Economía

Dogma y pragmatismo: ¿Viendo pasar el tren?

Venezuela es uno de esos países que teniéndolo todo para alcanzar el desarrollo y altos niveles de bienestar colectivo, hemos decidido hacernos el camino más tortuoso, lleno de obstáculos, de avances y retrocesos.

Como si fuera poco, me refiero a los desaciertos que en la conducción de la economía se tuvieron bajo la denominada IV Republica, ahora nos hemos embarcado en “un proceso revolucionario” que hemos denominado Socialismo del Siglo XXI, sin saber a ciencia cierta “como se come eso”, sin saber en qué realmente consiste, en dos palabras, el típico “ensayo y error” que no nos deja avanzar sobre pasos firmes.

Estamos llenos de excelentes diagnósticos, buenas intenciones y objetivos, pero hemos sido incapaces de hilvanar políticas y acciones de largo plazo que nos permitan acertar en las soluciones que necesitamos como país y como sociedad. Somos de esos países que siempre llegan tarde a la cita, a los problemas, dado el músculo financiero que nos genera la renta petrolera; de igual manera, nos cuesta adoptar las medidas necesarias por aquello del “costo político de las decisiones”. Llegamos tarde a la solución de la crisis de la deuda externa experimentada a nivel latinoamericano en los años ochenta; llegamos tarde a la solución de las crisis de balanza de pagos y al apoyo multilateral de los ochenta y noventa; llegamos tarde a la solución de las crisis bancarias de los noventa; llegamos tarde a la recuperación de las economías en desarrollo; … y ahora, por dogmáticos, llegamos a la implantación de un régimen socialista/comunista sin tener claro cómo hacerlo. ¡Eso sí, de que llegamos, llegamos!, … tarde pero seguro, … para nuestra desgracia. Mientras tanto, “vemos pasar el tren” que nos conduzca al verdadero bienestar.

Hemos sido populistas antes que pragmáticos. Es cierto que somos una sociedad muy desigual, con grandes diferencias de ingresos, pero hemos sido incapaces de diseñar una política sólida, consistente y perdurable para sostener nuestro crecimiento económico y salir de la pobreza en que vive una buena parte de la población, sin que dañemos a “la gallinita de los huevos de oro”; me refiero a la economía. No es posible seguir insistiendo en una política que destruya el aparato productivo privado o se le  reconvierta en visiones socialistas de producción a costa de supuestos y volátiles beneficios sociales, poco perdurables, y que a la vez desestimulan la inversión y la propia producción interna, ya que estamos destruyendo la fuente de riqueza que da posibilidades de empleo productivo, de obtención de sueldos y salarios remuneradores de nuestro esfuerzo, en fin, de la capacidad de consumo que lleva a incrementar el bienestar.

Es cierto que no necesitamos aplicar un sistema capitalista puro, explotador de los trabajadores, cosa que creo difícilmente ocurriría en pleno siglo XXI y en la Venezuela de hoy en particular, por la conciencia adquirida por nuestros trabajadores y sus gremios, sin generar antes fuertes reacciones en contra del sistema por parte de la masa trabajadora. Necesitamos de un sistema mixto que a la par de reconocer a la empresa privada en su importante papel, también mantenga un elevado sentido social de solidaridad y responsabilidad, de manera tal de crear ciudadanos y consumidores acordes a los tiempos que vivimos. Las posibilidades de desarrollar ciudadanos concientes y bien educados para su rol en sociedad debe ser la prioridad; ello garantizaría su independencia de los patrones privados, pero también del patrono-gobierno. Solo así podremos enrumbarnos por una senda de progreso sostenida, sostenida con una buena base económica diversificada y no dependiente solo del sector petrolero; pero sostenida también bajo un régimen democrático que garantice la libertad de la vida política, social y económica de sus ciudadanos, de lo contrario, cualquier otro intento podrá tener resultados positivos pero solo en el corto plazo, pues no será viable en el mediano y largo plazo.

Traducido en otros términos, requerimos de una política pública, y económica en particular, de altura, con alta responsabilidad social. Pero también demandamos políticos de altura que entiendan los  problemas y actúen acertadamente en consecuencia. Evitar la compra de conciencias ciudadanas y la aplicación de políticas del clientelismo político debe estar entre las primeras decisiones/acciones a tomar. No hacerlo haría un daño tremendo a la vida en sociedad.    

La población mas necesitada no puede seguir esperando, basada en un dogma de fe, los resultados prometidos por el proceso revolucionario que adelanta el Gobierno venezolano, pues ésta seguramente “verá pasar el tren sin poderlo abordar”; “el proceso” esta siendo muy oneroso para el Estado y la sociedad. ¡No mas dogmas, debemos ser mas pragmáticos! … Hoy día estamos presenciando la reaparición de la desesperanza en torno a las promesas, aunque es justo reconocer que no existen milagros o soluciones mágicas a los problemas que tenemos. No sé cuantos estarían dispuestos realmente a sacrificarse hoy día por una propuesta u oferta de transformación estructural en lo económico y social que no les arroje resultados/beneficios palpables a su generación en el corto plazo. Políticas pragmáticas ayudarían mas rápidamente al desarrollo y al bienestar general del país, solo si se tiene y mantiene una política de mediano y largo alcance. Hay caminos menos tortuosos y con menos obstáculos, no sigamos viendo pasar el tren.

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