Economía

Desespero fiscal y la banca como chivo expiatorio.

El mercado de dinero en Venezuela se ha venido reduciendo de forma sostenida, no sólo en términos reales, sino también como participación del nivel de la actividad económica nacional. De hecho el nivel de monetización de la economía venezolana no supera actualmente los treinta puntos.

Lo anterior pudiera estar determinando una estructura de ahorro, de magnitud de recursos financieros y estructuras de tasas de interés, con las distorsiones propias de la escasez, y que poco aporta al crecimiento de la economía nacional.

La escueta participación del sistema bancario nacional como fuente de financiamiento a la actividad económica, de ninguna manera puede, en principio, achacársele a los bancos, ya que la baja capacidad de ahorro, un alto porcentaje de población no bancarizada, aunado a un proceso de desahorro interno que determina un profundo proceso de desmonetización, imposibilita que desplieguen su rol protagónico.

Según estadísticas presentadas en el Informe sobre el Desa2 del Banco Mundial, el sistema bancario venezolano aporta vía crédito al producto interno bruto solamente 14,4%. Este porcentaje representa menos de la mitad del promedio de América Latina y el Caribe, región que ubica la relación crédito interno provista por la banca sobre el producto interno bruto en 37,6%.

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La cifra anterior se hace mucho más dramática si consideramos que el sistema financiero venezolano se caracteriza por ser un sistema financiero basado en banca, en contraposición al modelo basado en mercado. Lo anterior, significa que dado que el subsistema banca comercial y universal representa el principal canal de distribución de los recursos financieros, determinado primordialmente por la ausencia de un mercado de capitales profundo, por un sector seguro poco desarrollado y ante la dilatación oficial en la aprobación de un sistema de fondos de pensiones, inútilmente se haría culpable al sistema bancario nacional por su baja participación sobre el PIB.

Ahora bien si consideramos que la banca ha tenido que comprar títulos públicos (voluntaria o disuasivamente), y que este hecho reduce la capacidad de canalizar recursos hacia la actividad económica privada, la ya poca profundidad monetaria de la economía venezolana, se ve dramáticamente mermada.

El gráfico 1 muestra la crítica situación financiera que presenta la economía venezolana. Primero, una participación de la cartera de crédito sobre el PIB por debajo de los 15% para los últimos años, en un país con un sistema financiero basado en banca muestra la infertilidad financiera hacia la inversión y el crecimiento económico.

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La pretensión del gobierno en que la banca dedique sus fondos a la compra de títulos públicos de ninguna manera revierte la pobreza financiera de la nación, el gráfico 1 muestra que la suma de la cartera de créditos y la inversión en títulos sobre el PIB no ha superado el 20% en los últimos años.

Más aún el considerar liberar el encaje legal (según amenaza el ejecutivo), y suponer que no existiesen disponibilidades para así destinar la liberación de estos recursos hacia la compra de títulos públicos, de ninguna manera superará en total al 25% del PIB.

¿Cuál es la enseñanza de estas cifras? que lo que debe estudiarse y atacarse son los determinantes del bajo desempeño en el ahorro nacional y corregir las causas de la fuga de capitales que reducen el tamaño de nuestro mercado de dinero.

Los anuncios de la eventual creación de una Asociación de Ahorristas Bolivarianos, de la intención de modificación de la Ley del B.C.V., del retiro de ahorros de la banca privada, y la posibilidad de liberar encaje para la compra de títulos, son las peores contribuciones para fortalecer y profundizar al mercado de dinero nacional.

La lección de irresponsabilidad y voracidad fiscal la ha dado el gobierno, así como ha afianzado la elección de la devaluación como último recurso. Las señales negativas, la desconfianza y la actitud de incapacidad rectora la esta dando el gobierno y ante esta señal los venezolanos querrán resguardar lo que posean patrimonialmente. Parece sorprendente que el gobierno ante la desesperación fiscal ponga en peligro la estabilidad del sistema financiero y del sistema de pagos, sin duda es esta la desesperación que conduce a las pataleadas de ahogados. Estas lecciones las conocen los ministros de la economía, ellos son hombres de la academia, pero pereciera que se encuentran entrampados.

Liberación del encaje y la reforma de la ley del B.C.V:

Una de las situaciones más graves que se presenta en la actualidad la constituye la amenaza de vulnerar la autonomía del BCV bajo la excusa de que su política monetaria esta “atentando” o “compitiendo” con las necesidades fiscales de la actual gestión.

Si bien es cierto que la profundidad del mercado monetario venezolano es poca, una medida como la liberación del encaje legal y la naturaleza que la motiva, representa una amenaza al normal cumplimiento de la principal función del BCV. Un gasto fiscal ineficiente y unos gastos corrientes indiscriminados mientras la producción se reduce, sólo arrojaría un lamentable repunte inflacionario.

La necesidad de dinero de la economía venezolana no responde a una necesidad transaccional o de sistema de pagos, sino de mayores fuentes y recursos para la inversión. Lo anterior por otro lado, requiere de un clima de estabilidad fiscal y política que signifique un horizonte de estabilidad y franca recuperación del consumo, la demanda agregada interna, las inversiones, la producción y el empleo.

Retiro de fondos de la banca privada a la pública:

La amenaza de retiro de los depósitos públicos y de fondos “adeptos” al proceso de la banca privada, resulta inconveniente e inviable (racional y lógicamente hablando). Ningún banco estatal cuenta con una red de agencias, con capacidad de prestación de servicios financieros, de sistemas de pago y de colocación de fondos que haga operativamente viable tal idea. Sin embargo, el retiro puntual o selectivo en términos coercitivos si pudiera resultar altamente dañino, no sólo para el banco en particular, sino posiblemente para el sistema, en cuento tal medida sea percibida por los agentes como peligro de iliquidez de ciertas instituciones.

En este sentido el background que significó la crisis sistémica de 1994, sirve de camisa de fuerza para la toma de decisiones que puedan afectar la salud, solvencia o liquidez del sistema en su conjunto, más aun cuando Venezuela es un país que basa su sistema financiero sobre un sistema estrictamente bancario. Lo anterior termina imprimiendo alta peligrosidad a amenazas de esta índole ya que Venezuela no ha podido desarrollar sistemas o espacios alternativos de intermediación que disciplinen o suavicen el desempeño del sistema bancario nacional.

Generalmente este tipo de amenazas presenta un sesgo discriminatorio bajo el enfoque de too big to fault. Bajo este enfoque se plantea la invulnerabilidad de los bancos grandes ante estas medidas coercitivas, mientras que se desearía castigar a bancos pequeños o medianos que comprometiendo un menor porcentaje del sistema bancario, sirva de lección al resto del sistema. ¿Es esto lo que se persigue?

Economista. E-mail: (%=Link(«mailto:[email protected]»,»[email protected]»)%)

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