
individuales a los créditos salvables mediante esquemas de ingeniería
financiera, seguramente con algún apoyo presupuestario.

Desde otro punto de vista, puede decirse que las medidas tomadas pueden
haber sido felizmente oportunas para la estabilidad del sistema, aparte
de ser propicias para una progresiva reconstrucción de la normalidad
para los negocios y recuperación del nivel de actividad. Los resultados
bancarios han sido de mediocres a malos en casi todos los casos; sin las
medidas hubieran sido catastróficos. El banco de inversión Bear Stearns
es emblemático: sus accionistas se hundieron, pero la entidad quedó en
pie, apuntalada por un combinación oficial-privada que le inyecta
capital y previene el pánico. Otros bancos han tenido que buscar capital
fresco para recomponer sus balances, corregir en valor de sus
inversiones, abrir su base de capital y recortar dividendos ordinarios.

Un pánico bancario, que estuvo a punto de ocurrir, fue transformado en
un mini-evento, acompañado eso sí con señales fuertes hacia la adopción
de lineamientos que lleven a la recuperación sistémica, la cual ya está
en movimiento.

Estas medidas, con lo oportunas que pueden haber sido, sirven para
evitar males mayores, pero no reparan la crisis de los valores
inmobiliarios ni van a evitar ajustes a la baja en las ganancias de las
empresas ni una recesión, aunque sea moderada, en las cifras
previsibles. Muchos menos están diseñadas para prevenir un alza en la
inflación o corregir el déficit fiscal o revertir los saldos negativos
en la cuenta corriente. En gran medida, han sido de emergencia; es
decir, para atender lo inmediato, no para ocuparse de problemas más de
fondo, aunque puede afirmarse que apuntan en la dirección correcta.

Habrá que seguir con detalle el curso de la coyuntura en este y el
próximo trimestre para estar seguro de que los correctivos han sido
suficientes tanto para contener la crisis como para sentar nuevas bases
para la recuperación posterior.

Todavía está por recogerse el impacto de esta situación fuera de los
EE.UU.. Muchos analistas coinciden en que los bancos europeos están en
proceso de atravesar un saneamiento también severo, debido en parte a
las malas inversiones de sus bancos en los mismos valores depreciados
que desataron los problemas en el mercado americano. Allá está en
desarrollo una restricción del crédito del cual se tendrán más noticias
en el futuro cercano y el principio de un ciclo de baja en tasas de
interés clave que ayuden en la recuperación de algunos bancos
importantes. Es previsible, no obstante, que algunos países pequeños
acostumbrados al crédito externo fácil se verán obligados a ajustar el
cinturón y tomar medidas igualmente restrictivas. Todo ello conlleva una
onda de acomodo mundial, que reordenará el modelo globalizado al costo
de un más lento crecimiento o de una recesión contenida dentro de
parámetros controlables. Para ello funciona, aparte del mercado, el
sistema financiero mundial cuyas capacidades para detectar temprano los
problemas en evolución y las facilidades de cooperación entre países y
comunidades económicas están pasando por una prueba exigente, hasta
ahora de mejor manera que en ocasiones anteriores.

Esto quiere decir, hay que advertirlo, que las mejoras de bienestar
acumuladas en una década de dinamismo económico van a sufrir en el
futuro un reajuste que colocará de nuevo al capitalismo americano y al
sistema económico mundial en situación de «test». En lo adelante habrá
que observar cómo enfrentarán los organismos internacionales y los
países individuales y en grupo, la mayor inflación que se les viene
encima, la escasez de petróleo y los mayores precios de los alimentos.

Todo ello en un contexto mundial más exigente, en el cual los gobiernos
harán bien en prepararse para una época de vacas, si no flacas, sí más
difíciles de «coger a lazo».

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