Economía

Un 19 de abril para el BCV

Una gran cantidad de economistas y analistas han levantado sus voces en señal de protesta en estos últimos meses para alertar sobre la frágil situación financiera (se habla de casi USD 15.000 millones de deuda con bancos nacionales) por la que supuestamente estaría atravesando nuestro principal instituto emisor, el Banco Central de Venezuela.

Para nadie en un secreto que la independencia del banco central es un requisito muy importante para que un país pueda obtener un comportamiento económico funcional para alcanzar elevados niveles de desarrollo y de progreso. Recordemos que las atribuciones clásicas de un banco central son velar por la estabilidad de la moneda y vigilar el normal funcionamiento del mercado monetario. Todavía queda el mal recuerdo en muchos países latinoamericanos y también del resto del mundo, los episodios hiperinflacionarios en donde la carencia de un banco central independiente fue una de sus principales causas. La experiencia mundial indica (y sobretodo en nuestra región), que en los países que han experimentado las consecuencias del populismo, los bancos centrales cuentan con una precaria independencia, la cual está constantemente amenazada por los intereses políticos y los gobiernos que exigen, dentro de supuestos planes de ayuda a los más necesitados, recursos abundantes para financiar sus actividades, que a la larga atentan contra el nivel de vida de sus habitantes al crear las bases para la posterior aparición de desequilibrios, y por lo tanto problemas.

A pesar de las críticas del Premio Nóbel Joseph Stiglitz a las políticas monetarias de los bancos centrales independientes (críticas que se basan en que esas políticas se hacen a espaldas de los oficiales elegidos por el pueblo), es indudable que existe consenso en la gran mayoría de los círculos académicos en el mundo, en torno a que un banco central independiente se encuentra alejado de tentaciones políticas de corto plazo y centrará su atención en reducir la inflación en el mediano y largo plazo. Además colaborará con un buen manejo monetario, en el equilibrio de las cuentas fiscales y en el comportamiento del régimen cambiario adoptado. Cuando un banco central actúa reduciendo la inflación y ayudando a generar empleos, la sociedad en general lo agradece, y la crítica de Stiglitz pierde fuerza.

Es importante comprender que para que las decisiones del banco central no se encuentren alejadas de la dirección de la política económica del gobierno de turno, debe haber sincronización entre ambas partes, teniendo presente que las metas trazadas por ambos deben ir encaminadas a generarle la mayor cantidad de bienestar posible a la población, sin favorecer determinados grupos económicos.

A finales de enero de este año, se produjo la despedida del hasta ese momento jefe del banco central del imperio, Sr. Alan Greenspan y en su discurso final dijo algo que convendría tomar en cuenta: «Nosotros somos los responsables del dinero de esta nación y, por lo tanto, el Banco Central está muy relacionado con la vida cotidiana de todos los ciudadanos de este país. Somos los protectores del poder adquisitivo de la gente”. El mensaje es claro: su compromiso es con el tan querido y nombrado PUEBLO, no con los políticos y los gobernantes.

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