Economía

Solución a la crisis económica griega fue política

De los políticos se espera que hagan política, así sean economistas, ingenieros o médicos por sus estudios, el que asume la carrera de ser hombre de Estado debe concentrarse en eso, ser un político y hombre de Estado.

El reciente acuerdo de asistencia financiera, alcanzado con los jefes de gobierno y de Estado de la Eurozona por el primer ministro griego, Alexis Tsipras, debe ser analizado más desde el punto político, que desde el económico.

Esto no solo por el carácter de la negociación que precedió el acuerdo con los demás países europeos, sino por la relación de Tsipras con sus electores en Grecia.

Fueron, y seguirán siendo por largo tiempo, negociaciones a dos niveles con personas totalmente distintas, con intereses distintos y objetivos, en ocasiones, hasta contrapuestos.

El análisis económico de la operación, fue suficientemente discutido antes de alcanzarse el acuerdo. Se pudiera decir que consistió en un “regateo” de condiciones.

La Eurozona pedía más, los griegos ofrecían menos, y cada día, como en una obra de teatro clásico, gritaba cada tanto, haciéndose acompañar por un corifeo de voces que acusaban y denunciaban a la canciller alemana Ángela Merkel, como cabeza del grupo.

Vale mencionar, que este método o modalidad de negociación, más que griega, es lo que los europeos llaman “levantina”. Por ocurrir al fondo del Mediterráneo, entre los originarios del llamado Levante: turcos, libaneses, sirios, egipcios, griegos , árabes y, por salpicadura, las regiones al sur de Europa bañadas por el mar Mediterráneo.

La jugada de Tsipras

Alexis Tsipras, izquierdista radical, anti globalización y con un pasado de militancia comunista, llegó tardíamente a la crisis de la deuda griega. Asumió como primer ministro, luego de las elecciones generales del 26 de enero pasado.

Su discurso, para hacerse con los votos necesarios para obtener la mayoría parlamentaria requerida, fue tradicionalmente de izquierda y populista.

Al arrancar su gobierno, ratificó su oposición a las medidas de austeridad aplicadas por los gobiernos anteriores, a partir del estallido de la crisis económica que comenzó a afectar a Grecia desde finales del 2009.
Mostrando su perfil pragmático, formó mayoría parlamentaria con el partido Anel, de derecha conservadora y nacionalista, otorgándole a su líder, Panos Kamenos, la cartera de Defensa.

Marcando terreno

En el primer Consejo de Ministros, Tsipras actuó en consecuencia con su oferta electoral. Sometió a la aprobación del parlamento, una serie de medidas con las que definió el curso del gobierno: paralización de las privatizaciones, eliminación del copago, sanidad universal, ayudas de urgencia para los griegos más pobres, reingreso de funcionarios en sus puestos y pago extraordinario a las pensiones mínimas.

Luego de “marcar terreno”, el flamante primer ministro asumió de inmediato la negociación con la Eurozona, y la Troika con la que, el gobierno anterior, había negociado hasta el momento la asistencia financiera.

Desde febrero hasta mediados de junio, la discusión con Europa no transitó por buenos caminos. Al punto que las principales casas de apuestas del Reino Unido, daban chance a una salida de Grecia de la Eurozona, y hasta de la Unión Europea. Lo que los medios comenzaron a denominar el “Grexit”.

Se rompieron las relaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), uno de los integrantes de la troika. Si hubieran podido hacerlo, los negociadores europeos hubieran vetado al “duro” ministro de Finanzas, Yanis Varufakis.

Jugada riesgosa

Trancado el juego con los socios de la Eurozona, por condiciones que Grecia consideró extremas, Tsipras realizó una jugada riesgosa. Convocó a fínales de junio un referéndum para el 5 de julio, donde los griegos debieron votar sí o no, aceptaban las condiciones impuestas por Europa.

Ante una posible estampida, al inicio de la semana crucial, impuso un cierre de la banca. Los griegos solo podían retira hasta 60 euros, vía los cajeros automáticos.
Por su parte, los jefes de gobierno no sólo endurecieron su posición, sino que dejaron en claro que estaban preparados para una salida de Grecia de la Eurozona.

Esta posición, que encabezó la Merkel y, que explicó no muy detalladamente el italiano Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), presagiaba que preferían utilizar las reservas de euros para apuntalar a los países dentro de la Eurozona, ante una eventualidad como hubiera sido la salida de Grecia. No habría rescate.

El cierre bancario impulsó en las encuestas que los resultados de la consulta serían muy cerrados. El gobierno griego invitaba al No, la dirigencia europea invitaba al Sí. Lo que lanzó la falsa idea, que un triunfo del No significaría la salida de Grecia.

El 5 de julio, y desde un primer momento, se vio que ganaría el No. Votaron el 62% de los electores habilitados para votar. El No obtuvo el 61% de los votos y el Sí el 38%.

Tsipras cambia de discurso

A las primeras de cambio, la interpretación de los resultados causó pánico en Europa. Al punto que el FMI, que está obligado a actuar, ofreció asistencia inmediata a Grecia.

Con un poder relegitimado, Alexis Tsipras avanzó en lo que parece ser una estrategia definida con anterioridad. Aceptó la dimisión del ministro de Finanzas Varufakis, sustituyéndolo por Euclides Tsakalotos. Un economista con una mejor relación con los representantes de la troika.

Vale la pena mencionar, que tanto Varufakis como Tsakalotos son egresados como economistas de las prestigiosas universidades británicas de Essex y Brimingham, y de Sussex y Oxford, respectivamente.

Entre el 5 de julio y el domingo 12 de julio, con los bancos cerrados, Tsipras actuó con gran velocidad en las negociaciones.

Para sorpresa de los líderes europeos y de los propios griegos, Tsipras se presentó en Bruselas con una propuesta que no sólo satisfacía las exigencias anteriores, sino que inclusive fue más allá.

El acuerdo, en una reunión que se prologó el 12 julio hasta más allá de las 12 de la noche, fue finalmente alcanzado. Faltaron unos detalles que los ministros de finanzas definirían en el trascurso de la semana.

Alexis Tsipras sometió el acuerdo al parlamento griego, logrando su aprobación por amplia mayoría el miércoles 15 de julio. 229 diputados votaron a favor, frente a 64 que lo hicieron en contra, y 6 abstenciones.

A las afueras del parlamento griego, se suscitaron algunos hechos violentos en rechazo a las medidas de austeridad a las que obliga el acuerdo. Un ambiente que los partidos de izquierda conocen, cuando son oposición y cuando son gobierno. Aunque no se puede decir que se sientan cómodos en ese ambiente, los políticos de izquierda saben convivir con ellos.

En cuanto a las deserciones en la bancada oficialista, será un reto que Tsipras deberá enfrentar.

Llega la ayuda

El viernes pasado, los países de la UE aprobaron un crédito puente de 7 mil 160 millones de euros para Grecia. Lo que permitió la reapertura del sistema bancario griego a partir del 20 de julio.

“Tenemos un acuerdo sobre la financiación puente para Grecia basado en un préstamo del Mecanismo Europeo de Estabilización Financiera (MEEF), un acuerdo que ha sido respaldado por los 28 Estados miembro de la Unión y que evita que Grecia llegue a una suspensión de pagos inmediata”, anunció Valdis Dombrovskis, vicepresidente de la Comisión Europea para el euro.

Dombrovski explicó, que el préstamo del MEEF, fue un mecanismo utilizado en los rescates de Portugal e Irlanda, y cuenta con dos garantías para el caso de que Grecia no devuelva el dinero.

Con estos fondos, Grecia hará frente a los compromisos con los acreedores, mientras negocia con la Eurozona un tercer rescate financiero.

El futuro

Por el momento, Alexis Tsipras logró sortear un difícil y complicado escollo. Su desempeño, desde finales de enero, demuestra que si bien la crisis de los países puede ser económico, la solución pasa por decisiones políticas, previas a las económicas.

Sin embargo, Tsipras encara desde ahora nuevos retos. Para cumplir con las metas que fija el acuerdo con la Eurozona, deberá darle un vuelco a la economía griega.
Para ello, deberá de cambiar en gran medida esa vida mediterránea a la que la población griega está acostumbrada.

Los viejos y los nuevos créditos, deberán de ser pagados con un aumento de la producción de bienes y servicios. Eso implica trabajar más para los trabajadores griegos, y ser más eficientes y productivos.

Solo si la producción aumenta, y Grecia honra sus pagos, los griegos empezarán a percibir que las acciones emprendidas por el gobierno fueron las adecuadas.

Entonces, y solo entonces, Tsipras podrá ocupar un puesto entre los grandes líderes europeos. Mientras tanto, la tarea será ardua y con grandes obstáculos que deberán ser salvados en el camino, y que siempre tendrán a tiro la estabilidad de su gobierno.

Fuente: EFE

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