Economía

La teoría de las expectativas racionales y Felipe Pérez Martí

Contrariamente a la creencia generalizada, (%=Link(«http://cepa.newschool.edu/het/profiles/lucas.htm»,»Robert Lucas»)%) , premio Nobel de Economía 1995, no inventó la teoría de las expectativas racionales pero sí ha sido indudablemente su principal defensor y divulgador. Según Lucas, por ser las expectativas de los agentes económicos «racionales», la producción física y el empleo no son alterados por las políticas fiscales y monetarias sino por un tiempo muy breve. Debido a ello, la «nueva» macroeconomía clásica, basada en el concepto de las expectativas racionales, se opone irreconciliablemente a la economía Keynesiana.

La paternidad de la teoría en cuestión se le atribuye a J.F. Muth, quien la publicó, por primera vez, en julio de 1961 en Econometrica, en forma de artículo sobre mercado de bienes y de productos financieros titulado Expectativas Racionales y la Teoría de los Movimientos de Precio. Muth se propuso entonces la tarea de explicar la razón por la cual ninguna regla, fórmula o modelo ha logrado jamás tener éxito, de manera consistente, en predecir precios en los mercados especulativos. Su respuesta consistió en tratar de demostrar que toda la información disponible en el mercado se encuentra ya incorporada en las decisiones tomadas por los especuladores, cuyas expectativas son «racionales» en ese preciso sentido.

A comienzos de los setenta, las políticas monetarias y fiscales, de inspiración Keynesiana, resultaron ser relativamente ineficaces para resolver los problemas macroeconómicos de los Estados Unidos. Fue entonces cuando varios economistas, entre los cuales figuraban Lucas y T.J. Sargent, llegaron a las mismas conclusiones que había formulado Muth, una década antes, para explicar el comportamiento impredecible de los mercados accionarios. El habría constatado que los agentes económicos no se conforman con adecuar su comportamiento a las diferencias observadas entre los resultados de los eventos realmente ocurridos y los esperados, lo cual implica un estado de decepción permanente durante los períodos de inflación creciente. Por el contrario, ellos se conciben como seres que basan sus expectativas en las mismas informaciones que se encuentran disponibles a las autoridades que diseñan las políticas económicas.

De lo anterior resulta que una política fiscal expansiva o una política tendente a aumentar la masa monetaria, diseñada para reducir el desempleo, es percibida por los agentes económicos como una estrategia conducente a aumentar los precios de los bienes y servicios. En consecuencia, los gastos del sector privado sufren una aceleración inmediata, lo cual resulta en una inflación instantánea que neutraliza parcial o totalmente cualquier intento de variación en las variables reales de producción y empleo. Este proceso, expresado en términos de la (%=Link(«http://www.eumed.net/cursecon/14/14-3.htm»,»Curva de Phillips»)%) , se define como la ausencia de «arbitraje» o relación entre desempleo e inflación, incluso a corto plazo. Milton Friedman, por su parte, sostiene que un gobierno puede causar desviaciones significativas de la «tasa natural de desempleo» sólo a través de acciones sorpresivas, totalmente inesperadas por los agentes económicos. No obstante, según Lucas, éstos aprenden a través de la experiencia y, por tanto, esa estrategia no rendirá los frutos esperados más allá de una o dos tentativas. En efecto, antes de lo esperado, los agentes económicos aprenderán a anticiparse a cualquier política instrumentada sistemáticamente por el gobierno. Entonces, la tasa de desempleo no se desviará más, excepto por un tiempo muy reducido, de su «tasa natural».

El trabajo empírico, realizado para soportar esta conclusión, propia de la «nueva» macroeconomía clásica y que determina la neutralidad de esa política ante los fines propuestos, es muy técnica. Ella no se basa en la medición directa de las expectativas sino en la manipulación de modelos econométricos estimados, en los cuales las variables empleadas, para expresar las expectativas de los agentes económicos, son reemplazadas por valores medidos con anterioridad, correspondientes a variables directamente observables. En consecuencia, es evidente que la fiabilidad de esos modelos depende mucho de la precisión con la cual éstos han sido estructurados. A lo anterior, se podría añadir que la teoría de expectativas racionales parecería ser excesivamente ambiciosa en sus pretensiones demostrativas, lo cual se evidencia por el hecho que, siempre que no entren en juego elementos o consideraciones muy particulares, esta teoría lograría incluso desvirtuar el fenómeno relacionado con los ciclos económicos o «business cycles».

Por los motivos antes expuestos, a esta teoría no le han faltado críticos. Entre ellos encontramos a los que están también en desacuerdo con las políticas macroeconómicas de inspiración Keynesiana y neo-Keynesiana. La oposición más común consiste en rechazar que la conclusión relacionada con la neutralidad de la política fiscal o monetaria expansiva, en lo que se refiere a su capacidad de influir en la producción y en el empleo en forma estable, está fundada no tanto en la idea de las expectativas racionales de los agentes económicos, sino más bien en la reacción instantánea de los mercados. Este último constituye, en efecto, el verdadero elemento subyacente a los argumentos esgrimidos por la Escuela de Expectativas Racionales. No obstante, justo es reconocer que la Nueva Macroeconomía Clásica continúa encontrándose, aunque cada vez menos, al centro de todos los nuevos desarrollos del pensamiento macroeconómico. Ella cuenta con un número considerable de seguidores, entre los cuales figuran mayormente los jóvenes economistas conservadores de los Estados Unidos. En esta corriente se inscribe aparentemente, paradójicamente o, tal vez, sin ni siquiera saberlo, por su confuso doble discurso, el permanente y evidentemente muy confundido Felipe Pérez Martí.

(*): Ingeniero Químico – University of Oklahoma, 1958 . Dr. En Ciencias Económicas-Université Paris IX-Dauphine. Investigador Asociado al EURISCO y a la Escuela Doctoral (EDOCIF) de la Universidad de Paris IX-Dauphine.

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