Economía

¿Dónde están los reales II?

¿Dónde está la inmensa cantidad de dólares que el gobierno está obteniendo como consecuencia de la venta de petróleo a los extraordinarios precios que prevalecen en el mercado internacional? La respuesta es relativamente sencilla de explicar y extraordinariamente difícil de tragar: Entre Enero y Junio de este año ingresaron al país 8.1 millardos de dólares por concepto de exportaciones petroleras, y durante ese mismo período la fuga de capitales alcanzó 4.3 millardos de dólares. En otras palabras: más del 50% del ingreso petrolero del primer semestre del año ha servido para financiar la acumulación de activos en dólares en el exterior por parte del sector privado, equivalente a 8% del PIB.

Este fenómeno no es nuevo dentro del escenario político-económico venezolano: Ya durante la desastrosa gestión de Luis Herrera Campins (1978-1983), y en medio del boom petrolero más grande que hasta entonces había disfrutado administración alguna, salieron del país un total de 29.8 millardos de dólares, un monto que en ese momento equivalía al total de la deuda externa venezolana. Las condiciones que prevalecían entonces eran muy parecidas a las de ahora: a) Una tasa de cambio abiertamente sobrevalorada, b) Un ambiente de libre convertibilidad de capitales, y c) Una economía en recesión. Al igual que hoy en día la inflación había permanecido en niveles relativamente bajos, con los bolívares excedentarios de la economía venezolana encontrando cauce fácil al exterior. Agréguense ahora como agravantes: d) La inmensa desconfianza que inspira dentro de los inversionistas privados (nacionales y extranjeros) un gobierno de corte militar que no hace ningún alarde de coherencia ni sentido económico, y e) Un ambiente internacional muchísimo más integrado en donde la información fluye casi con inmediatez y la tecnología permite movilizar el capital con relativa facilidad.

Este último factor es quizás hoy en día más importante que cualquiera de los otros cuatro: La democratización de la información, del capital y de la tecnología pone a Venezuela en medio del contexto internacional por más esfuerzos que haga Chávez por aislarse de Estados Unidos, mientras se agrupa con los grandes parias de la escena internacional, y despotrica en contra de las agencias internacionales calificadoras de riesgo. Es a ese contexto internacional al que Venezuela y Chávez pertenecen irremediablemente, y es allí en donde se decide todos los días cómo queda Venezuela en medio dentro de las preferencias de un conjunto de inversionistas con fondos escasos y oportunidades prácticamente ilimitadas para invertir en cualquier lugar del mundo.

Es curioso que el gobierno no haya reparado en el hecho de que el fenómeno de la fuga de capitales tiene graves consecuencias redistributivas. En términos sencillos PDVSA vende petróleo, cambia los dólares por bolívares en el Banco Central de Venezuela (BCV), y paga los bolívares como impuesto al gobierno. El gobierno guarda parte de lo que recibe en el Fondo de Estabilización, y como la otra parte que le queda no es suficiente para financiar el gasto público, cobra impuestos, y además se endeuda. El gasto público sale a la calle pero como la cantidad de bienes y servicios producidos no ha variado, el dólar está barato, y no hay restricciones para adquirirlo (además de que “uno nunca sabe qué puede pasar aquí”); los agentes privados deciden comprar dólares y depositarlos en el exterior. Al final de este proceso lo que nos queda es un gobierno que cobra impuestos a sus contribuyentes y se endeuda para pagar el servicio de la deuda a bancos en el exterior, que utilizan parte de esos fondos para pagarle intereses a los venezolanos que tienen cuentas en dólares en el exterior.

De lo anterior se debe llegar a que es necesario reconocer que Venezuela se encuentra inmersa dentro del contexto mundial y es necesario crear medidas que generen confianza dentro de la comunidad financiera internacional; además de dedicarle tiempo y esfuerzo a pensar en un sistema que ayude a corregir en forma gradual la sobrevaloración cambiaria y a estimular la producción. No se debe concluir de esta lectura que es necesario implementar controles o restricciones sobre la adquisición de divisas, o aún el lamentable sistema de tipos de cambio preferenciales. Ya repetimos a Herrera, no volvamos también a Lusinchi .

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